Fuera de los días comprendidos entre el 10 de noviembre de 1810, cuando fray Luis Herrera, Joaquín Sevilla y Olmedo y Juan Villerías, tomaron por asalto armado la plaza de San Luis Potosí, sometiendo a la guarnición militar aquí establecida y dirigida por el comandante Toribio Cortina, -quien murió en la refriega-, y el 16 del mismo mes en que las turbas acicateadas por Rafael Iriarte y Leitón saquearon violentamente la ciudad, hechos tan violentos no se volvieron a ver en su centro.
Ciertamente, durante el mismo siglo XIX la ciudad fue escenario de diversos enfrentamientos entre grupos antagónicos que se disputaban el control político y militar de la región o del país; sin embargo fueron acciones libradas entre los grupos en confrontación, y nunca dirigidas deliberadamente a la población.
Una litografía impresa por Hiriarte en la segunda mitad de aquel siglo, da testimonio cabal de los hechos. En ella se observa una asonada en la plaza de Armas; el humo de los cañones y la polvareda impiden una visión detallada del espacio; sobresalen la torre de la catedral en primer plano, las fachadas del costado sur de la plaza y al fondo se aprecian las cúpulas del templo del Carmen. El título es preciso: Los reaccionarios defienden la plaza de S Luis Potosí. 30 de junio de 1858.
Poco más de 50 años habían transcurrido, cuando en 1912, el gobernador interino José Encarnación Ipiña, se entrevistaba con las huestes levantiscas del revolucionario Cándido Navarro, allá por el rumbo de los linderos entre San Luis y la Villa de la Soledad, para negociar que su improvisado ejército respetara a la ciudad y a sus habitantes.
Testigos temporales de los hechos, incluidos los detractores de Ipiña, afirmaron que el gobernador desembolsó de su peculio 30 mil pesos que fueron los que pidió Navarro por indultar la ciudad. Nada hay que lo compruebe, lo cierto es que la ciudad no fue saqueada.
Si bien los años inmediatos de 1913 y 1914, fueron de angustia permanente frente a las tropelías cometidas por villistas y carrancistas, al poco las aguas volvieron a su cauce y la cotidianeidad continuó apaciblemente.
Luego, los años de los cacicazgos cedillista y santista, fueron de tranquilidad total en la ciudad y los municipios; cualquier acto violento cometido en detrimento de la ciudadanía, se castigaba hasta con la pérdida de la vida. Tiempos en que había garantías.
* * *
Para las cinco de la tarde del pasado martes, ya era sabido en toda la ciudad el asalto que con excesiva violencia ocurrió en el corazón de la ciudad. No es metáfora, los hechos ocurrieron en el edificio que se ubica en la esquina de Aldama y Carranza; ustedes recordarán que hace años ahí pasábamos minutos de embeleso contemplando los aparadores de la juguetería Félix.
No necesitamos mayores datos para ubicar el espacio, pero nada más para contextualizar, ocurrió a menos de 15 metros de donde el señor gobernador gandallamente atraviesa su camioneta siempre vigilada por sus arrogantes escoltas (que estoy seguro, a la hora de la acción, no resuelven ni un pleito de guajolotes); a menos de 10 metros de la fachada trasera de palacio de gobierno, punto neurálgico de las actividades burocráticas; a espaldas del centro cultural Real Caja, de la UASLP; a un costado de la matriz del Banco del Norte. Mayores especificaciones no son necesarias.
Por fortuna las vacaciones ya habían concluido y la concurrencia no era muy nutrida, que si no la violencia hubiera podido ser mayúscula, y el escándalo también. Como sea, no pasa nada, nuestras autoridades pueden con eso y más, el escándalo de los plantones que se encuentran frente al palacio ya han templado sus oídos.
Por cierto, recordarán ustedes que cuando tomó posesión el actual gobernador, la primera disposición de su secretario general, fue ordenar el retiro de las vallas que protegían o atrincheraban al pusilánime doctor Toranzo, su paranoica esposa, y su tenebroso secretario.
Eso, supusimos, era el inicio de un gobierno en el que todo mejoraría; era una muestra del ejercicio real de autoridad. Pero ¿qué creen?, estamos igual que antes, las vallas ahí han enraizado.
* * *
En donde tampoco mejoran las cosas es en el PAN, pareciera que tomando como modelo la línea de división que se sigue a nivel nacional, la dirigencia del panismo potosino se ocupa de fomentar el divisionismo. Dicho de otra forma, en el caso llevado a tribunales por militantes, buscando dirimir el asunto de una diputación, decidieron tomar partido por Rubén Guajardo, cuestionando el actuar de Marcela Zapata. Cómo se percibirá el asunto por los propios panistas, que hasta el senador Octavio Pedroza, que ya no es precisamente sinónimo de hombre decente y congruente, hizo un llamado a la imparcialidad.
A ver en qué acaba el asunto; la sala del Tribunal, en Monterrey, tendrá la última palabra, aún por encima de los intereses personales, ya no digo de los participantes, sino de la dirigencia estatal que busca mantener sus intereses por encima de los derechos políticos de sus militantes.
* * *
Quien sin ser propiamente un militante morenista, se rumora que será llamado al seno de los agraciados, es José Antonio Lorca Vallejo, que suena estrepitosamente para disputarle el puesto de coordinador estatal que ocupará Gabino Morales. Pareciera sugerencia de Castor Balderas.
Recordemos, de cualquier forma, que durante la campaña electoral, fueron de los personajes que se confrontaron mucho con Ricardo Monreal; y si bien, iba de candidato a regidor por el PES, en la fórmula con Leonel Serrato, no parece necesariamente de un gran potencial intelectual. Pareciera más bien de esos personajes con centavitos, que los tiene, pero necesitado de reconocimiento social.
En este mismo campo, se confirma lo ya supuesto, Leonel Serrato formará parte del grupo de los delegados regionales del gobierno federal; aunque muchos señalan que lo hubieran preferido en la coordinación estatal.
* * *
El toque cómico de esta semana, para variar estuvo a cargo del diputado Sergio Desfassiux, quien señala que en realidad lo de él, es el PRI; seguro que sí, hay que incrementar lo nauseabundo en el decadente partido. Les digo, ya no hay garantías.
Dicen los que saben, y los que no, repiten, que hoy es sábado social; disfrútenlo pero no se excedan. Las calles ya no son seguras.
Óscar g. Chávez
Ciertamente, durante el mismo siglo XIX la ciudad fue escenario de diversos enfrentamientos entre grupos antagónicos que se disputaban el control político y militar de la región o del país; sin embargo fueron acciones libradas entre los grupos en confrontación, y nunca dirigidas deliberadamente a la población.
Una litografía impresa por Hiriarte en la segunda mitad de aquel siglo, da testimonio cabal de los hechos. En ella se observa una asonada en la plaza de Armas; el humo de los cañones y la polvareda impiden una visión detallada del espacio; sobresalen la torre de la catedral en primer plano, las fachadas del costado sur de la plaza y al fondo se aprecian las cúpulas del templo del Carmen. El título es preciso: Los reaccionarios defienden la plaza de S Luis Potosí. 30 de junio de 1858.
Poco más de 50 años habían transcurrido, cuando en 1912, el gobernador interino José Encarnación Ipiña, se entrevistaba con las huestes levantiscas del revolucionario Cándido Navarro, allá por el rumbo de los linderos entre San Luis y la Villa de la Soledad, para negociar que su improvisado ejército respetara a la ciudad y a sus habitantes.
Testigos temporales de los hechos, incluidos los detractores de Ipiña, afirmaron que el gobernador desembolsó de su peculio 30 mil pesos que fueron los que pidió Navarro por indultar la ciudad. Nada hay que lo compruebe, lo cierto es que la ciudad no fue saqueada.
Si bien los años inmediatos de 1913 y 1914, fueron de angustia permanente frente a las tropelías cometidas por villistas y carrancistas, al poco las aguas volvieron a su cauce y la cotidianeidad continuó apaciblemente.
Luego, los años de los cacicazgos cedillista y santista, fueron de tranquilidad total en la ciudad y los municipios; cualquier acto violento cometido en detrimento de la ciudadanía, se castigaba hasta con la pérdida de la vida. Tiempos en que había garantías.
* * *
Para las cinco de la tarde del pasado martes, ya era sabido en toda la ciudad el asalto que con excesiva violencia ocurrió en el corazón de la ciudad. No es metáfora, los hechos ocurrieron en el edificio que se ubica en la esquina de Aldama y Carranza; ustedes recordarán que hace años ahí pasábamos minutos de embeleso contemplando los aparadores de la juguetería Félix.
No necesitamos mayores datos para ubicar el espacio, pero nada más para contextualizar, ocurrió a menos de 15 metros de donde el señor gobernador gandallamente atraviesa su camioneta siempre vigilada por sus arrogantes escoltas (que estoy seguro, a la hora de la acción, no resuelven ni un pleito de guajolotes); a menos de 10 metros de la fachada trasera de palacio de gobierno, punto neurálgico de las actividades burocráticas; a espaldas del centro cultural Real Caja, de la UASLP; a un costado de la matriz del Banco del Norte. Mayores especificaciones no son necesarias.
Por fortuna las vacaciones ya habían concluido y la concurrencia no era muy nutrida, que si no la violencia hubiera podido ser mayúscula, y el escándalo también. Como sea, no pasa nada, nuestras autoridades pueden con eso y más, el escándalo de los plantones que se encuentran frente al palacio ya han templado sus oídos.
Por cierto, recordarán ustedes que cuando tomó posesión el actual gobernador, la primera disposición de su secretario general, fue ordenar el retiro de las vallas que protegían o atrincheraban al pusilánime doctor Toranzo, su paranoica esposa, y su tenebroso secretario.
Eso, supusimos, era el inicio de un gobierno en el que todo mejoraría; era una muestra del ejercicio real de autoridad. Pero ¿qué creen?, estamos igual que antes, las vallas ahí han enraizado.
* * *
En donde tampoco mejoran las cosas es en el PAN, pareciera que tomando como modelo la línea de división que se sigue a nivel nacional, la dirigencia del panismo potosino se ocupa de fomentar el divisionismo. Dicho de otra forma, en el caso llevado a tribunales por militantes, buscando dirimir el asunto de una diputación, decidieron tomar partido por Rubén Guajardo, cuestionando el actuar de Marcela Zapata. Cómo se percibirá el asunto por los propios panistas, que hasta el senador Octavio Pedroza, que ya no es precisamente sinónimo de hombre decente y congruente, hizo un llamado a la imparcialidad.
A ver en qué acaba el asunto; la sala del Tribunal, en Monterrey, tendrá la última palabra, aún por encima de los intereses personales, ya no digo de los participantes, sino de la dirigencia estatal que busca mantener sus intereses por encima de los derechos políticos de sus militantes.
* * *
Quien sin ser propiamente un militante morenista, se rumora que será llamado al seno de los agraciados, es José Antonio Lorca Vallejo, que suena estrepitosamente para disputarle el puesto de coordinador estatal que ocupará Gabino Morales. Pareciera sugerencia de Castor Balderas.
Recordemos, de cualquier forma, que durante la campaña electoral, fueron de los personajes que se confrontaron mucho con Ricardo Monreal; y si bien, iba de candidato a regidor por el PES, en la fórmula con Leonel Serrato, no parece necesariamente de un gran potencial intelectual. Pareciera más bien de esos personajes con centavitos, que los tiene, pero necesitado de reconocimiento social.
En este mismo campo, se confirma lo ya supuesto, Leonel Serrato formará parte del grupo de los delegados regionales del gobierno federal; aunque muchos señalan que lo hubieran preferido en la coordinación estatal.
* * *
El toque cómico de esta semana, para variar estuvo a cargo del diputado Sergio Desfassiux, quien señala que en realidad lo de él, es el PRI; seguro que sí, hay que incrementar lo nauseabundo en el decadente partido. Les digo, ya no hay garantías.
Dicen los que saben, y los que no, repiten, que hoy es sábado social; disfrútenlo pero no se excedan. Las calles ya no son seguras.
Óscar g. Chávez

