Aunque el fresco aún no le daba muerte al calor del día, la creciente oscuridad ya ayudaba a concentrarse y platicar hasta con uno mismo. Bueno, me dije, el país no quiere medias tintas… Algunos piensan en el milagro de una “cuarta” transformación, otros en el terrible fracaso que por temor o mala leche se ha venido anunciando.
Confirmamos hoy diversos riesgos al acecho, así como oportunidades no tan grandes ni probables. Son, pues, las peores o las mejores perspectivas posibles, ya sean anhelos o ilusiones, temores o amenazas. Hasta hay fantasmas y villanos teatrales.
Estas semanas dominan los elogios y aplausos a lo que señale el líder victorioso, en tanto que sus fieles descalifican cualquier crítica o discrepancia como presagio de tiempos amenazantes. Hasta nuestro vecino anti-mexicano pretende llevar agua a su molino con lisonjas intencionadas, pero resulta positivo que el presidente electo sea alguien tan ladino y desconfiado. No nació ayer, escucho.
Y concluyen que, entre otros factores, la impaciencia con el cambio gradual hizo que en esta elección la sociedad buscara un cambio más radical, aunque el problema no era el gradualismo sino la insensible distracción de las élites públicas y privadas con hechos vergonzosos que han quedado impunes. Esto se volvió insostenible y nutrió el amplio movimiento en demanda de cambios, que rebasaba al candidato.
Se encuentra AMLO en posición de hacer muchas cosas… buenas y malas. Ante enormes expectativas a partir del rechazo al statu quo, muestra ánimo y optimismo para actuar y resolver. Ni siquiera necesita acuerdos parlamentarios y tiene el respaldo de una opinión pública para la que “las cosas inevitablemente van a mejorar” con base en sentimientos y emociones, más que razones (Liébano Sáenz, Milenio, 28/VII).
Habrá que tener en cuenta los tiempos y las dificultades para los proyectos ambiciosos, no sólo en lo político y lo presupuestal sino en cuanto a capital humano y normas o procesos que limitan la discrecionalidad. De nada servirán los prejuicios contra empleados públicos a los que se piensa correr o reducirles sus sueldos, ya que lastiman la capacidad y disposición de quienes operan el gobierno.
¿Recortes al gasto público? Por supuesto. Pero, ojo, no en tonterías tan populares como contraproducentes. Hay opciones más importantes aunque todas queden lejos del ahorro de 500 mil millones de pesos que se ha planteado: digamos, disminuciones drásticas en los recursos asignados a los partidos políticos y las cámaras de Diputados y Senadores. Igual existen márgenes para reducciones en nóminas públicas, si bien no tan grandes ni tan burdos como se han propuesto.
López Obrador entiende que la economía lo limita, pues en ese ámbito los errores o caprichos se pagan muy caros. Y sobresale así que, a falta de otros, el mercado no deja de ser “un contrapeso soberano”. Aquí, al parecer, su principal asesor económico desdeña que los mercados pueden contribuir a generar crecimiento, riqueza, empleos y productividad, con un potencial positivo que resultaría inverso al de crear pobreza o distribuirla.
Hemos reconocido buenas y excelentes nominaciones hacia el próximo Gabinete ampliado, e igual las hay regulares y malas o patéticas. Se incluyen ya cuates y paisanos (tabasqueños, en lugar de mexiquenses) que garantizan lealtad pero no capacidad, lo que sugiere algo que siempre he pensado y leí hoy en las redes: Corrupción también es aceptar un cargo público sin estar capacitado para él.
No es fácil imaginarse a Andrés de estadista. Tendría que gobernar para todos los mexicanos, no sólo para su partido y sus creencias personales ni para ciertos segmentos de la población, sino tomar en cuenta los poderes Legislativo y Judicial aunque no los necesite tanto, igual que las palabras de Juárez sobre “defender y sostener las instituciones”. Fíjense, quizá parezcan fantasías shakesperianas pero no son imposibles.
En México, como en otros países, el liberalismo ha cedido ante el descontento y las tendencias populistas que, además de condenar la desigualdad, dan votos a quienes más prometen aunque no estén para gobernar. De hecho, el liberalismo político y económico falló al desatender muchos ciudadanos y, en especial, al no compensar a los perdedores… Ahora tendrá que armar una crítica constructiva desde la oposición.
Lo reitero. No nos puede ir tan mal a partir de esperanzas tan grandes aun frente a tantos problemas. La de López Obrador, será una enorme responsabilidad pero al seguir sus comienzos ya no estoy tan seguro de que lo entienda. Comenté en este espacio el entusiasmo que me produjeron sus primeras palabras tras la amplia victoria, aunque luego ciertos impulsos y nombramientos me han desconcertado.
Deberá serenarse, coincidirán ustedes, y revisar con anticipación sus principales decisiones. Que vaya rápido está muy bien, pero igual será que le analicen lo básico a sus corazonadas y a los consejos de amigos y académicos que no resultan nada cercanos a la realidad y la actualidad. Eso es todo.
Más que ensueños, sus proyectos podrán ser referentes válidos aunque aún no estén debidamente evaluados en sus costos y beneficios, o sus tiempos y estrategias. Claro, esto es inescapable en decisiones críticas (modelo educativo, nuevas refinerías, descentralización de burocracias o de industrias, embates contra funcionarios). Y, aun con una larga luna de miel, tendrá que despertar a la realidad… dice una voz.
En fin, ¿se empecinará don AMLO o acaso se habrá de lucir al escuchar y corregir a tiempo? ¿Viviremos una tragedia o, mejor, un contentamiento?
Veo ya las primeras luces del amanecer y debo enviar el texto al periódico. Me quedo con la inquietud de que al futuro presidente nunca lo contradice su gente y eso le facilitará que se equivoque, pero podrá ir cambiando y mejorando él mismo para estar en posibilidad de cambiar y mejorar a México. Así de sencillo, así de escabroso… nos dice otra voz.
Recordemos que Marco Tulio Cicerón nos advertía: La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio. Aquí me he escuchado yo solo pero ojalá que, por todos los mexicanos, otros también revisen estos temas.
* EL ESTADO SE ENCUENTRA en una situación muy difícil, pero no creo que deba ubicarse entre los que vean irse a sus gobernadores estos años. Con la excepción del caso de Horacio Sánchez Unzueta, San Luis Potosí ya ha tenido sus dosis de inestabilidad y malas experiencias en esos avatares.
cpgeneral@gmail.com
@cpgarcieral
Confirmamos hoy diversos riesgos al acecho, así como oportunidades no tan grandes ni probables. Son, pues, las peores o las mejores perspectivas posibles, ya sean anhelos o ilusiones, temores o amenazas. Hasta hay fantasmas y villanos teatrales.
Estas semanas dominan los elogios y aplausos a lo que señale el líder victorioso, en tanto que sus fieles descalifican cualquier crítica o discrepancia como presagio de tiempos amenazantes. Hasta nuestro vecino anti-mexicano pretende llevar agua a su molino con lisonjas intencionadas, pero resulta positivo que el presidente electo sea alguien tan ladino y desconfiado. No nació ayer, escucho.
Y concluyen que, entre otros factores, la impaciencia con el cambio gradual hizo que en esta elección la sociedad buscara un cambio más radical, aunque el problema no era el gradualismo sino la insensible distracción de las élites públicas y privadas con hechos vergonzosos que han quedado impunes. Esto se volvió insostenible y nutrió el amplio movimiento en demanda de cambios, que rebasaba al candidato.
Se encuentra AMLO en posición de hacer muchas cosas… buenas y malas. Ante enormes expectativas a partir del rechazo al statu quo, muestra ánimo y optimismo para actuar y resolver. Ni siquiera necesita acuerdos parlamentarios y tiene el respaldo de una opinión pública para la que “las cosas inevitablemente van a mejorar” con base en sentimientos y emociones, más que razones (Liébano Sáenz, Milenio, 28/VII).
Habrá que tener en cuenta los tiempos y las dificultades para los proyectos ambiciosos, no sólo en lo político y lo presupuestal sino en cuanto a capital humano y normas o procesos que limitan la discrecionalidad. De nada servirán los prejuicios contra empleados públicos a los que se piensa correr o reducirles sus sueldos, ya que lastiman la capacidad y disposición de quienes operan el gobierno.
¿Recortes al gasto público? Por supuesto. Pero, ojo, no en tonterías tan populares como contraproducentes. Hay opciones más importantes aunque todas queden lejos del ahorro de 500 mil millones de pesos que se ha planteado: digamos, disminuciones drásticas en los recursos asignados a los partidos políticos y las cámaras de Diputados y Senadores. Igual existen márgenes para reducciones en nóminas públicas, si bien no tan grandes ni tan burdos como se han propuesto.
López Obrador entiende que la economía lo limita, pues en ese ámbito los errores o caprichos se pagan muy caros. Y sobresale así que, a falta de otros, el mercado no deja de ser “un contrapeso soberano”. Aquí, al parecer, su principal asesor económico desdeña que los mercados pueden contribuir a generar crecimiento, riqueza, empleos y productividad, con un potencial positivo que resultaría inverso al de crear pobreza o distribuirla.
Hemos reconocido buenas y excelentes nominaciones hacia el próximo Gabinete ampliado, e igual las hay regulares y malas o patéticas. Se incluyen ya cuates y paisanos (tabasqueños, en lugar de mexiquenses) que garantizan lealtad pero no capacidad, lo que sugiere algo que siempre he pensado y leí hoy en las redes: Corrupción también es aceptar un cargo público sin estar capacitado para él.
No es fácil imaginarse a Andrés de estadista. Tendría que gobernar para todos los mexicanos, no sólo para su partido y sus creencias personales ni para ciertos segmentos de la población, sino tomar en cuenta los poderes Legislativo y Judicial aunque no los necesite tanto, igual que las palabras de Juárez sobre “defender y sostener las instituciones”. Fíjense, quizá parezcan fantasías shakesperianas pero no son imposibles.
En México, como en otros países, el liberalismo ha cedido ante el descontento y las tendencias populistas que, además de condenar la desigualdad, dan votos a quienes más prometen aunque no estén para gobernar. De hecho, el liberalismo político y económico falló al desatender muchos ciudadanos y, en especial, al no compensar a los perdedores… Ahora tendrá que armar una crítica constructiva desde la oposición.
Lo reitero. No nos puede ir tan mal a partir de esperanzas tan grandes aun frente a tantos problemas. La de López Obrador, será una enorme responsabilidad pero al seguir sus comienzos ya no estoy tan seguro de que lo entienda. Comenté en este espacio el entusiasmo que me produjeron sus primeras palabras tras la amplia victoria, aunque luego ciertos impulsos y nombramientos me han desconcertado.
Deberá serenarse, coincidirán ustedes, y revisar con anticipación sus principales decisiones. Que vaya rápido está muy bien, pero igual será que le analicen lo básico a sus corazonadas y a los consejos de amigos y académicos que no resultan nada cercanos a la realidad y la actualidad. Eso es todo.
Más que ensueños, sus proyectos podrán ser referentes válidos aunque aún no estén debidamente evaluados en sus costos y beneficios, o sus tiempos y estrategias. Claro, esto es inescapable en decisiones críticas (modelo educativo, nuevas refinerías, descentralización de burocracias o de industrias, embates contra funcionarios). Y, aun con una larga luna de miel, tendrá que despertar a la realidad… dice una voz.
En fin, ¿se empecinará don AMLO o acaso se habrá de lucir al escuchar y corregir a tiempo? ¿Viviremos una tragedia o, mejor, un contentamiento?
Veo ya las primeras luces del amanecer y debo enviar el texto al periódico. Me quedo con la inquietud de que al futuro presidente nunca lo contradice su gente y eso le facilitará que se equivoque, pero podrá ir cambiando y mejorando él mismo para estar en posibilidad de cambiar y mejorar a México. Así de sencillo, así de escabroso… nos dice otra voz.
Recordemos que Marco Tulio Cicerón nos advertía: La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio. Aquí me he escuchado yo solo pero ojalá que, por todos los mexicanos, otros también revisen estos temas.
* EL ESTADO SE ENCUENTRA en una situación muy difícil, pero no creo que deba ubicarse entre los que vean irse a sus gobernadores estos años. Con la excepción del caso de Horacio Sánchez Unzueta, San Luis Potosí ya ha tenido sus dosis de inestabilidad y malas experiencias en esos avatares.
cpgeneral@gmail.com
@cpgarcieral

