Los economistas consideran que, desde la crisis del 2008-2009, el sistema económico mundial en general, y el de México en particular, no enfrentaban una situación como la que deviene en nuestros días. El factor de mayor impacto actualmente en la economía -señalan los economistas- es la crisis de salud desencadenada por el “coronavirus”.
Los comentaristas en los medios de comunicación en México señalan, en forma más o menos generalizada, que el movimiento social por las mujeres (M-9) en México es inédito; en el sentido de que el factor que aglutina a este movimiento social son los feminicidios frente a la respuesta que el poder gubernamental (en sus diferentes niveles) ha mostrado para proteger los derechos de las mujeres (Aunque existe el antecedente de “Las muertas de Juárez” que tuvo expresiones de apoyo en diferentes entidades del país pero, quizá, no en la magnitud e impacto que el movimiento actual).
En estricto sentido de análisis disciplinario, podríamos decir que la economía, la salud y los movimientos sociales, son temas disciplinares independientes, sin embargo, usted y yo vivimos impactados por estos temas en nuestro quehacer cotidiano; no podemos separar un tema de otro porque, por ejemplo; al subir el Dólar, nuestro dinero para comprar bienes reduce su capacidad; al escalar la alarma y la psicosis por el “coronavirus”, impacta las actividades de nuestra vida social y, al definir una posición respecto del movimiento social de las mujeres por sus derechos, nos encontramos con opiniones convergentes y divergentes a las nuestras.
Esto es, podríamos aspirar a “meter la cabeza bajo la tierra”, pero nuestra vida requiere, para transcurrir, que la cabeza vaya sobre nuestros hombros. Es decir, comprender que el dinero, querámoslo o no, tiene un valor que fluctúa y, considerar esta condición del valor del dinero, nos permite optimizar su uso en relación con nuestras necesidades. Más aún, que si el sistema económico entra en crisis generalizada, no podemos mantenernos ajenos a ello y veremos impactada nuestra vida, tal vez en un modo que hasta hoy no hemos experimentado.
No debemos meter la cabeza bajo la tierra en relación al tema del “coronavirus”, pues los indicadores de la Organización Mundial de la Salud señalan que el índice de mortalidad estimado para este fenómeno es del orden del 3% entre la población afectada y que, la propagación del mismo, tiene una tendencia que alcanzará nuestra entidad tarde o temprano.
Así mismo, negar la situación de las mujeres en México y en nuestra entidad, significa motivar las posibilidades de que, aquellas mujeres que están muy cerca de nuestra vida (o nosotros muy cerca de la de ellas), corran el riesgo de ser objeto de una agresión por el mismo hecho de ser mujeres; esto es, porque el mundo (orden en el que vivimos) es indolente sobre el derecho a vivir con dignidad tanto hombres como mujeres, pero más indolente aún, si se es mujer.
¿Qué tiene que ver todo esto con la política y la administración pública?
Si entendemos la política en el sentido clásico de que corresponde a: el arte (entendido como técnica) de tomar acuerdos por medios pacíficos para desarrollar acciones comunes, podríamos observar que nos encontramos en una situación social que nos requiere conscientes del momento que vivimos, informados de los factores en juego de lo que ocurre, para asumir posiciones en conjunto que se traduzcan en acciones de repercusión común.
Cabe señalar que, asumir posiciones no se reduce a opinar, sino que corresponde a participar; corresponde a comprometerse con la posición que, entendemos, es la correcta y conveniente para nuestra existencia, para nuestra vida colectiva.
Si entendemos administración pública en el sentido de la facultad de ejercer el poder de gobierno, poder que se adquiere por procesos políticos, podríamos ver, entonces, que la política o el arte de tomar acuerdos es el escenario que tenemos frente a lo que nos acontece.
El tema es, que aquello que más nos afecta es creer que no tenemos capacidad de influir en lo que nos afecta y nos entregamos a la idea de que “nada se puede hacer”. Esto es, quedarnos en la creencia de que los problemas de economía, de salud pública y de movimientos sociales ocurren lejos de nuestra vida y que, cuando ya son parte de nuestra vida son como el destino en la tragedia griega.
El extremo opuesto: creer que lo podemos todo y que tenemos la verdad, es tan nocivo como el primero. Ya que nos lleva a la posición de un optimismo fantasioso que chocará contra los intereses opuestos de algunos de nuestros semejantes.
Pierre Bourdieu (sociólogo francés: 1930-2002), señaló que lo social es como un campo donde se enfrentan los actores sociales con diferentes intereses, donde los diferentes actores tienen el interés de lograr sus expectativas. Si esto que Bourdieu afirmó sea cierto, podríamos entender que “nadie” que no comparta nuestras ideas nos va a aceptar como válido que ante el escenario de una recesión económica nos pongamos a ahorrar o, a gastar para generar mayor consumo; no, no ocurrirá así.
Del mismo modo, “nadie” que no comparta nuestras ideas estará de acuerdo de que las mujeres y los hombres tenemos la misma dignidad humana y que, ante la ley, nos debemos iguales. Que en el escenario actual para las mujeres, se hace necesario nuevas acciones que contrarresten su muerte sistemática por el hecho mismo de ser mujeres.
“Nadie” que no comparta nuestras ideas sobre la dimensión (magnitud) y repercusiones del fenómeno de salud identificado como “coronavirus”, estará de acuerdo en que se suspendan o no los eventos masivos, se determinen desde el gobierno tales o cuales medidas.
En ningún caso de los que cito en este artículo, podemos evitar asumirnos como parte de la sociedad y, en consecuencia, de la necesidad de participar del arte de tomar acuerdos.
Sin duda, hay quien (es) decide (n) sobre estos temas; la disyuntiva que tenemos usted y yo es: si se decide con nosotros o decide por nosotros.
Como lo ha afirmado Ricardo Fuentes Nieva (2016): “La preocupación que nosotros tenemos [Oxfam-México] es cuál es la relación de la concentración de recursos financieros y de poder, formal e informal, que puede influenciar cómo se diseñan instituciones, cómo se diseñan políticas […]. El tema que preocupa muchísimo es cómo vamos a lograr proteger los derechos humanos económicos y civiles de los ciudadanos en México”.

