Familia y escuela Capítulo 236: La huella dactilar en educación
Siempre se ha afirmado que somos seres únicos e irrepetibles, que cada persona es diferente a otra, no solo en aspectos físicos sino también en todas las dimensiones que nos integran; es así como cada ser humano muestra características muy personales y específicas que dan cuenta de nuestra individualidad.
De hecho, lo anterior se ve corroborado, al menos desde las diferencias físicas denominadas: datos biométricos, como las características del rostro, el iris de los ojos, las huellas dactilares y otras más, al mostrar información única de cada individuo; por ello, son usadas como método de identificación natural, lo que permite que, de manera segura, se pueda demostrar y autentificar que somos nosotros y que, a su vez, somos diferentes a los demás.
Es un hecho que cada individuo es diferente al otro, entonces: ¿por qué la educación insiste en formarnos como si todos fuéramos idénticos?
No importando las diferencias existentes entre los individuos, la educación escolarizada unifica en grandes bloques los contenidos y las edades en las que éstos se deben aprender; se diagnostica y evalúan las capacidades de las personas con exámenes estandarizados y con pruebas en las que todos los implicados deben responder de manera única y correcta, para demostrar que se han acreditado todas las enseñanzas recibidas.
Tal pareciera que esta forma de desarrollar los aprendizajes, se tratara de un control de calidad industrial, en donde todas las piezas producidas deben responder a un patrón y diseño previamente planeado, con trabajadores encargados de verificar cada etapa, provocando siempre los mismos resultados, con las mismas medidas y estándares de elaboración, desechando los productos que no obtuvieron el nivel de calificación requerido.
Desde luego que, en esta óptica, quedan borradas todas las características individuales que nos identifican externa e internamente, las han omitido al agregarnos en una larga fila de personas preparadas y listas para desempeñarse en el sistema social de manera siempre igual y con las condiciones necesarias para “el éxito” el cual también está programado de qué forma ocurrirá; para todo ello, la esencia de cada uno se desvanece.
No obstante, y pese a todas las características y prácticas educativas deshumanizantes por las que pasamos, subsiste una huella que permanece indeleble en el proceso formativo, tal como si fuera una huella dactilar original y única en cada persona que enseña o que aprende; me refiero a esa característica que de manera individual se muestra en cada espacio, momento o situación de enseñanza y aprendizaje.
Por un lado, quienes estamos del lado de la enseñanza, bien sea padres de familia, comunicadores, maestros y en general todos aquellos que dirigen un proceso ante personas, no obstante que fomentemos el mismo contenido, acción o actividad, tenemos una gran diferencia al desarrollar y guiar a quienes están bajo nuestra responsabilidad; es decir, todos tenemos una forma diferente de realizar y ejecutar nuestra acción formativa; distintos lenguajes y maneras de hablar, de conducir y crear ambientes favorecedores; múltiples técnicas y recursos los cuales, sin duda, nos hacen diferentes y demuestran nuestro propio y característico estilo para llevar a cabo este proceso.
Padres de familia dentro de su ámbito familiar; comunicadores en su espacio y medio para difundir sus ideas; maestros en su aula física o espacio virtual; jefes de área o departamento de la empresa donde trabajan; todos ellos implantan su propia huella dactilar educativa.
Los alumnos y todos aquellos que aprendemos de los demás, en cualquier espacio y circunstancia formativa escolar o espontánea, traducimos y reinterpretamos cada enseñanza recibida, cada uno de manera diferente; no obstante que se nos haya enseñado de manera unívoca e inamovible, cada quien de acuerdo con su circunstancia o contexto, reacomodamos y hasta llegamos a desechar lo aprendido por nuevos conocimientos científicos o empíricos; es decir, implantamos nuestra propia huella dactilar educativa.
La educación no es un proceso fijo y estático, no importando que sean conocimientos que hayan sido instituidos desde hace cientos de años, lo que hace que se les atribuyan características de dinamismo y flexibilidad, es precisamente el desarrollo y actualizaciones que la propia dinámica social va imponiendo; pero también, de manera muy importante, la huella que vamos imprimiendo en cada acción educativa.
El dejar evidencia de nuestra persona y sus características cual, si fuera una huella dactilar de toda nuestra existencia, es un ideal que todo proceso educativo y formativo debiera de buscar.
Comentarios: gibarra@uaslp.mx




