Familia y escuela Capítulo 150: Todos somos educandos y educadores
Iniciemos con una premisa: La educación no está únicamente en la escuela; es un proceso social y ocurre en cualquier tiempo y lugar en donde interactúen personas, incluso, en situaciones virtuales o de manera individual.
No solo educan los profesionales de la docencia; si bien es cierto, éstos se preparan profesionalmente para ejercer su labor de manera científica y técnica, sin embargo, el proceso de enseñar y aprender ocurre de manera casi natural, en ocasiones imperceptible, sin proponérselo y sin haber sido capacitado para ello.
Bien sea por repetición o imitación, por medio de instrucciones precisas, por descubrimiento o búsqueda de soluciones a situaciones cotidianas de la vida; de acuerdo con la edad, con el contexto social y cultural en el que se desarrolle, con la urgencia de sufragar alguna necesidad o con la paciencia del tiempo suficiente para asimilarlo; el caso es que el aprendizaje ocurre.
De igual forma recordemos que las escuelas no siempre existieron, lo que no significa que la educación tampoco; por el contrario, con ellas o sin ellas, los conocimientos, las habilidades, las actitudes, las costumbres y demás saberes necesarios para la existencia cotidiana seguían fomentándose y poniéndose en práctica, sin necesidad de una calificación aprobatoria o alguna certificación que corroborara que lo había aprendido.
Una vez que la educación se formalizó, lentamente se comenzó a conferir esa actividad de manera casi exclusiva a las instituciones que van desde secretarías y ministerios, estructuras burocráticas y administrativas, con la encomienda de hacerla legalmente operativa, teniendo como último eslabón y encargado de la implementación final ante la sociedad de este proceso educativo, a los profesores y profesoras de los distintos niveles educativos.
Con lo anterior, muchos sectores de la población pierden de vista la premisa con la que iniciamos este artículo: “La educación no está únicamente en la escuela…”, provocando el desentendimiento y el excluir su participación consciente y activa.
Decía Paulo Freire: “Nadie educa a nadie, los hombres se educan entre si con la mediación del mundo”.
Educar en esta perspectiva social y situada en el contexto en donde nos desenvolvemos, remite a ser y estar consciente que no es necesario haber sido formado para desarrollar esta profesión, ni saber preparar técnicamente una clase; basta con entender que desde nuestro espacio y con nuestro actuar, nuestras actitudes, mensajes, formas de resolver situaciones y todo lo que provocamos en quienes nos rodean, estamos desarrollando a cada momento clases magistrales para ellos, las cuales son apreciadas, comprendidas, imitadas y hasta cuestionadas.
En verdad que todos somos educandos y en determinado momento transitamos a ser educadores: los que somos papás y fuimos educados en nuestras familias y ahora tenemos ante sí el reto de educar a nuestros hijos.
El comunicador y los medios de difusión, quienes al estar frente a su audiencia presencial o virtual emiten mensajes que serán verdaderas lecciones para quienes los reciben; los trabajadores de la salud al enseñar con sus labores, verdaderas cátedras de educación preventiva; los ministros de culto, sacerdotes y promotores religiosos, al difundir su discurso y acciones para fomentar la fe y el amor al prójimo.
Educan también, los servidores públicos y los políticos, estos últimos con sus mensajes y acciones sociales; los militares, marinos y cuerpos de seguridad y vialidad; los dueños de empresas, los negocios establecidos y hasta el más pequeño del comerciante ambulante enseñan formas de producción, distribución y consumo de bienes y servicios.
Desde luego que, por formación, lo hacen los docentes, pero para el caso de éstos, deben estar conscientes que no es solo la técnica la que domina el proceso, sino una visión integral mediante la cual toda situación planeada o no, es motivo de aprendizajes; de esta manera, desde que un maestro o maestra entra a un salón de clases y se planta frente a sus alumnos, con su sola presencia, actitudes y la forma de dirigirse a ellos, ya está comenzando su enseñanza.
Creo que es claro, todos somos en algún momento alumnos, pero también todos somos maestros y educadores, en donde estemos, con quien estemos y en la actividad en la que nos desenvolvamos; ser partícipe de este proceso es inevitable, por lo que más vale que lo tengamos presente.
Comentarios: gibarra@uaslp.mx
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