Días de Feria

De todos en sabido que, en San Luis, las estaciones climáticas dependen de los eventos que nos importan: en Semana Santa, por ejemplo, es la época donde florecen las jacarandas; si hay eclipse, seguro el cielo se nubla y si hay feria, sabemos que va a llover.

Hubo épocas donde en San Luis, llovía sobre mojado. Para finales de 1939, el mundo se sobresaltaba ante el inicio de la Segunda Guerra Mundial. México optó por la neutralidad y el presidente Cárdenas procuró que el país no se involucrara directamente en el conflicto.

Si bien es cierto, habría que ser muy ingenuo como para creer que, siendo vecinos de Estados Unidos, la situación podía conservarse y cuando los japoneses hundieron dos buques nacionales, no hubo opción más que dejar la preciada neutralidad.

Sin embargo, la guerra no era el único problema: De acuerdo al Resumen General del Sexto Censo de Población, para el año 1930 se contabilizaron en San Luis 266,799 analfabetas; para 1940, el número aumentó a 348,743, es decir prácticamente la mitad de la población de aquél entonces. De igual forma, 50,586 personas en el estado hablaban únicamente alguna lengua indígena.

Aunado a esto, la dinámica económica comenzaba a penas a diversificarse para comenzar con una estructura económica menos agrícola y se veían también cambios en el estilo de vida de los potosinos.

Además, a duras penas se podían superar los sobresaltos causados por la revolución y existía una incertidumbre no sólo en el ámbito político, sino en el día a día de los habitantes de San Luis.

En 1939 había resultado electo como gobernador Reynaldo Pérez Gallardo, pero dos años después, en 1941 después de un incidente donde resultaron desaforados seis diputados locales y donde el propio gobernador resultó involucrado en la muerte de Higinia Cedillo, una de las hermanas de Saturnino Cedillo y el abogado Armando González Courtade, el gobernador fue obligado a renunciar.

Así, el Congreso Federal nombró de una terna, al gobernador que entraría a concluir el período vacante de Pérez Gallardo y nombraron a Ramón Jiménez Delgado como sustituto.

El gobernador Jiménez Delgado encontró un estado difícilmente controlable. Había demasiados frentes abiertos y se necesitaba urgentemente, algún tipo de señal hacia los propios potosinos, que mostrara que habría estabilidad.

En este contexto, una medida tomada por el Gobierno estatal fue organizar la Primera Gran Feria Potosina como señal para los potosinos de que iniciaba un período en el que las revueltas armadas y la zozobra política eran cosa del pasado, además de que iniciaba una etapa de bonaza económica.

La primera feria duró del 26 de agosto al 6 de septiembre de 1942 bajo la organización de un comité formado por comerciantes, empresarios y autoridades estatales y municipales.

Los preparativos fueron minuciosos e incluyeron desde el arreglo de las vías de la capital hasta la solicitud por parte del comité a la población para albergar a los visitantes foráneos, ya que no existían en la ciudad suficientes hoteles o casas de huéspedes para resguardar al número de viajantes esperados.

Así, se publicaron anuncios en el periódico El Heraldo (que guarda en sus páginas reseñas completísimas de los eventos de la Feria), solicitando habitaciones y detallando que los interesados deberían de ponerse en contacto con el comité, especificando su domicilio y el precio a cobrar, aclarándose, además, que no se les cobraría a los anfitriones ningún impuesto ni se les consideraría casas de huéspedes en fechas posteriores a la feria.

El programa incluyó una muestra ganadera, conciertos, exposiciones de arte sacro y recitales de poesía. Con el paso de los días, se reseñó que se tuvieron que improvisar dormitorios en los pasillos y comedores de los hoteles de la capital, además de que la ocupación en viviendas particulares fue total. Se habló también de la derrama económica que la feria trajo al estado y de lo positivo que resultó haber tenido visitantes foráneos que conocieran las posibilidades de desarrollo en San Luis.

Sin embargo, lo que menos importaba era si hubo o no exposición ganadera o concursos de poesía: la feria fue una cuestión de imagen. Lo que se quería dejar en claro era que había estabilidad para que la gente de otros estados viera a San Luis como un lugar para invertir o divertirse.

El mensaje que envió Jiménez Delgado fue exitosamente recibido. Es palpable en los diarios el optimismo que la feria generó. El vasto programa que se realizó buscó abarcar todas las áreas en desarrollo del estado y enfatizar la vocación universitaria y cultural de San Luis. Hubo una clara intención por parte de los organizadores de mostrar una era distinta, sin sobresaltos.

Esto fue captado tanto por los habitantes locales como por los turistas. Hubo numerosas felicitaciones y comentarios positivos publicados, todos ellos afirmando que lo único que venía para San Luis era desarrollo gracias al trabajo de los potosinos, a la determinación del gobierno y a que los visitantes habían visto el potencial de la entidad. Dense una vuelta a la hemeroteca estatal para que vean las notas de la época.

Así que lectora, lector querido, en estos días en que usted visite la Feria, acuérdese que ésta nació como una eficiente medida política que transmitió un mensaje de estabilidad, y no únicamente como un medio jolgorioso para festejar al patrono de la ciudad. Y recuerde también que en San Luis no es la primera vez que llueve sobre mojado, porque así son los días de Feria.