El régimen se pertrecha
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La acusación contra Rocha Moya perforó la balsa del régimen. Desde el momento en que se conoció la petición de detener al gobernador de Sinaloa y a otros importantes políticos del estado, la presidenta ha actuado como su abogada. La defensora se convirtió de pronto en paladina del debido proceso, en vigía de un tratado de extradición que no ha tenido empacho en ignorar cuando se trata de delincuentes sin credencial de su partido. La abogada de Rocha Moya ha hecho una torcida interpretación del convenio bilateral para proteger a su representado. Ha exigido una y un millón de veces las pruebas que no es momento de presentar. Ante la opinión pública, la presidenta ha actuado como representante legal de quien es acusado de ser cómplice de narcotraficantes.
Sheinbaum ha decidido atar su suerte a la de Rocha Moya y ha ofrecido por adelantado su solidaridad con todos los políticos que pudieran ser acusados en el futuro próximo. La consigna implícita en el discurso de ayer es "México es Rocha." La presidenta ha decidido instalar la soberanía en esos sujetos que enfrentan allá las acusaciones que no prosperan acá. Para la presidenta la soberanía reside en el certificado de impunidad de la clase gobernante. No en la constitución que puede cambiarse en cinco minutos o violarse sin consecuencia alguna. No en la integridad territorial, sino en la coraza que protege a los aliados del régimen. La presidenta empeñará su resto en defender al gobernador de Sinaloa, a los gobernadores que sigan su misma suerte, a los políticos de su partido que sean señalados por Estados Unidos como cómplices de los narcotraficantes. La reacción de la presidenta revela involuntariamente la penetración del crimen. Si fuera un problema marginal, si se limitara a uno o dos estados, la presidenta no apostaría su presidencia al cuidado de unos pillos.
El régimen se pertrecha. Compromete todo el poder del Estado para cuidar a los suyos, convoca a los leales a la resistencia, deja en segundo plano la negociación y agita la bandera de la soberanía con aires bélicos. En el mensaje más importante de su gobierno, la presidenta desecha la interlocución con Estados Unidos. Al grito de "El pueblo unido jamás será vencido," la presidenta denunció el injerencismo norteamericano que pretende imponerse sobre la voluntad nacional. Hace unos cuantos días la presidenta seguía diciendo que la relación con Estados Unidos caminaba tranquilamente, que los desacuerdos eran normales y que había respeto mutuo, a pesar de esas diferencias que son habituales en cualquier relación. Muchas cosas se han descompuesto en las últimas horas y, ante la crisis, la presidenta apuesta por la polarización. Polarización con el enemigo de fuera y polarización con el enemigo interior.
El discurso del Monumento a la Revolución termina la estrategia de contención que había marcado el trato de Sheinbaum con Trump. La cabeza no pudo mantener la frialdad. Lo que atestiguamos ayer fueron puños apretados, consignas antiimperialistas y una declaratoria de alerta máxima. Se acabaron los cuidados extremos para evadir la confrontación. Terminó la prudencia con la que se buscaba mantener viva la posibilidad del entendimiento. Entendiendo que el ataque a Rocha Moya perfora la tabla que la sostiene, ha decidido apostar por la confrontación con los Estados Unidos y parece estar dispuesta a asumir los inmensos peligros que eso supone. La plataforma comercial de América del Norte, la misma integridad territorial de México están hoy más en riesgo que el sábado pasado.
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El quiebre con Estados Unidos cumple, por supuesto, una función política dentro. La confrontación con los injerencistas es el disparo de salida de la elección intermedia. La campaña comenzó ayer. Sheinbaum quiere mano en la definición de la disyuntiva: patriotas contra vendepatrias. Conocemos el cuento: los intereses extranjeros se abren paso aquí porque hay traidores que los invitan y les abren las puertas. Esa es, para Sheinbaum, la alternativa: quien no esté conmigo se vendió a los gringos.
No es solo la presidencia lo que está en juego tras el discurso de ayer. Es el país, su viabilidad económica y la integridad de su espacio.





