Familia y escuela Capítulo 205: Lecciones olvidadas 5: La autoconfianza
A lo largo del proceso educativo, tanto formalizado en escuelas, como aquel que se lleva a cabo de manera formativa en familias y diferentes espacios sociales, se van dejando de lado ciertos elementos que son tanto o más importantes que los conocimientos científicos o técnicos a los que somos sometidos mediante rutas de enseñanza y aprendizaje.
Dichos elementos conforman y refuerzan las diferentes habilidades, actitudes y percepciones que el individuo tiene acerca de las capacidades con las que cuenta para desarrollar adecuada y exitosamente una tarea; me refiero a la autoconfianza.
Tal parece que, el hecho de confiar o tener fe en uno mismo, se ha dejado de lado como un aspecto a enseñar, fomentar y potenciar, sobre todo, por considerarlo como algo que cada persona debería desarrollar y permitir que cada uno logre mencionar “soy capaz” o bien “yo puedo”.
Sin embargo, hemos estado viviendo un proceso educativo de “mecanización” y de dejar la confianza en nosotros mismos en manos de aparatos, programas, aplicaciones, inteligencia artificial; además de todos los elementos virtuales que han provocado que la vida de las personas sea “más moderna y cómoda”, confiando ciegamente en procesos automatizados, como es el caso de la educación, recreación, consultas médicas, apoyo emocional y hasta la conducción de transporte aéreo y terrestre sin que intervenga materialmente la mano, el razonamiento y la decisión del hombre.
Todo lo anterior, aunado a los procesos culturales, económicos, administrativos, sentimentales y de pareja y, en general, todas las acciones de interacción social cotidiana, en los cuales se ha depositado plenamente la confianza en las máquinas, la tecnología y en todos los adelantos virtuales de la sociedad del conocimiento, ha llevado a literalmente dejar de lado el promover y fomentar la confianza en uno mismo.
¿Para qué enseñar, promover y fomentar la autoconfianza?
Si tomamos en cuenta que esta cualidad implica el estar seguros de nosotros mismos, de nuestras capacidades, habilidades, talentos, áreas de oportunidad y de mejora; así como de estar ubicados en el tiempo y contexto en donde nos toca echar mano y estar conscientes de esas capacidades, creo que se explica por sí misma la importancia de su desarrollo y enseñanza.
Además de devolverle a las personas, precisamente esa cualidad de humano, con toma de decisiones por cuenta propia convertidas en aciertos y errores, ambos como medio de enseñanza y aprendizaje integral para la vida.
La generación de autoconfianza desde que somos pequeños va sembrando diferentes beneficios que se ven reflejados en la conformación propositiva de la personalidad de cada uno; tenemos logros en la autoestima equilibrada, toma de decisiones fundamentadas, elección de rutas de vida equilibrada y abierta a siempre mejorar; actitudes de resiliencia ante fracasos y negativas y muchos elementos más, como cosecha de estar confiados en nosotros mismos.
En las familias, el generar acciones que impliquen prácticas y actitudes en donde se les otorgue responsabilidad, decisiones y creación de proyectos por cuenta propia, aún siendo niños pequeños, prepara a sus miembros hacia la inevitable separación y desapego de los mayores, entendiendo que, no siempre los padres estarán para decidir por ellos cuando tengan que confrontar situaciones de peligro, estilos y formas de recreación, estudios y el encuentro con el consumo de sustancias y contenidos nocivos.
En las escuelas, resulta de enorme importancia el desarrollar la confianza en los propios estudiantes de cualquier nivel educativo, para provocar la ruptura tradicionalista en las formas técnicas de enseñanza y aprendizaje, en donde los profesores son la única fuente para adquirir el conocimiento, provocando que los alumnos, por decisión personal, accedan a todo el cúmulo de conocimientos que deseen adquirir o que necesiten para desarrollar sus proyectos e iniciativas.
Esto último se denomina autoaprendizaje y comienza toda vez que se tiene confianza en las capacidades y habilidades propias; sin esperar que alguien nos otorgue ese conocimiento en una clase evaluada numéricamente.
Sin duda, urge recuperar la autoconfianza, como esa lección olvidada, pero que como he comentado, es de vital importancia para el desarrollo humano integral.
Comentarios: gibarra@uaslp.mx
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