Hace 70 años San Luis Potosí –capital, demás municipios y estado- seguía gobernado con mano férrea por Gonzalo Santos; era su último año de gobierno, iniciado en 1943. Dicen, decían y también él lo dejó asentado, que ese mismo año de 1948 había presentado a Miguel Alemán Valdés, al que sería su sucesor en la gubernatura, mas no en el control del estado, Ismael Salas Penieres.
El primero de septiembre el presidente Alemán leía ante el Congreso de la Unión su segundo informe de gobierno; en una plática posterior con periodistas de los diferentes medios acreditados en la presidencia, señalaba que el gobierno ha luchado con adversidades y no con situaciones fáciles; en esta acción el país está respondiendo con trabajo.
Alemán había tomado posesión el 1° de diciembre de 1946; rindió protesta en el Palacio de Bellas Artes, recinto oficial para aquel momento. El gabinete fue integrado por Héctor Pérez Martínez, en Gobernación; Jaime Torres Bodet, en Relaciones Exteriores; Ramón Beteta, en Hacienda; Manuel Gual Vidal, en Educación Pública; Nazario S. Ortiz Garza, en Agricultura y Fomento; Adolfo Orive Alba, en Recursos Hidráulicos; Rafael P. Gamboa, en Salubridad y asistencia; Gilberto R. Limón, en la Defensa Nacional; Luis Schaufelberger Alatorre, encargado del Despacho de Marina; Agustín García López, en Comunicaciones y Obras Públicas; Alfonso Caso, en Bienes Nacionales e Inspección Administrativa; Antonio Ruiz Galindo, en Economía; Andrés Serra Rojas, en Trabajo y Previsión Social; Francisco González de la Vega, en la Procuraduría General de la República; Carlos Franco Sodi, en la Procuraduría de Distrito y Territorios Federales (recordemos, según las clases de geografía nacional, que en esos años Quintana Roo y los territorios norte y sur de Baja California entraban en esa denominación); Mario Sousa, en el departamento Agrario; Fernando Casas Alemán, gobernador del Distrito Federal; y Rogerio de la Selva, secretario de la Presidencia.
La lista podríamos continuarla con subsecretarios; titulares de oficinas que hoy parecerían absurdas, y cambios ocurridos, pero es sábado y cómo que para qué les hecho a perder el día; lo que sí, vale la pena recordar por su posterior trascendencia a Ernesto P. Uruchurtu, subsecretario de gobernación; y por sus vínculos con San Luis Potosí, a Ignacio Morones Prieto, subsecretario de Salubridad y Asistencia, y a Manuel Tello Baurraud, subsecretario de Relaciones Exteriores.
* * *
En el mismo mes de septiembre de 1948, nuestro país iniciaría el pago de 81’250,000 dólares, más réditos, en quince anualidades, como compensación a las compañías petroleras expropiadas en 1938. Se inició, también una segunda etapa de la reforma agraria, que comprendía La mecanización de la agricultura, resolución del problema determinado por exceso de población campesina en algunas zonas del país, elevación del nivel económico, moral e intelectual del campesino, e intensificación de la producción agrícola.
Lo poco que se ha señalado muestra la cara progresista del sexenio, pero también es pertinente recordar que fue en éste dónde se inició con el corporativismo, el guarurismo, el influyentismo, los excesos al amparo del poder público, el enriquecimiento descarado, los conflictos de intereses (que era sencillo porque no los había, cuidaban los suyos; así de simple), la corrupción en una clase política que se definió, consolidó y trazó los derroteros que la han caracterizado durante poco más de setenta años.
Queda, a pesar de lo anterior, un aspecto, que si bien no exime a Alemán, si lo ubica como un gobernante a la altura de su encargo: la construcción de Ciudad Universitaria, cuya primera piedra fue colocada por Adolfo Ruiz Cortines, secretario de Gobernación, el 5 de junio de 1950.
Si bien, ya los proyectos, gestiones, y terrenos, se habían realizado y obtenido desde el sexenio de Manuel Ávila Camacho, fue el llamado cachorro de la revolución, quien logró dar inicio y concluir las más importantes obras, permitiendo su inauguración el 20 de noviembre de 1952.
***
Ingrata debe ser la titularidad de un poder ejecutivo, nunca –según las percepciones de los gobernados– se podrá estar al nivel de las exigencias, siempre las expectativas quedarán muy por debajo de los hechos. Habrá no obstante, algunos puntos de mérito rescatables dentro de los desempeños públicos; el problema mayor tanto para gobernantes, como para la ciudadanía, iniciará cuando ésta no perciba los hechos, y aquellos no hagan nada que demuestre lo contrario, o lo que es lo mismo, sean una nulidad.
El contraste de lo ocurrido hace setenta años con el transcurrir actual, lo mismo puede aplicarse al ámbito nacional que al local, en ambos espacios nada percibe la ciudadanía, no existe ni siquiera un comentario que con cierto desencanto pueda decir: pero al menos se hizo esto…, porque nada se hizo y nada ocurrió.
Mientras el jefe del ejecutivo nacional en la búsqueda de una salida, si no indulgente, al menos digna, se dedica a reconocer los errores y fallos ocurridos durante su sexenio, el jefe del ejecutivo local, pareciera buscar un refugio en algún entorno que le permita mantenerse alejado de todas las realidades posibles. Adversidades que se niegan y no se enfrentan.
Seguimos en un estado sin inseguridad, con garantías plenas para cualquier ciudadano, sin corrupción, sin violencia de género, sin problemas de tipo alguno, sin legisladores, sin secretarios, sin gobernador. Triste será, en este caso, que ningún acto de gobierno realizado hasta ahora, contribuya a atenuar los yerros y omisiones del sexenio que se desmorona, y desmorona a un estado. Está como la reforma agraria, ni vuelta a amasar.
Dicen los que saben, y los que no, repiten, que hoy es sábado social; disfrútenlo pero no se excedan.
óscar g. chávez
El primero de septiembre el presidente Alemán leía ante el Congreso de la Unión su segundo informe de gobierno; en una plática posterior con periodistas de los diferentes medios acreditados en la presidencia, señalaba que el gobierno ha luchado con adversidades y no con situaciones fáciles; en esta acción el país está respondiendo con trabajo.
Alemán había tomado posesión el 1° de diciembre de 1946; rindió protesta en el Palacio de Bellas Artes, recinto oficial para aquel momento. El gabinete fue integrado por Héctor Pérez Martínez, en Gobernación; Jaime Torres Bodet, en Relaciones Exteriores; Ramón Beteta, en Hacienda; Manuel Gual Vidal, en Educación Pública; Nazario S. Ortiz Garza, en Agricultura y Fomento; Adolfo Orive Alba, en Recursos Hidráulicos; Rafael P. Gamboa, en Salubridad y asistencia; Gilberto R. Limón, en la Defensa Nacional; Luis Schaufelberger Alatorre, encargado del Despacho de Marina; Agustín García López, en Comunicaciones y Obras Públicas; Alfonso Caso, en Bienes Nacionales e Inspección Administrativa; Antonio Ruiz Galindo, en Economía; Andrés Serra Rojas, en Trabajo y Previsión Social; Francisco González de la Vega, en la Procuraduría General de la República; Carlos Franco Sodi, en la Procuraduría de Distrito y Territorios Federales (recordemos, según las clases de geografía nacional, que en esos años Quintana Roo y los territorios norte y sur de Baja California entraban en esa denominación); Mario Sousa, en el departamento Agrario; Fernando Casas Alemán, gobernador del Distrito Federal; y Rogerio de la Selva, secretario de la Presidencia.
La lista podríamos continuarla con subsecretarios; titulares de oficinas que hoy parecerían absurdas, y cambios ocurridos, pero es sábado y cómo que para qué les hecho a perder el día; lo que sí, vale la pena recordar por su posterior trascendencia a Ernesto P. Uruchurtu, subsecretario de gobernación; y por sus vínculos con San Luis Potosí, a Ignacio Morones Prieto, subsecretario de Salubridad y Asistencia, y a Manuel Tello Baurraud, subsecretario de Relaciones Exteriores.
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En el mismo mes de septiembre de 1948, nuestro país iniciaría el pago de 81’250,000 dólares, más réditos, en quince anualidades, como compensación a las compañías petroleras expropiadas en 1938. Se inició, también una segunda etapa de la reforma agraria, que comprendía La mecanización de la agricultura, resolución del problema determinado por exceso de población campesina en algunas zonas del país, elevación del nivel económico, moral e intelectual del campesino, e intensificación de la producción agrícola.
Lo poco que se ha señalado muestra la cara progresista del sexenio, pero también es pertinente recordar que fue en éste dónde se inició con el corporativismo, el guarurismo, el influyentismo, los excesos al amparo del poder público, el enriquecimiento descarado, los conflictos de intereses (que era sencillo porque no los había, cuidaban los suyos; así de simple), la corrupción en una clase política que se definió, consolidó y trazó los derroteros que la han caracterizado durante poco más de setenta años.
Queda, a pesar de lo anterior, un aspecto, que si bien no exime a Alemán, si lo ubica como un gobernante a la altura de su encargo: la construcción de Ciudad Universitaria, cuya primera piedra fue colocada por Adolfo Ruiz Cortines, secretario de Gobernación, el 5 de junio de 1950.
Si bien, ya los proyectos, gestiones, y terrenos, se habían realizado y obtenido desde el sexenio de Manuel Ávila Camacho, fue el llamado cachorro de la revolución, quien logró dar inicio y concluir las más importantes obras, permitiendo su inauguración el 20 de noviembre de 1952.
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Ingrata debe ser la titularidad de un poder ejecutivo, nunca –según las percepciones de los gobernados– se podrá estar al nivel de las exigencias, siempre las expectativas quedarán muy por debajo de los hechos. Habrá no obstante, algunos puntos de mérito rescatables dentro de los desempeños públicos; el problema mayor tanto para gobernantes, como para la ciudadanía, iniciará cuando ésta no perciba los hechos, y aquellos no hagan nada que demuestre lo contrario, o lo que es lo mismo, sean una nulidad.
El contraste de lo ocurrido hace setenta años con el transcurrir actual, lo mismo puede aplicarse al ámbito nacional que al local, en ambos espacios nada percibe la ciudadanía, no existe ni siquiera un comentario que con cierto desencanto pueda decir: pero al menos se hizo esto…, porque nada se hizo y nada ocurrió.
Mientras el jefe del ejecutivo nacional en la búsqueda de una salida, si no indulgente, al menos digna, se dedica a reconocer los errores y fallos ocurridos durante su sexenio, el jefe del ejecutivo local, pareciera buscar un refugio en algún entorno que le permita mantenerse alejado de todas las realidades posibles. Adversidades que se niegan y no se enfrentan.
Seguimos en un estado sin inseguridad, con garantías plenas para cualquier ciudadano, sin corrupción, sin violencia de género, sin problemas de tipo alguno, sin legisladores, sin secretarios, sin gobernador. Triste será, en este caso, que ningún acto de gobierno realizado hasta ahora, contribuya a atenuar los yerros y omisiones del sexenio que se desmorona, y desmorona a un estado. Está como la reforma agraria, ni vuelta a amasar.
Dicen los que saben, y los que no, repiten, que hoy es sábado social; disfrútenlo pero no se excedan.
óscar g. chávez

