El novio de Taylor
David Foster Wallace, autor de La Broma Infinita, fue invitado a dar un discurso en una universidad. Para comenzar, contó una historia: dos peces ancianos nadaban tranquilamente en el mar. Frente a ellos, paseaban dos peces más jóvenes. Al cruzarse, uno de los peces viejos saludó a los jóvenes diciéndoles: “-¡Buenos días, chicos! ¿qué tal el agua esta mañana? -“ Los dos peces jóvenes siguieron nadando como si nada hasta que, eventualmente, uno volteó con el otro y le preguntó: “-¿Qué demonios es el agua?-“
Para Foster Wallace, esta historia representaba los dos máximos problemas de nuestros tiempos, el egocentrismo y el hedonismo. El primero de ellos nos hace estar tan centrados en nosotros mismos, que no tomamos en consideración absolutamente nada, ni siquiera lo obvio, como el agua. El segundo, nos hace dar las cosas por sentado y no conceder valor a nada más que aquello que nos produce placer instantáneo. Foster Wallas sabía bien de lo que hablaba, era un egocéntrico y hedonista consumado. Pero eso es otra historia.
Recordé la anécdota del discurso después de estar al pendiente del Super Bowl el pasado domingo. No digo que lo vi porque en realidad no lo hice. Entiendo nada del juego y no tengo la paciencia. Pero sí sé que jugaba el novio de Taylor Swift. Ha de ser horrible ser novio de Tayor Swift. No por la mujer, sino porque es difícil alcanzarla en fama. Travis Kelce es un jugador que hasta hace poco no contaba con mayor notoriedad. Vaya, nada que ver con otros futbolistas como Mahomes, Williams o incluso su propio hermano, James. Travis ciertamente no es mal jugador, está bien pagado y patrocinado, pero su nombre no sonaba tanto sino hasta que comenzó a salir con la cantante norteamericana. Ahora, al llegar su equipo a la final del Super Bowl las bromas y los memes no se hicieron esperar. Se convirtió únicamente en el novio de Taylor que jugaría antes del concierto de Usher. ¡Pobre tipo!
Se ha de necesitar mucho para aguantar ser objeto de memes y burlas descaradas por todos lados. Ha de ser espantoso tener la presión de demostrar ser algo más que el novio de la líder de los Swifters. Quizá eso llevó a Kelce actuar como un desesperado idiota, gritando y empujado a su propio head coach, Andy Reid, reclamándole no dejarlo más tiempo en la cancha. Pobre pececito. Mientras Reid, viejo lobo de mar, veía por un partido en el que se jugaba toda una temporada de esfuerzos, el joven Kelce vio nada mas a su inseguro ego, que necesitaba reafirmarse. En el momento del exabrupto, San Francisco estaba adelante del marcador por muy poco. El entrenador estaba seguramente planeando cómo posicionar a sus hombres para remontar el partido y su estrategia no incluía a Kelce, quien buscando la gloria instantánea para cubrir sus propias inseguridades, no veía la temporada completa, sin su propio juego, no el de su equipo. Egocentrismo y hedonismo en un mar ignorado donde no se sabe ni siquiera qué es el agua.
En La Broma Infinita, Foster escribió, y con razón “La mediocridad, depende del contexto”. Nada con eso, Travis, nada con eso.




