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Elegante caligrafía

Por Marta Ocaña

Diciembre 29, 2021 03:00 a.m.

A

Desde eso que se llama elegantemente vísperas de año nuevo, escribo en ese tono de cierre que el calendario obliga considerar.

Hay que haber sido parte de siglo pasado para creer y admirarse ante los cambios que hemos generado como especie. Nos hemos movido del uso  generalizado del teléfono en casa a la telefonía celular y la transmisión de voz y datos en lo que a muchos nos parece un parpadeo. Y así, la mayoría de las innovaciones tecnológicas han ido conformando nuestros usos y costumbres, han acercado continentes y culturas envolviéndonos en eso que ya hace tiempo bautizaron como globalización. Ésa misma que nos permitió derribar fronteras, barreras y  estereotipos de estilos de vida que se reflejaron en nuestras creencias, nuestros cultos y nuestros rituales, modificándolos significativamente.

Brincamos de esa aparente unidad de creencias monoteístas y católicas a la búsqueda de la verdad o el sentido de la vida en tradiciones originadas en lejanos países, de las que fuimos adoptando, algunos como moda y otros en una auténtica exploración, ritos y tradiciones a través de las cuales experimentar cierta paz interna que hemos perdido a lo largo de nuestro paso por la vida.

Cierto es que la humanidad está alcanzando niveles intelectuales insospechados y que día con día se descubren y desarrollan ideas que nos colocan en circunstancias impensables, como son los viajes espaciales para tripulantes comunes y corrientes.

Pero también es un hecho que hemos aprendido mejores o más eficientes y crueles maneras de eliminarnos y hacernos daño. Hemos descubierto el cinismo político para apaciguar a las masas con poco más de pan y circo; y la escuela y la formación profesional o académica han perdido su valor ante la posibilidad de hacer dinero de otra manera más fácil y más rápida.

Desde la silla presidencial se nos ha dicho que aspirar a vivir mejor está mal y que no tenemos más que desear un par de zapatos mientras, en un Palacio vive la burocracia en turno. Los médicos, los científicos, las instituciones y los maestros están al final de las prioridades de nuestra nación y todo lo que podemos admirar y respetar de manera oficial, es la imagen del águila sobre el lienzo tricolor además de la autoridad militar.

Veremos cómo evolucionamos en esta nueva revolución de principios y valores impuestos desde las altas esferas de poder y cómo esto modifica las familias que han tenido que evolucionar para poder sostenerse y proporcionar a uno o dos hijos en hogares monoparentales o bien en los que los hijos se crian a lado de abuelos o en guarderías ante la imposibilidad de sostener el hogar con el ingreso de uno solo de los padres.

Y así como en cierto momento del siglo pasado nuestras autoridades escolares eliminaron la enseñanza de la letra manuscrita, el estudio de la gramática y la lectura de comprensión provocando generaciones de alumnos incapaces de interpretar lecturas prolongadas o textos académicos con poco rigor, hoy vivimos la renuncia de una serie de principios que nos devuelven a tiempos remotos, colocándonos en una situación anacrónica y compleja de sobrellevar.

Quizá el cierre de año nos permita reconocer nuestro valor como individuos y como sociedad. Ojalá quienes detentan el poder lo hagan desde una postura ética y libres de sus propios resentimientos sociales que nos llevan a oponernos y clasificarnos como charros y fiáis, conservadores o neoliberales o demócratas de escritorio.

Ojalá aquellos que vayamos más allá de una caligrafía elegante a una comprensión del mundo, del ecosistema, de la diversidad de especies, la diversidad de opiniones, la diversidad de personas sin que ello se convierta en el blanco preferido de quienes pueden sacar ventaja atacando y confrontando.

Que el cierre de año nos traiga paz y un mensaje legible en cualquier lengua de hermandad y respeto a las diferencias.

Celebremos la vida y agradezcamos la salud ¡felicidades a los lectores y gracias por acompañarme en estos renglones!