Embestida contra las artes
La rápida respuesta de los artistas el pasado 12 de agosto desalentó, aunque quizá sólo de manera temporal, la agresión gubernamental contra el Centro de las Artes de San Luis Potosí (Ceart). Lo veían venir; desde hace algunos meses circulaba el rumor de que la galería principal de la institución sería entregada al Tribunal de Justicia Administrativa (TJA) en un aparente intento por disminuir las erogaciones que por concepto de rentas para el alojo diversas dependencias realiza gobierno del estado.
De lograrse esto, con toda seguridad sería el inicio de una embestida contra diversas instituciones culturales que, dentro de la lógica gubernamental, se encuentran subutilizadas. Recordemos que menciones pasadas colocaban en igual suerte a los inmuebles que ocupan Tradiciones Potosinas, el Archivo Julián Carrillo y el anexo al museo del Virreinato, que en este momento por alguna gracia superior (y absurda) se encuentra ocupado por algo semejante a una fonda descuidada. ¿Por qué no albergarlos en su arena charra?
Luego de la reacción de la comunidad artística, que evidentemente no se esperaba, el propio gobernador dejó en claro que esta falsedad con toda seguridad había sido difundida por perversos arrendadores de inmuebles a gobierno, lastres de la maldita herencia, que sentían amenazadas sus ingresos frente a los afanes de austeridad de su administración que buscan dar fin a tan leoninos convenios. Nada, por su parte, dijeron el presidente del TJA, promotor de la maniobra, la dirección del Ceart y el secretario de Cultura, este último en quien debería de recaer, como autoridad en la materia, la responsabilidad directa de una respuesta y quien seguramente está enterado perfectamente del caso (a menos que deliberadamente se le ignore).
Más allá del falso discurso de la austeridad es perfectamente comprensible que el interés por disminuir erogaciones del erario estatal deriva de la necesidad permanente de disponer de recursos para satisfacer los caprichos del gobernador. Ejemplos hay de sobra en cualquier ámbito de la administración estatal o, ¿por qué, si tanto se ahorra, se han suspendido pagos a proveedores, a dependencias públicas y organismos autónomos, a la dirección de Pensiones, los servicios médicos de burócratas? La respuesta es obvia, lo ahorrado se dilapida según los antojos del día.
Por otro lado, el que el espacio a sacrificar se encuentre no sólo vinculado con el arte sino que sea incluso generador de éste demuestra el profundo desprecio (ya manifestado en otras ocasiones) que siente por el arte en conjunto, al considerarlo una manifestación burguesa y sofisticada. Claro que si éste le produjera réditos generosos, la percepción sería otra.
Hace escasos tres meses salió de la imprenta (y hará uno que llegó a las librerías) bajo el sello editorial de Random House, la edición en español del libro Cuchillo. Meditaciones tras un intento de asesinato, de Salman Rushdie. En él, al final de una imaginaria entrevista entre el escritor y el hombre que intentó asesinarlo el 12 de agosto de 2022, describe en un diálogo, también imaginario, que a manera de conclusión desearía decirle entre otras cosas (pp. 166-167) “…pese a que dudo mucho que él tenga la capacidad de oírlas.
La más importante es que el arte desafía a la ortodoxia. Rechazar o vilipendiar el arte porque haga esto, es no entender de qué va. El arte enfrenta la apasionada visión personal del artista a las ideas dominantes de su época. El arte sabe que las ideas recibidas son enemigas del arte, como nos dice Flaubert en Bouvard et Pécuchet. Los estereotipos son ideas recibidas, lo mismo que toda ideología, tanto para quienes dependen de la aprobación de invisibles dioses celestiales como para los que no. Sin arte, nuestra capacidad de pensar, de ver con mirada renovada, de reconducir nuestro mundo, se marchitaría o se extinguiría.
El arte no es un lujo. Es algo esencial al género humano y no demanda ninguna protección especial salvo el derecho a existir.
Acepta la discusión, la crítica incluso el rechazo. Pero no la violencia.
Y, al final sobrevive a quienes lo reprimen. El poeta Ovidio fue enviado al exilio por César Augusto, pero la poesía de Ovidio ha perdurado y el Imperio romano no. Stalin le arruinó la vida al poeta Mandelshtam, pero la obra de este ha perdurado y la Unión Soviética no. El poeta Lorca [sic] fue asesinado por los matones del general Franco, pero su arte ha perdurado y el fascismo y la Falange, no.”
Aquí también, dudamos de esa capacidad.




