La crítica indispensable

Compartir:

“Para ser libre no solo debemos deshacernos de las cadenas, sino vivir de una manera que respete y potencie la libertad de los demás”

Nelson Mandela

Mandela salió de la cárcel después de 27 años en prisión, por haber sido dirigente activo del movimiento popular contra la segregación racial, llamado Apartheid en la República de Sud África, que condenaba a la mayoría de color de ese país, a sufrir los peores métodos de discriminación y maltrato por parte de la minoría blanca en el poder, que a pesar de sus diferencias agudas por el encono de los racistas, supo reconocer su triunfo electoral, y Mandela, ya libre, fue electo para la presidencia de su país. Como presidente, rechazó las voces de algunos de sus partidarios, que lo conminaban a emprender una cacería y una venganza contra los funcionarios anteriores, por sus abusos y atropellos contra los de color, e inició con entusiasmo un verdadero (ése sí), cambio de régimen y una gran estrategia nacional para suprimir el Apartheid, unir a los dos grupos raciales y restañar las profundas heridas de más de 44 años que dejó aquel régimen tan opresivo. 

Hoy en día, gracias a Mandela y a su clara comprensión de lo que su patria reclamaba, la República de Sud África, es un país en pleno desarrollo que disfruta todas las libertades democráticas y otorga a todos sus pobladores los mismos derechos, sin distingo del color de su piel. Mandela fue sin duda un gran estadista, un auténtico gobernante, que logró unir a toda su nación, por encima de las diferencias raciales y sociales, alrededor de los principios de la Democracia y del Estado de Derecho. 

López Obrador debería tomar ese ejemplo, para poder ser un verdadero gobernante, que una a sus ciudadanos, no los divida; que armonice a la sociedad, no la confronte. Que acepte críticas, no las rechace; finalmente, que admita que como todo ser humano, se puede equivocar y que es de sabios aceptar consejo y asesorarse de expertos. De continuar en su megalomanía, le pronostico, aunque no se lo deseo, un fracaso total en su gobierno y una gran calamidad para el pueblo de México. 

Es que el ego del presidente quedó dañado el mismo día de su fiesta de primer aniversario, por dos hechos que ocurrieron el 1º de diciembre: la muerte en un tiroteo de 22 personas en un pequeño municipio fronterizo del estado de Coahuila, Villa Unión, con 16 presuntos delincuentes abatidos, 4 policías estatales y dos civiles, que se suman a otros varios episodios sangrientos en otras partes del país, que en solo ese aciago día 1º, arrojo un saldo terrible, con un total de 127 muertes violentas. El segundo hecho que probablemente le quitó ese día el gusto al presidente López, fue las manifestaciones masivas en 36 ciudades del país, que reunió a más de 100 mil personas (solo en la Cd. De México más de 50,000) para protestar por el pésimo resultado de su primer año de gobierno. También hubo duras protestas, porque no cumplió ni de lejos sus promesas de alcanzar un crecimiento del PIB igual al 4% y empezar a disminuir la inseguridad que tanto daña a los mexicanos y que continúa aumentando.

Para acabar de aguarle la fiesta de su 1er aniversario de gobierno, las protestas en esas 36 ciuda  des, también reclamaron la forma en que ha seguido acaparando más y más poder, debilitando instituciones, vía presupuesto recortado o insertando en los organismos autónomos a sus incondi cionales, quebrando el principio constitucional de la División de Poderes.

Su expresión ese mismo día, de que estaba feliz, feliz, feliz, resulta una grotesca burla, una hipócrita expresión. Porque con tanta sangre derramada, nadie que tenga conciencia y espíritu solidario, puede estar feliz en este país, a menos que sea un desalmado.

Su explicación de que la violencia tuvo su origen en tiempos de Felipe Calderón, porque él fue quien desató la guerra contra el crimen, ya resulta ridícula 12 años después. . . .¡Por favor!

Un buen gobernante necesita más de la crítica, que del aplauso. Hemos sido críticos durante muchos años en este mismo espacio o en la plaza pública, de las deficiencias, omisiones y corruptelas de distintos funcionarios e instituciones locales o federales, de todos los signos políticos. Rechazamos que se nos pretendan atribuír a priori intenciones ocultas, como lo hace a menudo el presidente López, siempre que alguien, periodista o no, le hace preguntas incómodas o externa alguna crítica a sus decisiones o a sus dichos. No las contesta, apenas puede contener el enojo y entonces califica al crítico, o al periodista o a su medio informativo, como “fifí”, o “conservador” o “neoliberal”. No se vale. Por muy presidente que sea, también le debe a los demás, el mismo respeto que reclama su investidura. 

Criticar al gobernante, al que tiene el poder, a aquél cuyos errores, omisiones y excesos, afectan gravemente la vida de las personas de carne y hueso, es un deber para quienes tenemos acceso a un espacio de comunicación libre, como lo es esta página de Opinión de Pulso. Adularlo, aprobar todo lo que hace o dice, en cambio, es lo cómodo, “lo políticamente correcto”. Los que criticamos al presidente en páginas impresas, con nuestro nombre y hasta con nuestra foto, (a petición del periódico), no somos enemigos del presidente y mucho menos, lo odiamos. No aceptamos, por injustas y falsas, adjetivaciones de ningún tipo. Exigimos respeto.  Ejercemos simplemente nuestro derecho y obligación, a disentir, a señalar errores y omisiones, dando siempre razones, y lo hacemos sin remuneración, sin buscar algún cargo público, tampoco para quedar bien con nadie, sino para intentar de buena fe, que rectifique, que corrija su actuación, o en caso contrario, que  nos convenza, que demuestre que está en lo correcto; racionalmente, sin adjetivos, sin recurrir a la diatriba, al adjetivo, porque así es imposible la discusión inteligente y constructiva.

Atribuir a quienes ejercen la crítica, intenciones ocultas o torcidas, sin demostrarlo, exhibe incapacidad para el debate, para la discusión de ideas, para persuadir, con inteligencia, con discernimiento. Tratar de imponer, si es preciso una sola forma de pensar, es propio de las peores tiranías. No admitir la pluralidad de opiniones y sostener que solo hay una verdad, la del presidente, es indicación inapelable de que éste, el Sr. López, está decidido a llevarnos a un régimen propio de las tiranías del siglo pasado que reprime y que asfixia las libertades.

Tenemos que impedirlo.

lujambio06@hotmail.com