Permítame este día estimado lector, empezar por advertir que los primeros párrafos de mi columna, son una transcripción de una publicación de autor anónimo que se hizo viral en WhatsApp y que me pareció de interés y que, creo, hace sentido. En lo particular, tengo la impresión de que, con el tema de la pandemia, no se nos ha dicho toda la verdad, que se nos oculta algo. Lo invito a expresar su opinión sobre el tema.
“Hace algunos meses la OMS anunció que venía una pandemia en todo el mundo con un virus muy contagioso y peligroso. Proclamó que había que tomar medidas muy impresionantes, que no había medicamentos apropiados y que había que encerrar a personas completamente sanas y anular casi todas sus libertades brincándose a la torera la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Se imponen toques de queda en gran parte del mundo con la policía vigilando su cumplimiento. Y la economía de casi todas las naciones se paraliza, aunque los políticos mantienen sus elevados sueldos. Al mismo tiempo se inicia una censura general, como nunca se había visto, sobre todo en las redes sociales, mediante empresas pagadas con el dinero de los ciudadanos y se elimina toda opinión sobre las medidas sanitarias o de científicos reconocidos, e incluso toda prueba fehaciente que cuestione o contradiga las versiones de la OMS, agobiando al mundo entero con noticias continuas en todos los medios, para añadir más y más zozobra y temor.
No se escuchan voces disidentes porque inmediatamente son anatematizadas como teorías de la conspiración o ridiculizadas para adoctrinar en contra de ellas a la población. Toda la industria televisiva, unánime, sorprendentemente, acompañan sin excepción la versión oficial. Nadie la pone en tela de juicio.
Así, los medios oficiales proscriben y descalifican toda expresión discrepante. En foros médicos no hay contraste, no se ven diversidad de opiniones, como suele ocurrir en forma natural dentro de la comunidad médico-científica.
En consecuencia, una mayoría de gobiernos nacionales supeditan sus decisiones a los dictados de la OMS y todas las directrices se implementan después bajo presión, amenazando a cualquier ciudadano que se salte las normas de la llamada “Nueva Normalidad”. (Hasta aquí la transcripción.)
Hasta la fecha, según datos oficiales, los números principales de la pandemia, son: en número gruesos 13.5 millones de contagios y 600 mil muertes por coronavirus. Las peores noticias, son que se señala al director de la OMS, Tedros Adhanom que ha convertido a esta organización dependiente de la ONU, en un promotor de los intereses de China. Recientemente afirmó, que todo indica que va para largo y que vale más que nos acostumbremos a vivir con ella. Así mismo, nombró como delegado para el continente africano a su amigo Robert Mugabe, quien había sido el dictador durante 37 años de Zimbabue y maniobró para que China se quedara con fuertes intereses e influencia en varios países africanos.
Es bien sabido que la OMS comandada por Adhanom, ha impulsado una campaña mundial a través de medios de comunicación y con el apoyo de China, para implantar en el mundo entero zozobra y pánico permanente frente a la pandemia, insistiendo fuertemente en los riesgos de ese virus llamado Covid-19, que solo ha causado la muerte a un 2% de los infectados y un 0.065% de la población mundial, (mucho menor que los muertos por SIDA), siendo en su gran mayoría personas de edad avanzada o con padecimientos como diabetes, alta presión u obesidad. O con adicciones como tabaquismo o drogas.
Ya son muchos los científicos y médicos que han afirmado que la enfermedad se puede controlar en pocos días con medicamentos comunes, de precio accesible, anticoagulantes, desinflamatorios y antibióticos, entre otros.
Uno de los peores efectos que ha generado la pandemia que azota al mundo, además de la muerte y el sufrimiento de miles de personas y del desplome de la actividad económica con sus consecuencias de desempleo y crisis social en los países que ha tocado, me parece que es el surgimiento de un nuevo poder mundial, que, sin tener el consentimiento de los ciudadanos de cada país, se erige ante el mundo como la máxima autoridad sanitaria mundial, la Organización Mundial de la Salud, (OMS), que está imponiendo al mundo procedimientos y acciones para la contención y control de la pandemia, medidas que no necesariamente son las mejores y no tienen el debido sustento científico, como por ejemplo, la de exigir el confinamiento de personas sanas en sus propios domicilios y la paralización casi total de cientos de miles de centros de trabajo, que hoy ya cerraron sus puertas o están a punto de hacerlo.
Cada día surgen más y más voces de científicos reconocidos que cuestionan también el enfoque que la OMS le ha dado al tratamiento de las personas infectadas, que aseguran que no se requiere el internamiento hospitalario (salvo casos especiales) ni el entubamiento y uso de los llamados respiradores, porque la enfermedad se puede tratar con medicamentos convencionales que en pocos días pueden sanar a la persona infectada del covid19.
Así mismo, es bien sabido que la OMS es un ente gestor, un lobby, que lleva ya años promoviendo el aborto como “un derecho humano” y presionando a los gobiernos para que lo promuevan.
Con ocasión de esta crisis del coronavirus ha llegado a afirmar que el aborto era un “servicio esencial”, como las farmacias y los supermercados (¿?) y apuesta por legalizar la prostitución, la explotación sexual de la mujer y que los niños puedan elegir y “cambiar “su sexo y promueve un currículum educativo en el que apoya la masturbación de niños ¡de cuatro años! . . . ¡Verdaderamente demencial!
¿Esa es la organización que quiere controlar al mundo?
Aborto y OMS vs. México.- En buena hora, México es un país que está a favor de la vida, en su inmensa mayoría. En fecha reciente, la Suprema Corte de la Nación rechazó una Ley del Estado de Veracruz que con apoyo de la OMS, promovía la legalización del aborto. Hasta el momento, solo hay dos entidades que han legalizado el aborto hasta las doce semanas de gestación, Oaxaca y la Cd. De México. La Iglesia católica y otras organizaciones sociales y religiosas, han mantenido su propuesta de apoyar a las mujeres que se embarazan y desean abortar, para respaldarlas en las formas que sean necesarias para que preserven su embarazo y al nacer la criatura la cedan a familias que desean adoptar y pueden ofrecerles una vida digna y en un ambiente de amor, o si cambian de parecer la conserven y le puedan dar su cariño de madre y educación.
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