Dignidad Judicial: Por Qué Votar es un Acto de Resistencia
Nos encontramos ante una encrucijada histórica que pone a prueba no solo nuestra comprensión del sistema democrático, sino nuestra capacidad de resistencia ciudadana ante el embate autoritario. La elección judicial que se avecina representa, sin lugar a dudas, una de las decisiones más controvertidas y antidemocráticas que hayamos presenciado en décadas. Sin embargo, precisamente por ello, nuestra participación se vuelve un acto de resistencia fundamental.
Lo primero que debo señalar, con toda claridad, es que el sistema nos está obligando a participar en una elección innecesaria y tramposa para integrar la judicatura. Este proceso vulnera el principio básico de que a los cargos judiciales deben acceder personas que verdaderamente demuestren tener los mejores conocimientos, preparación y habilidades para resolver controversias y aplicar correctamente el derecho.
La lógica es tan sencilla como irrefutable: nadie en su sano juicio pensaría en elegir al cardiólogo del Hospital Central por medio del voto popular. Como paciente, cualquiera de nosotros exigiría ser atendido por un médico que haya cursado y acreditado los estudios necesarios para tratar eficazmente una afección cardíaca. ¿Por qué habría de ser diferente con quienes tienen en sus manos la responsabilidad de impartir justicia? La medicina del cuerpo y la medicina del derecho requieren la misma especialización, el mismo rigor académico, la misma experiencia probada.
Este escenario ha generado, como era de esperarse, tres posturas ciudadanas claramente definidas: quienes acudirán a votar con la esperanza de rescatar algo del naufragio institucional, quienes anularán su voto como forma legítima de protesta, y quienes simplemente se negarán a participar en lo que consideran una charada democrática.
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En mi caso personal, que soy un crítico abierto y declarado de este circo judicial, me costó considerable trabajo decidir entre votar, no votar o anular mi voto. Pero he resuelto participar, y lo haré por razones que van más allá de la coyuntura política. Lo haré porque, entre los perfiles propuestos, hay algunos pocos que verdaderamente valen la pena, personas íntegras que podrían convertirse en contrapesos efectivos frente a los llamados “jueces de Estado” o “jueces del bienestar” que el gobierno pretende controlar como marionetas de su proyecto autoritario.
Mi decisión de votar constituye también un acto de lealtad hacia aquellos profesionales del derecho a quienes les están quebrantando un proyecto de vida por el que siempre han luchado con dedicación y honestidad. No podemos abandonar a quienes han hecho de la impartición de justicia su vocación genuina, su compromiso de vida, su aporte a la construcción de un México más justo; no votar representaría un acto de deslealtad imperdonable hacia aquellos que hicieron de la impartición de justicia un proyecto de vida y se han preparado durante años para ello. Sería una traición a aquellos a quienes reconocemos por su valía moral y sus méritos indiscutibles de capacidad y conocimientos. Constituiría un acto de abandono al crisol de la justicia, sería claudicar sin argumento válido ante la embestida autoritaria.
No ir a votar, por más comprensible que sea la indignación, constituye un error estratégico. Sin embargo, creo firmemente que representa desperdiciar el aporte sustancial que podemos hacer a los candidatos que consideramos opciones viables, personas que pueden marcar la diferencia en momentos cruciales para la nación.
La elección judicial no va a destruir al Poder Judicial; esa destrucción ya la consumó la reforma constitucional, que estableció un sistema perverso en el que aún con el 1% del padrón electoral se tendrá un resultado válido. Lo que sí es un hecho incontrovertible es que el 1 de junio del 2025 murió la democracia mexicana tal como la conocíamos y se dio paso formal al autoritarismo populista y dictatorial que ya venía gestándose.
Yo sí saldré a votar, porque en tiempos de crisis la omisión se convierte en complicidad. Votaré por la dignidad judicial, por el mérito académico, por la experiencia probada. Votaré, en suma, por lo poco que queda de nuestro maltrecho sistema de justicia. Ese es nuestro deber histórico, nuestra responsabilidad generacional, nuestro último acto de resistencia ciudadana.
Delírium trémens.- Para la Votación Judicial del domingo, a quien me lo solicite, y en pleno ejercicio de mi libertad de expresión, compartiré de inmediato las decisiones que he tomado tras dedicar extensas jornadas al análisis minucioso de los perfiles de las candidatas y candidatos. Esta revisión exhaustiva responde únicamente a mi convicción de contribuir a una elección que, dentro de las limitaciones del proceso, privilegie la inclusión y el profesionalismo. Considero fundamental que ejerzamos nuestro derecho al voto, pues nuestro tejido social se encuentra profundamente fracturado y la reconstrucción nacional que tanto necesitamos no puede prescindir de un sistema de justicia sólido y confiable.
@luisglozano
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