Las manos levantadas

"Yo represento a muchas 

personas (en África) quienes no tienen una voz... Ellos no me han pedido que les represente" 

Bono, 2004

Necesitamos cambiar lo que entendemos 

por democracia. También la manera en que la practicamos.

En 2007, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas señaló al 15 de septiembre como el Día Internacional de la Democracia. La importancia de esta fecha radica en la importancia de reflexionar sobre el estado en el que se encuentra la democracia en nuestros países. La democratización como proceso, implica un rango muy amplio de posibilidades que son determinadas por los contextos, así como por las trayectorias históricas y políticas de los países. Ninguna democracia es igual a otra. Y la democracia de un mismo país tampoco se mantiene estática a lo largo del tiempo. México no es la excepción.

Sin tener la menor intención de realizar un mínimo repaso histórico al proceso de democratización en nuestro país, quisiera destacar que desde la segunda mitad del siglo XX, nuestra historia de la democracia ha sido trazada por demandas sociales, crisis políticas y reformas políticas. Hay quienes sostienen que las grandes reformas políticas en nuestro país no son producto de un compromiso o proyecto deliberado por enriquecer la vida pública de nuestro país, sino que ha sido una respuesta del sistema político ante los equilibrios y amenazas de un contexto que comprometen la estabilidad del mismo. Es Teoría General de los Sistemas, esa que se enseña en licenciatura.

Hubo una época en donde las reformas políticas propiciaron la apertura de espacios de representación para partidos de oposición. Muchos años después llegaron las reformas que permitieron la celebración de elecciones competitivas en las que cualquiera podía ganar. La pluralidad de partidos representados en las legislaturas, la alternancia en ayuntamientos, gubernaturas y en la Presidencia de la República fueron una consecuencia de ello. 

La discusión sobre el perfeccionamiento de nuestra democracia tiene rutas distintas. Hay quienes argumentan que la siguiente escala en las reformas políticas y electorales en nuestro país deben centrarse en disminuir los costos del sistema: el financiamiento a los partidos políticos y el costo operativo de las autoridades responsables de la organización y arbitraje electoral. Hay quienes esgrimen discursos sobre la necesidad de cambiar a los árbitros porque, a su juicio, las personas que se desempeñan en magistraturas y consejerías electorales responden a oscuros intereses y no respetan la voluntad del pueblo.

También hay quienes entienden al desarrollo democrático como un proceso inacabado y hablan de la necesidad de ajustar mecanismos que permitan la representación de discursos y/o de las personas que no tiene voz. En otro momento hemos hablado sobre la crisis de representación y el dilema en el que se encuentran las personas que son invitadas a votar por alternativas que no representan sus valores, intereses, discursos, prioridades o necesidades. La representación política no es, ni debería ser nunca, un monopolio del sistema de partidos: es por ello que necesitamos repensar la manera en que entendemos y practicamos nuestra propia democracia.

Hace casi un par de décadas, Bono y Bob Geldof -Usted les recuerda, uno como líder y vocalista de la banda irlandesa U2 y otro como cantante y actor, también irlandés- iniciaron una campaña para colocar en la discusión pública la necesidad de emprender acciones de cooperación en favor de una población a la que no pertenecen. África puede referirse a personas y a lugares, pero la construcción discursiva de África representa a personas que han sido víctimas de un mundo injusto, de los caprichos de la naturaleza y de la falta de capacidad para hacerse representar políticamente. El perfeccionamiento de la democracia también implica la presencia real de discursos legítimos: sobre todo de aquellos cuya voz de origen ha sido silenciada o nunca ha sido escuchada.

También hay quienes se preocupan por la profundización de nuestra democracia para cambiar esa lógica hostil de quienes dicen que es democrático imponer mayorías. Desde esta perspectiva, se tendría que fomentar una cultura política basada en la justificación mutua, la escucha, el respeto, la reflexión y la apertura a la persuasión. ¿No resulta mejor y más democrático que una decisión pública sea producto del intercambio de argumentos en lugar de la imposición de las manos levantadas?.

La democracia profunda combate a la polarización, inhibe la manipulación y anula al populismo. No es de extrañarse que el asedio y el retroceso democrático sean propiciados por quienes se benefician políticamente de estas prácticas. Por eso necesitamos hablar de democracia.

Twitter. @marcoivanvargas