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La derecha demagógica

Por Miguel Ángel Hernández Calvillo

Febrero 25, 2025 03:00 a.m.

A

Una vez más, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, puso las cosas en su justa dimensión con respecto a las incongruentes decisiones de las que hace alarde su homólogo estadounidense Donald Trump, como esa de imponer aranceles a la importación de acero y aluminio a su país, cuando en verdad sucede lo contrario como para pretender alegar que la balanza comercial en esos productos es deficitaria en el vecino país del norte. Resulta que, más bien, sucede que Estados Unidos exporta más acero y aluminio de lo que importa, por lo que bien aplica aquí lo que alguna vez señalara don Pablo González Casanova como algo muy propio de los políticos demagogos: “el arte de mentir, incluso con la verdad”. Si bien puede concederse que Estados Unidos padece severos desequilibrios comerciales con diversos países, no es en todos los productos, como en el caso de marras. El problema es que, ya entrados en gastos, el presidente gringo aprovecha el viaje para seguir llevando agua a su molino y presionar con otros fines, ya que es muy difícil que con esa política arancelaria para determinados productos vaya a revertir un problema de mayor escala. 

Otro botón de una amplia muestra que podría citarse para ilustrar esa peculiaridad de algunos gobernantes, es la curiosa forma en la que el presidente  argentino Javier Milei ha tratado de asumir la “defensa” de su indefendible determinación de empujar a sus compatriotas a una descomunal estafa con cripto-monedas. Ante la debacle ocasionada, el mandatario argentino procedió a congraciarse con el gobierno de Trump y, en un gesto que dice más que mil palabras, le regaló al magnate Elon Musk, funcionario del departamento de eficiencia gubernamental estadounidense, una… ¡motosierra! Se supone que para, metafóricamente hablando, cortar cabezas a lo bestia y cumplir lo que Trump ha ordenado como medida de “eficiencia” burocrática, mandando al desempleo a buen número de trabajadores de su administración. El riesgo de que se haga una carnicería con esa motosierra, otra vez metafóricamente, es más que sugerente. La verdad oscura es que la economía improductiva, especulativa, es lo que mueve a estos demagogos así sea que se llenen la boca diciendo que se trata de… ¡salvar a sus países!

En suma, lo señalado es apenas uno de los rasgos más acusados de la derecha más conservadora, la demagogia que se mueve con la mentira y, en el fondo, la pretensión de tergiversar la verdad de las cosas. Pero como bien sugiere Marcos Roitman (“La Jornada”, 8 de febrero de 2025), hay que tomarse en serio a este tipo de clase gobernante derechista porque ya no tienen mayor empacho en mostrarse tal cual “piensan” (o más bien se “emocionan”) las cosas. A diferencia de la demagogia de la vieja guardia gringa que se regodeaba en el secreto para operar y desestabilizar a opositores, ahora es una demagogia  que, desembozada, lanza la embestida si no se atiende la amenaza o la invectiva. Es algo así como un estilo de mostrar al mundo que la emblemática antorcha de la Estatua de la Libertad puede ser distinta, tal vez como una espada amenazante y no como una llama esperanzadora, como de alguna manera imaginó Kafka en su novela “América”.