Evaluando Congresos

(Primera parte)

Muchas voces se levantan, se dejan oír, se escuchan por lo alto y por lo bajo, ponderando y alabando las evaluaciones que se hacen de legisladores y Congresos. Pocos se detienen a pensar en lo banal que resulta.
Los Poderes Legislativos son órganos colectivos y, como tal, se conforman de pluralidad de individuos que tienen una entidad diferente del resultante; los Congresos son congregaciones, con personalidad propia y distinta de sus componentes. Por eso, evaluar Diputados y asignarles puntuaciones no redunda en valoraciones del propio Congreso, ya que la calificación de éste no es la suma de las que corresponden a cada una de sus partes.
No hay en las constituciones, en las leyes orgánicas o en los reglamentos internos de cada uno de los Poderes Legislativos, federal o locales, un listado de obligaciones o facultades de los Diputados como individuos; solo funcionan como tal en asamblea, en grupo, ya en Pleno, Comisión o Comité. De ahí que decir que un Diputado tiene obligación de presentar iniciativas o puntos de acuerdo, es una falacia. La obligación de los Diputados en legislar, lo que solo se logra en grupo, no por sí solo cada legislador.
Las iniciativas pueden ser presentadas, por ejemplo en San Luis Potosí, hasta por un solo ciudadano, quien no tiene legalmente mayor obligación de presentar tales iniciativas que un Diputado, pues a ninguno de los dos se les impone como tal. Por eso no podríamos decir que un ciudadano deba ser mal evaluado por desentenderse de su ciudadanía, no enviando propuestas de ley o reforma al Congreso. Y lo mismo con los puntos de acuerdo.
Y, ¿si las iniciativas caducan, ees punto malo para el Diputado? ¿Ignoran los evaluadores lo complejo que resulta hacer una ley o una reforma y, por tanto, deben sujetarse a un plazo específico y forzado? La caducidad legislativa es una tontería, importada de la incomprendida y mal leída caducidad de urgencia de la legislación chilena. Es lo malo de quienes presentan iniciativas luego de pasear por internet, que es lo que pareciera quisiéramos de nuestros legisladores, más que buenas leyes, muchas leyes.
Tomada de ideas empresariales, evaluar un Congreso significaría medir su eficacia, su eficiencia y su productividad. ¿Eso se hace con la cita estadística de faltas de asistencia, retardos, propuestas de iniciativas de ley o puntos de acuerdo? ¿Muchas iniciativas aprobadas hacen un mejor Congreso, aunque sean insulsas, absurdas o inútiles? ¿Es mejor un Congreso donde los Diputados son niños bien portados, que llegan peinaditos y bien vestiditos, todos, a las sesiones, todos toman la tribuna, todos presentan propuestas, pero el resultado es inútil socialmente, son inejecutables? Pues para los evaluadores, parece que sí.
Lo que debe evaluarse es el Congreso en su conjunto, a partir de sus frutos u omisiones, pero no sumando calificaciones de sus integrantes, pues entonces, lo que se propicia, es que los integrantes del Poder Legislativo quieran puntuar en estadística y llenen las sesiones de Pleno y Comisiones de iniciativas que a nada conducen y que se aprueban como intercambio de favores para que todos puedan subir su calificación y no sean señalados por los medios de comunicación que han comprado esa cortina de humo que es la evaluación que se hace hoy een día a los legisladores.
La semana próxima seguiré adelante con este tema, pues me parece que el daño causado por los evaluadores frente a la opinión pública es mayor que el que solitos, por sí mismos, causan los legisladores a los Poderes Legislativos.
Me despido por hoy con una nota final, sobre el tan traído y llevado desayuno empresarial de la semana pasada: cuando a alguien lo invitan a un desayuno, va porque se le antoja ir; si llega y se da cuenta que lo engañaron o no le gusta, puede irse; si va al desayuno y se queda, que no alegue incomodidad cuando se le pregunta después sobre la razón de su asistencia: no se vale contestar con frases como “no quería estar ahí” o “no sabía quiénes iban a ir o de que se iba a tratar”, cuando la invitación era tan clara y evidente, y su amplia sonrisa en las fotos demuestra todo menos disgusto. Normalmente la coherencia y la dignidad no están en las listas de invitados, pero no importa, no las necesitan para ir a desayunar.

@jchessal