La cartera

Lo dijo el maestro Carlos Santana, en aquél extraordinario concierto (“fuego sagrado”) realizado en la Ciudad de México el 23 de mayo de 1993: “que llegue el día en que no haya fronteras… ni tampoco carteras”. En efecto, así como es deplorable levantar un muro como el que pretende el presidente gringo Donald Trump, también lo es que sea el poder del dinero el que siga definiendo todo, incluso la vida de las personas. Por eso, en el segundo debate entre candidatos presidenciales, estos temas fueron el centro de la atención, sobre todo cuando Andrés Manuel López Obrador (AMLO) fue más que explícito en la necesidad de cuidar la cartera frente al acecho de un Ricardo Anaya que representa, precisamente, el espíritu depredador del gran capital, ese que busca apoderarse de todo el patrimonio nacional. Lo poquito que nos queda en la cartera, entonces, hay que cuidarlo porque, en una de esas, nos andan quitando hasta la risa.
Así, cuidar la cartera no sólo implica protegerse ante el embate de la delincuencia común, sino de los delincuentes de cuello blanco, de políticos y magnates que gozan de groseros privilegios, por lo que se requiere un gobierno que vea por todos y no para una minoría rapaz. Se trata de cuidar una cartera nacional muy disminuida en los últimos sexenios del neoliberalismo practicado por el PRIAN y que, por supuesto, cuando se presenta en términos del poder adquisitivo del salario deja mucho qué desear. De allí que, aunque Anaya y Meade ofrezcan aumentar los salarios, sólo AMLO va a la raíz del problema y que no es otro que la persistente pobreza que ahoga cualquier esfuerzo por hacer del ingreso un medio digno de vida. Por lo demás, si ese par de tecnócratas insiste en que no hace falta reorientar el modelo económico para lograr la reinserción productiva de sectores harto golpeados como el campo, queda claro que se trata de pura demagogia (ni siquiera tan barata).
Cuidar la cartera implica, también, no dejarse engañar por el cúmulo de mentiras a que se han vuelto tan afectos los personeros del PRIAN. Tanto Anaya como Meade han sido evidenciados una vez más en el último número del semanario “Proceso” (número 2168, 20 de mayo de 2018), el primero con motivo de la disparidad entre los ingresos de él y su esposa entre 2013 y 2016 que suman 19 millones de pesos y los más de 28 millones de pesos que aparecen en la cuenta de la señora en el mismo período; en tanto que el segundo, mientras se daba vuelo en el debate presumiendo la adquisición de equipos para revisión de mercancías en las aduanas cuando fue secretario de hacienda, resulta que, según investigación del reportero Emilio Godoy de la revista en mención, se trata de tecnología obsoleta y además con sobreprecio. En suma, ambos candidatos aparecen como consumados defraudadores de la confianza ciudadana y, por tanto, vale la prevención de cuidar la cartera.
Como advirtió AMLO, la verdad no tarda mucho en salir y allí tienen que, para tratar de contrarrestar la exhibida en “Proceso”, Anaya trató de revertir el golpe mostrando una portada de una edición anterior de la misma revista, pero alterándola en la parte superior en la que se cuestiona al frente que lo postula. También, el famoso libro de las propuestas anayistas nomás no aparece por algún lado y las verdades a medias, en el mejor de los casos, se han mostrado como el sello distintivo de su campaña. Así las cosas, una vez más, el candidato Anaya se ve rebasado por la desesperación de no poder bajar al puntero en las encuestas y el tiempo sigue inexorable su marcha rumbo al primero de julio con cada vez menos posibilidades de que se cierre la contienda. Empero, por eso mismo, es predecible que la estrategia de “buscarle tres pies al gato” continúe para tratar de contaminar el proceso electoral con tantas noticias falsas como sea posible.
Y ya entrados en esa dinámica deleznable, el tercero en las encuestas -y que no encuentra la manera de salir del atolladero- se lanza también a desplegar burdas mentiras, como la de sostener que Nestora Salgado no puede ser candidata al senado por un presunto delito de secuestro del que ha sido reiteradamente absuelta, pretendiendo indignar al respetable con un texto que, por supuesto, indigna… pero por la ligereza con la que don Meade manipula la verdad de tan delicado tema. En fin, regresamos al inicio: ciertamente, como dijera Carlos Santana, no debería haber muros que dividan el corazón de las personas ni tampoco carteras que decidan cuanto valdría la dignidad humana; pero en calidad de mientras, y con sentido práctico de la realidad de las cosas que nos atribulan, más vale precaverse de esa “cleptocracia” (la institucionalización del robo) que cierta clase política despliega impunemente y a sus anchas sobre los bienes públicos, pero que igual y en una de esas nos termina despojando hasta de lo poco que hay en la cartera y ni para los chicles queda.