El Estado y el espacio social frente al COVID19

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La idea de la producción social del espacio, supone… dos afirmaciones: que el espacio es un producto social, histórico y políticoque el espacio no es reflejo, escenario ni telón de fondo sobre el que se inscriben los hechos sociales

Verónica Capasso.

 

Todo nuestro mundo experimenta un trastorno a partir de la pandemia que nos aqueja.

Posiblemente la palabra trastorno no representa, por sí misma, lo que nuestra vida cotidiana experimenta, por lo que, precisar un poco resulta pertinente para enmarcar lo que se desea tratar.

El diccionario nos dice que un trastorno tiene, entre otras acepciones, la de corresponder a una alteración o cambio en las características que constituyen una cosa o un proceso. En tal sentido, lo que tratamos de representar es el cambio o los cambios que nuestra vida cotidiana experimenta en relación a los espacios sociales a partir del COVID19. 

Dos ejemplos de lo que tratamos de poner a su consideración: la escuela y los bancos.

En primera instancia, la escuela; entendida como el espacio arquitectónico en el que concurren los educandos y educadores, tanto como otras personas que hacen posible el proceso de la educación.

En tal sentido, la escuela es un espacio social (no importa si ésta es pública o privada) con un proceso evolutivo que podemos apreciar en los modelos arquitectónicos de este espacio en dos momentos de la historia: las escuelas de grandes edificios, con espacios solemnes compuestos por pasillos interiores, frente a las escuelas de arquitectura funcional de edificios de menor construcción.

Podemos decir que un factor de influencia en el cambio de la arquitectura de las escuelas ha sido el proceso que el Estado ha inducido para ampliar la cobertura escolar en los diferentes grados educativos.

En suma, planteamos que los espacios escolares se han modificado con el propósito de atender a una mayor cantidad de estudiantes en un menor espacio posible. Con la emergencia del COVID19 y la medida preventiva contra el contagio, los espacios escolares representan un problema. Esto es, representan un obstáculo en relación al objetivo de la cobertura escolar; toda vez que el Estado no cuenta con los recursos suficientes para que, en el corto plazo se construyan nuevos modelos arquitectónicos que respondan a las necesidades de prevención que la pandemia nos dicta.

Es de creerse que, la extensión en el tiempo de la proliferación de contagios juegue en contra de la educación bajo el modelo de las escuelas presenciales y, por consiguiente, de la educación de masas o de la mayor cobertura escolar.

Las repercusiones de ello, en todos los ámbitos de nuestra vida social, son incalculables. No es un problema menor que exige esfuerzos sustantivos desde el Estado.

Otro ejemplo del trastorno que a nuestra vida cotidiana influye el COVID19 en relación a los espacios sociales son los bancos. Esto es, los espacios mayormente privados para el manejo del dinero, que es un bien privado para el intercambio de bienes y servicios del orden público.

Los bancos son el espacio que, en forma similar a las escuelas, han transitado de grandes espacios a espacios muy pequeños bajo el paradigma de la funcionalidad. Y, del mismo modo que la educación tiende hacia una cobertura universal, los bancos se plantean un mundo de operaciones económicas mayormente bancarizadas; esto es, la ampliación de la cobertura social de la “economía formal”.

La arquitectura funcional de los bancos, si bien del orden privado, corresponden a un espacio social, en tanto que entidad “abierta” a la sociedad empujada a la economía formal. En tal sentido y, del mismo modo que la escuela y otros espacios sociales, los bancos frente a la necesidad de espacios más amplios que permitan la distancia necesaria que prevenga los contagios, se encuentran rebasados de forma más evidente que la escuela, pues, a diferencia de la escuela, los bancos no pueden suspender totalmente las operaciones bajo un argumento similar al del sistema educativo.

Las filas enormes en la vía pública, bajo la inclemencia del clima para acceder a un servicio privado de necesidad pública es la evidencia del trastorno del que aquí se plantea.

El tema es: el papel del Estado frente a la urgente necesidad de repensar el espacio social. Lo cual consideramos que no es un problema menor, toda vez que, tanto la educación como la economía de la sociedad en su conjunto pasan por espacios que en forma evidente están rebasados frente a las nuevas necesidades.

Poner sobre la mesa el tema es una forma de llamar la atención sobre situaciones de desarrollo social que, frente a la emergencia, parecen ser temas de orden secundario. Sin embargo, en ambos casos, tanto lo correspondiente a la educación como al sistema económico,  son pilares de modelo social de nuestros días.

Indagar sobre las repercusiones que trae la disfuncionalidad de los espacios sociales, como los dos ejemplos aquí abordados, nos permitirá precisar la importancia del papel del Estado en la construcción de estos espacios y, por consiguiente, de las políticas públicas que atiendan esta necesidad social.

Más acá, en el aquí y ahora, en nuestro papel como sociedad civil, nos corresponde precisar lo que nos es necesario para convertirlo en tema de la agenda pública, donde, el espacio social corresponde a los derechos humanos de tercera generación … 

joseramonuhm@hotmail.com