Familia y escuela Capítulo 129: Inclusión: Blanco o negro
Resulta muy interesante darnos cuenta que hemos sido formados y educados culturalmente con base en dicotomías, como parte de esas etiquetas que vamos imponiendo a personas y sucesos que se nos van presentando día a día.
Es entonces que vamos catalogando o juzgando todo cuanto sea necesario de clasificar, solo en dos apartados: bueno o malo, bonito o feo, éxito o fracaso, gordo o flaco, inteligente o “burro”, valiente o cobarde y muchos ejemplos más, sin la posibildad de asignar clasificaciones intermedias.
Es muy probable que esta forma de asignar etiquetas esté en función de lo que ocurre en la naturaleza y es entonces que se presenten diferencias entre hombre y mujer, entre el día y la noche, el sol y la luna, la vida y la muerte, lo sano y lo enfermo entre otros casos y que, como extensión, se aplique solo desde polos opuestos a los juicios humanos.
Sin duda que una de las clasificaciones dicotómicas que más ha influido en el trato social entre las personas es la de los colores, específicamente entre lo blanco o lo negro.
Desde luego que la simbología de los colores se ha ido transformando con el tiempo y la evolución de las cultras; de origen, el color blanco simboliza la paz, la pulcritud, la salud, la pureza y la bondad; por su parte, el color negro está asociado con la oscuridad, lo misterioso y oculto, en algunas ocasiones con el dolor, muerte y luto, pero también es muestra de elegancia y formalidad.
El ejemplo más claro lo tenemos con los rituales religiosos para las uniones y bodas en lugares en donde los contrayentes adoptan y deciden unirse por las normas cristianas, específicamente las católicas; en ellas, la mujer casi invariablemente luce un atuendo de color blanco, en tanto que el hombre viste de color negro, como simbolismo no de luto o muerte, sino de formalidad y elegancia.
El aspecto que considero de entera gravedad en la aplicación de esta dicotomía de colores, sin duda es la que concierne a las actitudes y políticas racistas, en donde grandes grupos de personas actúan, difunden y manifiestan el odio hacia otras personas por su tono de piel, pero que se ha ido extendiendo hacia sus costumbres y formas culturales.
El proferir la palabra “negro” debiera ser de uso común, sin embargo, cuando ésta se utiliza con un tono y en un contexto en donde resulta claro que la intención es agredir o caracterizar a alguien como inferior y con rasgos que no son los que la “supremacía blanca” acepta, es cuando el significado original de esta palabra se tergiversa.
No es solo con la situación histórica en donde era aceptado el esclavismo, sino que en tiempos actuales sigue prevaleciendo ese odio; ya han ocurrido situaciones a nivel mundial en partidos de futbol, programas televisivos, concursos de belleza; incluso, en Estados Unidos de Norteamérica y después de diferentes luchas raciales significativas y la llegada del primer presidente negro Barack Obama, no sin recibir ofensas del propio pueblo norteamericano, incluso el mismo personal de la casa blanca se atrevieron a denostar la figura de su esposa diciendo: “…Estoy cansada de ver una mona (chimpancé, chango) en tacones”.
En los países latinoamericanos no es mejor el uso del término, demostrando un total deconocimiento de nuestra historia y orígenes raciales; no es solo la cruza entre españoles e indios que daba origen a la rama de mestizos, ni los hijos de españoles nacidos en América que resultaba en criollos, sino la gran cantidad de razas que vinieron después: africanos, chinos, franceses, árabes y un largo etcétera.
Basta con voltearnos a ver y darnos cuenta que somos muy distintos físicamente: tonos de piel, estaturas, tipo y color de ojos, nariz, cabello; en fin, el caso es que aún así existe el prejuicio por los tonos de piel negro y variaciones que poseemos:
Padre de familia: “…ya nació mi hijo, esta my bonito, guerito, guerito, guerito…”
Maestro de educación secundaria: “…tú, si tú, el moreno, pasa al pizarrón…”
En efecto, la enseñanza hacia la promoción de una cultura de la inclusión depende de todos, cada quien desde su propio ámbito, la familia, la escuela, los medios de comunicación y todas las formas de socialización que estén a nuestro alcance.
Comentarios: gibarra@uaslp.mx
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