Crisis democrática
Por todas partes se asoman elementos que señalan la existencia de un fenómeno que comienza a replicarse en distintas partes del mundo: ¿será que estamos presenciando el comienzo del ocaso de las democracias representativas tradicionales y de la evolución -quizás siniestra- del poder político y de las formas de gobernabilidad?.
Seguramente se ha enterado de la crisis política en la que se encuentran Francia y Corea del Sur. Le cuento los antecedentes de forma muy breve. La crisis política en Francia tiene su origen en las elecciones legislativas de este año que dejaron un Parlamento profundamente fragmentado. Ninguna coalición obtuvo la mayoría absoluta, lo que complica la toma de acuerdos -en un sistema semipresidencialista- y, por tanto, la gobernabilidad de ese país. El partido Renacimiento (del presidente Emmanuel Macron), quedó lejos de consolidar una mayoría; mientras que la izquierda (agrupada en el Nuevo Frente Popular), y la extrema derecha (representada por la Agrupación Nacional), emergieron como bloques fuertes. En este contexto, el primer ministro Michel Barnier (que lo nombra el presidente, pero es responsable ante el Parlamento) impulsó los presupuestos generales de 2025 mediante el un polémico artículo de la Constitución que permite adoptar leyes sin votación parlamentaria. Aunque legal, esta decisión fue percibida como una afrenta a la democracia, lo que llevó a una moción de censura que derrocó al gobierno del Primer Ministro y desató una ola de incertidumbre que tiene al país en una situación muy compleja.
En Corea del Sur, el gobierno del presidente Yoon Suk-yeol venía enfrentando crecientes tensiones con el Parlamento, dominado por el opositor Partido Demócrata. Las acusaciones de corrupción y una creciente polarización política han erosionado la confianza en el Ejecutivo. La situación se agravó cuando Yoon intentó imponer la ley marcial el 3 de diciembre de 2024, alegando amenazas de seguridad y acusando a la oposición de colaborar con Corea del Norte (las conspiraciones siempre necesitan un villano). Esta medida, percibida como un intento autoritario de conservar el poder, fue rechazada de inmediato por la Asamblea Nacional y provocó protestas masivas en todo el país. La rápida anulación de la ley marcial no ha logrado calmar las tensiones, y la oposición presentó una moción de censura que podría derivar en la destitución del Presidente.
Déjeme referirme a estos casos con una pregunta incómoda: ¿están las democracias diseñadas para operar en contextos donde ningún actor tiene una mayoría sólida? Es posible que más que una crisis de gobernabilidad, el caso francés se trate de una crisis de diseño institucional en donde no hay reglas del juego capaces de evitar que los espacios deliberativos se conviertan en espacios de inmovilismo. ¿Y qué pasaría en el sentido contrario? ¿el sistema democrático está diseñado para funcionar en un contexto donde un actor tiene una mayoría incontestable?. ¿Puede ver el problema?.
Un problema que me preocupa tiene que ver con la notoria diferencia entre legalidad y legitimidad de los actos de autoridad. En Francia, el artículo 49.3 de la Constitución permitió aprobar presupuestos son un voto parlamentario. Es una acción legal pero antidemocrática. En Corea del Sur, el presidente Yoon impulsó y justificó una ley marcial (que es su facultad legal) bajo los supuestos de amenazas a la seguridad nacional. Esta medida fue rechazada por el pueblo al considerarla peligrosa y desproporcionada. En ambos casos conviene reflexionar la siguiente idea: la legalidad no basta para sostener y justificar el ejercicio del poder. Es por ello que la legitimidad en política es importante: una medida gubernamental que se perciba como injusta y desproporcionada puede convertirse en un escenario de crisis.
Un factor en común -que me resulta esperanzador- fue la capacidad de respuesta de la sociedad civil. En Francia, las protestas contra las medidas del gobierno se convirtieron en una vía poderosa de presión política. En Corea del Sur, la Asamblea, los sindicatos y la ciudadanía manifestaron el rechazo contundente a la ley marcial, lo que demuestra, em ambos casos, que la sociedad conserva su capacidad de organizarse y resistir.
Frente a los escenarios de abuso del poder y de ineficacia del control legislativo, es la ciudadanía quien actúa como guardiana del poder.
X. @marcoivanvargas




