Conservadores de hoy
Fiel a un modo específico de actuar y, en la medida que no avanza en el ánimo ciudadano la candidata X de la coalición opositora, se recrudece la ofensiva de diversos sectores de la derecha, tanto doméstica como del exterior, en contra del actual gobierno mexicano. No es de sorprender que así sea ese actuar, lo que llama la atención es la ligereza para plantear las cosas. El caso de la denostación de un diario estadounidense contra el presidente AMLO ha sido bien desmenuzado -y desfondado como “newsfare”- por el periodista Jorge Zepeda Patterson; de igual manera, con la agudeza que lo caracteriza, el historiador Lorenzo Meyer ha puesto los puntos sobre las íes, al traer a cuento la forma en que el pensamiento conservador termina por mirarse a sí mismo en el espejo, reconociendo que su “leit motiv” es frenar los procesos históricos como sea posible hacerlo, citando una declaración reciente de William Bucley, fundador de la derechista revista “National Review”, en los siguientes términos: “un conservador es alguien que se atraviesa frente a la historia y le grita ‘detente’” (El Universal, 25 de febrero de 2024).
Pero, como advirtiera Salvador Allende, el heroico presidente chileno, los procesos históricos “no se detienen ni con el crimen ni con la fuerza porque la historia es nuestra y la hacen los pueblos”. Y, en efecto, como señala Meyer, cuando la derecha quiere hacerse pasar como un “pueblo que se activa para salir a las calles”, como dicen que ocurrió con su marcha del 18 de febrero, queda expuesta la contradicción histórica en que termina incurriendo, ya que no puede haber, como pretenden, parangón alguno con marchas populares como las del 68 y otras en las que diversos sectores, que no se reducían a la clase media, salían a protestar en un contexto de riesgo de represión por el autoritarismo que caracterizaba al antiguo régimen político. Esta es una muestra de cómo el pensamiento conservador y de derecha se dispara a sí mismo en el pie, cuando busca hablar de autoritarismo con desvirtuado sentido lógico y desmemoriado sentido histórico, amén de falta de principios éticos. Cualquier análisis concreto de la situación concreta, diría un clásico, tiene que distinguir el sentido lógico y el sentido histórico de las cosas, así como de forma y contenido, por lo menos.
En fin, esos conservadores de “hoy, hoy, hoy”, parafraseando a Fox, son “más papistas que el Papa” y, más bien, son harto reaccionarios, como el propio señor de las víboras prietas y tepocatas que, de plano, como dice la canción, nomás anda “anda arrastrando la cobija y ensuciando el apellido”, esto es, avergonzando a los panistas de cepa que, seguramente, añoran los tiempos idos de un doctrinarismo que, con todo y lo abstracto, dotaba de señas firmes de identidad a sus cuadros. En la historia mexicana, sobretodo en el siglo XIX, cuando la disputa nacional tuvo una fuerte carga ideológica, se tuvo el caso de pensadores conservadores que asumieron comportamientos moderados; pero esa es otra historia. Lo que interesa destacar es el grado de descomposición al que ha llegado la derecha conservadora hoy en día para tratar de detener los procesos históricos, desvirtuando el sentido de las cosas de la cosa pública y, como sugiere Lorenzo Meyer en el artículo citado, más que gritos y sombrerazos, lo que urge muestren para, siquiera “tapar el ojo al macho”, es una propuesta de nación que llame la atención de sus propios correligionarios.
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