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¿Conoces la ciencia de datos? De cómo la tecnología nos conoce mejor de lo que creemos

Por Ismael Alavez Torres

Mayo 13, 2021 03:00 a.m.

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La ciencia de datos es un tópico que está de moda últimamente. Se dice que es una de “las carreras del futuro” y con “mayor demanda”. Pero, ¿Sabemos realmente qué es? Según portales como Oracle, esta definición combina múltiples campos como la estadística, métodos científicos, análisis de datos, entre otras, que se usan para analizar datos recopilados en la web, a través de smartphones, sensores, y múltiples fuentes más.

La cantidad de datos que generamos ha crecido exponencialmente en los últimos años. Por ejemplo, se sabe que sólo los usuarios de Facebook suben un promedio de 10 millones de fotos por hora. Pero los datos en sí no significan nada. Hay que saber analizarlos e interpretarlos, lo que saca a relucir tendencias, generando información útil para la mejor toma de decisiones.

En este sentido, los sistemas de aprendizaje automático (o machine learning, en inglés) son los encargados de aprender de esta vasta cantidad de datos, para después tomar decisiones. Un claro ejemplo es el algoritmo que utiliza Netflix. Esta plataforma recoge y analiza los datos de consumo de entretenimiento de sus usuarios: qué buscan, cómo etiquetan cada contenido, cuándo lo consumen y cómo lo consumen. Esto ayuda, entre otras cosas, a la hipersegmentación de su vasta cartera de clientes (cosa difícil de hacer, ya que cuenta con más de 208 millones de suscriptores en todo el mundo), lo que permite otorgar recomendaciones individualizadas con contenido afín a sus gustos y preferencias. Respecto a esto, recientemente acaba de habilitar una nueva función, la reproducción aleatoria. La idea es que el usuario pase más tiempo viendo contenidos, que buscando qué ver dentro de la plataforma. Esto es muy importante para el gigante del entretenimiento, ya que si el usuario percibe que paga más por lo que realmente mira, se puede llegar a plantear la posibilidad de dar de baja su suscripción.

El ejemplo de Netflix aún da para más, dado que no sólo monitorean y reaccionan a las preferencias de sus usuarios, sino que además son capaces de crear contenido, prácticamente a prueba de fracasos. Es decir, cuando un canal de televisión lanza una nueva serie, éste cuenta con solo un 35% de posibilidades de triunfar y mantenerse; sin embargo, cuando lo hace Netflix, sus posibilidades ascienden a casi el 70%. Además, usa el mismo poder de la ciencia de datos para garantizar que sus series sean un éxito, a través de una estrategia de promoción basada en datos: realizan diferentes versiones de los adelantos, dirigidos a diferentes audiencias.

Como ya estarán intuyendo los lectores, Netflix no es el único en usar este tipo de análisis de datos. Compañías como Facebook, Spotify, YouTube, pero quizá no se esperaría que esta forma de analizar la información ya está siendo usada en muchos más campos, como el comercio minorista, o retail.  Para hacer este tipo de análisis, se toma en cuenta el tráfico con el que cuenta una tienda, el ratio de atracción, y hasta la trayectoria que sigue una persona al pasar por los pasillos, cuánto tiempo tarda en la tienda, qué edad, sexo, complexión, compañía o vestimenta tiene. Incluso, algunas compañías ya han empezado a monitorear la dirección de la mirada de los compradores, para ver qué atrae más su atención. 

Sólo hay que echar a volar la imaginación, y veremos que todo puede ser (o ya lo es) analizado a través de la ciencia de datos. Además, a todo lo ya visto se une un concepto muy importante: el internet de las cosas (Iot, internet of things, por sus siglas en inglés). En este mundo futurista que ya nos ha alcanzado, todo lo que está a nuestra disposición está interconectado: el teléfono inteligente, el refrigerador, la tostadora, nuestro coche, nuestra casa, hasta nuestra vestimenta. Este tipo de tecnología ya no está reservado sólo para el uso de industrias multinacionales, que necesitan monitorear sus procesos de extracción, transporte, entrega, suministro.

Todo esto suena muy bien, interesante y lleno de expectativas, pero también nos vuelve, en cierto sentido, más vulnerables. Poco a poco, nos hemos vuelto más dependientes de la tecnología, y más expuestos no solo hacia las grandes empresas, sino a posibles hackers que puedan controlar nuestros vehículos, cámaras o sistemas de seguridad, posiblemente no con las mejores intenciones. Es necesario ser cautelosos con el uso que le damos a esta tecnología, pero sin dejar de ser conscientes de que este cambio ya está aquí, y de que convivimos con él día a día.