El dilema de León XIV
La designación del jefe de la Iglesia Católica es un acontecimiento importante que sirve para reflexionar sobre los problemas nodales de los mundos religiosos. La llegada de Robert Francis Prevost al pontificado nos obliga a varias reflexiones. El mando de la Iglesia sigue en el continente americano, un gringo peruanizado, nacido en Estados Unidos, con ancestros de distintas “razas” en el sentido norteamericano de las “diversidades raciales”, donde una “gota” de sangre afro es vista como “contaminante”, pues uno de sus abuelos maternos era haitiano.
Como ciudadano de dos mundos está interesado en reformular la Iglesia Católica para dar respuesta a los grandes retos, enfrentando los desafíos de la secularización del Primer Mundo, secularización que no necesariamente significa increencia, sino de nuevas formas de percepción de lo sagrado a las cuales las jerarquías religiosas sólo saben responder con “más de lo mismo”.
Una experiencia vital del nuevo papa es la violencia, su hermano mayor es militar, su país natal constantemente está involucrado en conflictos bélicos y además la población tiene acceso a armas. En Perú le tocó vivir el conflicto interno contra Sendero Luminoso, donde hubo masacres de misioneros católicos y de población civil, a la vez que hubo graves violaciones a los derechos humanos, que también fueron oportunamente señalados por la Iglesia en la búsqueda de una reconciliación histórica aún pendiente. No por casualidad en su primera misa dominical aludió a la necesidad de la paz en Ucrania, en Gaza, cesando los “ataques a la población civil y la liberación de todos los rehenes”, a Pakistán y la India, dos potencias nucleares donde las minorías cristianas sufren violentas persecuciones.
La preocupación del Papa no está necesariamente en las cuestiones geopolíticas, sino que su interés está centrado en los nuevos problemas sociales, las migraciones, el racismo, la discriminación, la segregación social y racial, cómo iluminar desde una perspectiva religiosa las novedades del siglo XXI, como trató de hacer León XIII con las del siglo XX. Todo esto desde los aportes de Francisco y el Concilio, particularmente el amor al prójimo, a los semejantes, esa fue la contundente respuesta que le diera al vicepresidente de los Estados Unidos David Vance quien tiene otras prioridades.
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El nuevo Papa tiene muy buenas intenciones, veremos si puede construir los senderos para cumplir con los buenos deseos y si “los emisarios del pasado” lo dejan avanzar. No es tarea de un solo hombre, es un compromiso de la humanidad.
(Doctor en Antropología, profesor investigador emérito ENAH-INAH)
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