De despabilarse

Hay cosas de las que no se habla lo suficiente… Digamos, de los antecedentes de ciertos colaboradores, o de la total inexperiencia en algunos casos más. Una y otra vez se ha comprobado que en un Gabinete Presidencial esos extremos pueden tener consecuencias muy adversas y ahora, con la excepción de los titulares en áreas como Gobernación y Educación Pública, sugieren perspectivas que van de riesgosas a aterradoras y tendrían que corregirse a la brevedad con menores costos y desgastes.
Miren, del nuevo gobierno Jesús Silva-Herzog Márquez subraya que “hay muchas señales inquietantes y deben ser señaladas”, o que “no es antidemocrático criticar al poder democrático”. De ninguna manera las propuestas del candidato se han vuelto irrebatibles por la gran cantidad de votos que recibió. Y, más que los aplausos, le podrá servir que le adviertan sus fallas o incongruencias, e igual los probables retrocesos o costos desmedidos en lo que anuncia (Reforma, 6/VIII).
Por mi parte, junto a unos cuantos reconocimientos, a lo largo de la campaña objeté numerosos puntos con la idea de que se valoraran sus riesgos, y lo sigo haciendo con la esperanza de que México no tenga nuevamente un mal gobierno.
Bueno, al “virtual” Presidente Electo le quitaron esa etiqueta de para convertirlo en real, mientras que el Presidente Constitucional parece virtual en lugar de real. Que sea lo mejor, oigan, dentro de los tiempos legales que fueron abreviados con tino por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, aunque tomará 6 años más aplicar la reducción al largo interregno.
Eso de virtual ya daba flojera y sonaba a mera ironía o retórica, pero no implica que por la premura se pueda eludir el análisis básico de varios temas del arranque. Más vale corregir antes que después con un mayor costo y demasiado tiempo perdido.
En fin, al lado de Andrés Manuel López Obrador, don José Antonio Meade indicaba con su proverbial decencia: “En su éxito está el éxito del país”. A su vez, aun sin desearlo, podría haber dicho: ‘En su (posible) fracaso estaría el fracaso del país’ con mayor sufrimiento para los de más abajo en la escala social. “Primero los pobres”, se ha reiterado desde hace años. Y vamos a ver.
Sabemos que la pobreza nunca desaparecerá, y aún menos con dádivas a las que se les dé una orientación política. Resulta que el próximo sexenio habrá un “movimiento nacional por la esperanza”, del cual el conocido operador René Bejarano ha anunciado, nada menos, que crearán nuevas vías de distribución en los programas sociales.
Al parecer, la idea sería mantenerle a la gente la esperanza de que algún día se les van a cumplir las promesas. Bien, si los excelentes economistas Santiago Levy y Rogelio Ramírez de la O no deciden participar en el gobierno lopezobradorista, les podríamos preguntar qué opinan de todo esto.
Surgen, sin duda, diferencias entre una campaña y las crudas realidades que se enfrentan al gobernar. Ahora que dejen de ver los toros desde la barrera para tratar de torear allí adentro, confirmarán que es mucho más fácil criticar lo que otro intenta hacer, que hacerlo uno mismo; sobre todo, si no se tiene la formación o experiencia.
Esto resalta al contrastar las promesas disparatadas en las campañas con las limitadas posibilidades de cumplir algunas de ellas en el mundo real… a partir de sustentos financieros, operativos y políticos en medio de las dificultades que suelen enfrentar los ganadores de una elección. Eso es, pues, lo que debemos esperar y asumir desde un principio, ya que no todo va a ser posible… al menos no con los alcances ofrecidos.
El historiador Lorenzo Meyer de El Colegio de México se ha convertido en un relevante mentor de AMLO e incluso recomendó a varios miembros del futuro gabinete, si bien éstos aún no han gobernado. Con honestidad, a su vez, reconoce que ciertos propósitos fundamentales del naciente gobierno no se van a cumplir estos años, como serían los relativos a resolver la corrupción y la inseguridad (El Universal, 4/VIII).
Me queda claro que, más allá de “el cambio” o las reformas, se requiere transformar estructuras hacia algo definido y superior, aunque no dé para una ambiciosa “cuarta transformación”. El cambio de mentalidades toma mucho tiempo y, ojo, las reformas que han costado tantos años y esfuerzos tampoco se podrían desaprovechar del todo.
Es así que la reforma energética no se podrá echar para atrás sin incurrir en costos altísimos para México. A la par, lo novedoso en Educación tendrá que partir de la misma experiencia del país en este campo y de algunos avances que ha habido en el modelo educativo. Aparte de correcciones específicas, en estos casos ni es necesario ni se puede reinventar todo.
Viene a ser demasiado temprano para derivar conclusiones negativas o alentadoras de cualquier análisis. Si acaso podemos perfilar perspectivas a partir de unas cuantas propuestas del próximo gobierno, sin dejar fuera los disparejos nombramientos que se han anunciado (desde excelentes a desconcertantes). Si nos fijamos, las proyecciones adversas opacan el posible inicio de la construcción de una verdadera sociedad equitativa.
Aun entre la euforia y los aceleres del arranque, en el nuevo gobierno tendrán que empezar a despertarse y adelantarse a previsibles frustraciones por encima de sus aciertos y logros. A todo nivel, oigan, en los equipos las manzanas buenas nunca habrán de sanar a las podridas, con lo que el proyecto en su conjunto podría naufragar. ¡Despabílense, pues!
En lo posible, eso sí, la crítica y la autocrítica deben ser claras, sólidas, congruentes y útiles, o sea, lo que llaman constructivas. La oposición, con todo, debería acreditar rigor, lealtad a México y cierto respeto a la investidura presidencial.
* VEO QUE ENTRE LOS precandidatos del Partido Demócrata a la Presidencia de Estados Unidos, destacan a estas alturas el Vice-presidente de Obama, Joe Biden (que tendrá 78 años en la próxima campaña), y el aspirante en 2016 frente a Hillary Clinton, Bernie Sanders (79 años), así como la notable Senadora Elizabeth Warren (71), todos ellos hacia una candidatura con muchas posibilidades de vencer a Trump (de 74 años en el 2020) para gobernar ese disminuido país en el siguiente cuatrienio (2021-25).
De tal forma, hacen ver “joven” a nuestro presidente para el sexenio 2018-2024. Si bien es un hombre canoso, va a iniciar su gestión de 65 años y al terminar su período constitucional tendría apenas 71.

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