Enocinéfilos

En estos días la conversación gira, con toda justicia y pertinencia, alrededor de una película cuyo título en pantalla, Roma, aparece al cabo de los tres minutos más trascendentales del cine mexicano de este siglo, a pesar de los hipsters (quienes desprecian el consenso) y de los hijos putativos de Marvel. Ya cautivados para entonces, vamos cayendo en la cuenta de que ese glorioso espejo de agua con jabón era el genio de un artista, Alfonso Cuarón, que apenas comenzaba a desperezarse y que su criatura, la cinta, sólo iba extendiendo sus brazos bellos y poderosos para sacudirnos y abrazarnos durante dos horas que se pasan como los aviones por el azogue de ese mosaico entrañable.
Pero esta columna tiene como tema una distinta manifestación cultural, así es que mejor hablaremos sobre otro largometraje que se estrenó en estos días también en plataforma digital; muy atractivo para quienes nos interesa el vino, es cierto; con unos alcances bien distintos a la obra maestra que cité, también; pero indispensable para quienes nos dedicamos de forma profesional o amateur a la industria vinícola: la tercera parte de la serie documental intitulada Somm, es decir, Somm III.
Si en la primera parte seguimos a un puñado de aspirantes al título de Master Sommelier por el Court of Masters Sommeliers, mi alma máter, y su tortuoso examen, y en la segunda entrega visitamos viñedos y personajes alrededor del mundo enológico, en esta tercera película se propone una especie de “Nuevo Juicio de París” (si gusta, caro lector, puede escribirme y le envío la columna que publiqué en este espacio sobre el asunto) en dos tiempos: uno en Nueva York con sommeliers jóvenes, organizado y con selección de vinos de mi maestro Dustin Wilson, y otro en la Ciudad Luz con tres leyendas: Jancis Robinson, la crítica más influyente del mundo; Steven Spurrier, autor del original Juicio de 1976, y el patriarca de los Masters Sommeliers americanos, Fred Dame.
Hay otra diferencia importante: en 1976 se cataron a ciegas vinos de la North Coast californiana, chardonnays y cabernets, ante chardonnays de Borgoña y tintos de Burdeos. Ahora se presentan, en la cata neoyorquina, seis pinot noirs de distintas regiones del mundo, con la intención de elegir los tres mejor considerados para la cata parisina. Dustin, el organizador, eligió para su primer panel de cata un pinot de la Patagonia, Chacra Treinta y Dos 2015; uno de Australia, By Farr Tout Pres 2014; dos de los Estados Unidos: de Oregon, Lingua Franca Mimi’s Mind 2015 y de Santa Rita Hills, Domaine de la Cote Bloom’s Field 2014 y, finalmente, dos celebrados y costosos tintos de la Borgoña: Marquis d’Angerville Volnay Champans 1er Cru 2015 y Domaine Bachelet Les Corbeaux 1er Cru 2105.
No le platicaré el resultado de ninguna de las dos catas a ciegas, pero sí puedo decirle que vale la pena verlo, pues aunque seguramente este ejercicio no cambiará el mundo del vino como lo hizo el experimento de Spurrier en 1976, es un buen botón de la nueva realidad internacional del vino, en específico el de la maravillosa pinot.
Le recomiendo que vea este documental de Jason Wise, en lo personal me dio muchísimo gusto presenciar la definitiva consolidación a nivel mundial de Santa Rita Hills, una región perteneciente a Santa Bárbara, que he venido proclamando como la más interesante y atractiva en cuanto a relación calidad/precio de los Estados Unidos, en este y otros espacios.
Le deseo una muy feliz navidad, caro lector, y un prometedor Año Nuevo, que usted y su familia se vean colmados de bendiciones y alegrías. ¡Salud!.