Felices los cuatro

Seguro en los últimos días Usted se habrá preguntado cuestiones sobre la difícil convivencia de los partidos de las coaliciones electorales nacionales que van en segundo y tercer lugar de las encuestas, me refiero a la que postula a Ricardo el Cerillo Anaya Cortés, integrada por el Partido Acción Nacional PAN, el Partido de la Revolución Democrática PRD y el Movimiento Ciudadano MC; y a la que postuló a José Antonio Meade Kuribreña, formada por el Partido Revolucionario Institucional PRI, el Partido Verde Ecologista de México PVEM, y Nueva Alianza PANAL, esa última se llama Todos por México.

Y no es para menos, resulta que las dichas coaliciones a nivel nacional no lo son en realidad, ambas están incompletas, van en algunos lados cada cual por su lado, y en lo local la mezcolanza es aún más difícil de entender, lo que contrasta con la que postula al puntero Andrés Manuel López Obrador AMLO, integrada por MORENA, el Partido del Trabajo PT y Encuentro Social PES, que se llama Juntos haremos historia, y se extiende a lo largo y ancho del país, también en lo local, prácticamente en todo el territorio nacional.

Primera lectura de esos desaguizados: la tremenda dificultad de llegar a acuerdos que tuvieron partidos tan disímbolos como el PAN y el PRD; que en el caso de cada coalición es diferente, pero en el fondo lo mismo, pues evidencían un margallate de proporciones épicas, mire Usted:

Pongamos dos ejemplos que seguro todos vamos a entender, el primero, Jalisco, en donde la fuerza del Movimiento Ciudadano –en realidad de su carismático líder Enrique Alfaro Ramírez, alcalde de Guadalajara– y el tradicionalismo totémico del PAN tapatío les divorció de inmediato, ahí van sueltos, llevando una amplia delantera el candidato del MC, y cuando ha acudido el atribulado Cerillo a hacer campaña prefiere la popular compañía del Movimiento Naranja; el segundo ejemplo es San Luis Potosí, en donde a nivel federal van todos muy bien portados integrando la coalición cerillista, pero a nivel local se han dividido en fracciones atómicas, según cada pueblo y villa corresponda, haciendo literalmente imposible determinar si son aliados o enemigos jurados.

Para muestra las recientes afirmaciones del copropietario de eso que llaman “gallardía” y que ni Dios sabe que cosa sea, pero que encaja en varios tipos penales, José Ricardo Gallardo Cardona, el que haciendo gala de una oratoria propia de un presentador de partidos gallísticos en un palenque de pueblo pobre -dirá Usted que cómo es uno de mula, pero siempre me ha parecido que cuando toma el micrófono lo que va a decir es “salgan, salgan camoninas…” o que iniciará a recitar los números–, pues total que el sujeto de marras ya ambientado expresó en un mitin, “… yo les estoy pidiendo el voto del Senado para abajo, si a Presidente de la República quieren votar por otro, no nos importa…”

El desprecio polleril hacia el inocente Cerillo es tajante, siendo que el constructor de naves industriales tanto los procuró y les dio su lugar, incluso en desdoro de la militancia panista, y he ahí la segunda lectura… esos plumíferos ya traen sus correrías en otros corrales.

Alguien le hizo creer a Ricardo Anaya que sus tocayos potosinos, sumos pontífices de la Plaga Pajiza, eran de fiar, y que contaría con los votos de su clientela electoral.

Pues como podemos observar, y dadas esas fuertes afirmaciones vertidas por el candidato del PAN-PRD-MC a diputado federal por el segundo distrito de San Luis Potosí, Ricardo Anaya tendrá que pedirle a don Fernando el Calolo Pérez Espinosa que le recomiende algún remedio para la muina derivada de la traición aviar.

Esa jugarreta ya la hicieron los ricardos Gallardo, sin pudor alguno, y hasta orgullosos, como todo mundo sabe, en agravio del Calolo, y en impúdico beneficio de Juan Manuel Carreras López. Ahora ya puede Usted intuir por qué causa son tan íntimos, y el por qué de muchas decisiones que absurdamente tomó el PRI en la postulación de candidatas y candidatos en la zona metropolitana de nuestra capital, ¿a poco creía Usted que eran errores?

La reunión entre el eximputado por lavado de dinero, o su padre, con el candidato presidencial del PRI-PVEM-PANAL, y quizás el primer priista del Estado, ya fue dado a conocer puntualmente por el periodista Juan José Rodríguez, y tibiamente desmentido por el doctor Carreras, pero no por el resto de los circunstantes; lo que acordaron en la nocturnidad de dicha reunión seguramente será secreto un buen tiempo, pero ya se le ven las zancas.

Expuesto lo anterior es del todo justo que los militantes, simpatizantes y despitados posibles votantes de Ricardo el Cerillo Anaya estén atónitos, oiga, no es para menos.

Lo que hizo Anaya no fue construir una alianza potente, sino permitir que sus adversarios lo infiltraran, ahora ellos le saben todas las estrategias.
¿Con qué confianza puede ese grupo de votantes –importante y decisivo sin duda, puesto que aparece en segundo lugar prácticamente en todas las encuestas, con un promedio de 25 puntos porcentuales– ir a votar por una u otra opción si son los mismos candidatos aliados los que proclaman que voten diferenciado?
¿Puede Usted imaginar en cuantos municipios, distritos locales, distritos federales y estados de la República se está reproduciendo ese fenómeno de “sálvese quien pueda”? Yo le puedo asegurar que en todos, menos en aquellos en los que la alianza de partidos no fue forzada, sino natural, que son pocos.

Algo deberán decirnos –y decirles a los militantes de cada partido coaligado– los datos que arrojan las encuestas al Senado de la República, por qué parecen tan volátiles, tan engañosas para sus candidatas y candidatos, y en cambio parecen pétreas para los proyectos locales, por mucho que estén manchados por las sospechas de crímenes y asociación con los malos.

Anaya y los panistas de la era posmargaritosa deben caer en cuenta que han sido chamaqueados, que sin saberlo ni quererlo se volvieron protagonistas de la célebre canción de Maluma, “Felices los cuatro”, y que no parece haber redención ni remordimiento de las otras dos partes, todo lo contrario, lo están gozando.
Y si para los efectos del proceso electoral local tomaron decisiones queriendo evitar que les hicieran lo mismo, lo que hubiera podido ser un lance virtuoso, no me cabe la menor duda, puede ser escandaloso.

Ingenuidades
Ramón Martínez García alias “El Lagarto” –agresor cobarde e infame de doña Rosa Margarita Ortiz García, una potosina valiente y determinada que no se detuvo cuando la Justicia pretendía revictimizarla– finalmente fue condenado a 111 años de prisión, lo que constituye un acto elemental de reacción por parte del Estado. La condena, aún cuando es tardía y no repara los tremendos daños que ese infeliz ocasionó, sirve de ejemplo, queda fijo, para que nadie más se atreva a hacer lo mismo, ni siquiera a intentarlo. El aplauso es para ella, por su firmeza y grandeza de espíritu.

leonelserrato@gmail.com