Latinoamérica 2019

Definitivamente, la región está en disputa, Estados Unidos quiere influir (y lo está haciendo) en los gobiernos latinoamericanos. El continente está completando su giro a la derecha. Los principales problemas continúan siendo la corrupción, desigualdad y seguridad. De 2017 a 2019 se dio un gran ciclo electoral, quince países tuvieron (y tendrán) elecciones presidenciales. Y teóricamente se vuelve a discutir el fenómeno del populismo.
En resumen: Ecuador cambió de rumbo con la victoria de Lenin Moreno, rompió con la revolución ciudadana que encabezó Rafael Correa; en Chile retornó el conservador Sebastián Piñera; los ticos frenaron el ascenso evangélico en segunda vuelta; el hijo del secretario particular del dictador Alfredo Stroessner ganó la presidencia en Paraguay; Nicolás Maduro se reeligió en un marco de irregularidades electorales; Álvaro Uribe logró impulsar a Iván Duque; Andrés Manuel López Obrador conquisto la victoria en México, primer gobierno de izquierda; Brasil volteó a la ultra derecha; un joven político rompió el bipartidismo en El Salvador; y en los siguientes meses Bolivia, Argentina, Uruguay, Panamá y Guatemala cerrarán el superciclo electoral.
La revista Foreign Affairs Latinoamérica dedicó su edición octubre-diciembre del 2018 a los nuevos gobiernos latinoamericanos. Destaca las expectativas que genera López Obrador. Exactamente, advierte que el nuevo gobierno colombiano pone en peligro los acuerdos de paz. En una línea distinta de análisis, Nexos en su número 492 aborda las lecciones de los gobiernos latinoamericanos de izquierda, la llamada ola rosa, que inicia con la llegada de Hugo Chávez al poder en 1998, y concluye con la destitución de Dilma Roussef en 2015.
Funcionarios y colaboradores destacan las virtudes y señalan los excesos. El Brasil de Lula y la Argentina de los Kirchner tienen una clara semejanza en la corrupción sistemática, variable que explica el cambio de timón. Se indica la deriva autoritaria de Nicaragua y Venezuela, que le hace bastante daño a la izquierda. Ciertamente, se denuncia la excesiva diatriba en Ecuador contra los medios de comunicación. Desafortunadamente, el progresismo chileno no cumplió con las perspectivas. Con tiempo se advierten los excesos del Frente Nacional en Uruguay, única democracia plena de la región.
El principal acierto de la ola rosa fue el combate de la desigualad, grandes conquistas sociales, que no supieron comunicar. La derecha se atrincheró en los medios de comunicación y redes sociales, consiguieron construir un relato en torno a la corrupción. La izquierda logró sacar a millones de latinos de la pobreza extrema, sin embargo, se equivocaron en el diseño de la política pública, que creó híper consumidores. No se edificó un nuevo sentido común.
Los ensayos citados son pertinentes en la coyuntura política mexicana, Obrador debe leer detenidamente y no repetir los desaciertos, ser un equilibrista. Por ejemplo, la crisis venezolana es un tema que la derecha utiliza para golpeteo interno en las distintas latitudes. Chile, Colombia, Argentina, Brasil y Paraguay se alinearon ideológicamente con la ultraderecha Norteamérica; por otro lado, Bolivia, Cuba y Nicaragua respaldan a Maduro. Efectivamente, México y Uruguay llamaron al dialogo, neutralidad, que prevalezca la diplomacia.
Recomiendo revisar el informe de Latinobarometro 2018, que revisa el estado de la democracia, se encuestó a más de veinte mil latinos en dieciocho países. La principal percepción es de retroceso. Los principales problemas que muestra son la economía con el 35 por ciento, la delincuencia con un 19 por ciento y situación política de 9 por ciento. La agenda informativa se centra en las crisis de Nicaragua y Venezuela. Los ciudadanos en Brasil (58 por ciento) y México (47 por ciento) consideran que su futuro económico será mejor, coincide con los cambios de gobierno.
Afortunadamente, el 48 por ciento de los encuestados apoyan un régimen democrático. Preocupa que el 15 por ciento prefieran un régimen autoritario, evidenciando un desencanto con la democracia. Alarmante que solo el 38 por ciento de los mexicanos sean demócratas, mientras en Venezuela es respaldada con 75 por ciento. El patrón que se repite es el ascenso y aceptación del autoritarismo.
Me detendré brevemente en el término de populismo, categoría de la Ciencia Política que ha sido dilapidada. Erróneamente, a todos los fenómenos populistas los quieren poner en la misma bolsa, se debe matizar. Me explicó: Bolsonaro y Obrador son dos fenómenos populistas que rompieron con las elites de Brasil y México, respectivamente. Sin embargo, Andrés Manuel es un presidente que está en contra del neoliberalismo, le abre las puertas a los migrantes y busca que el Estado redistribuya la riqueza. En cambio, el presidente brasileño adelgazará el Estado, privatizará las empresas públicas, persigue a los progresistas y acorrala a las minorías.
Finalmente, América Latina se enfrenta a una disputa ideológica entre la nueva derecha latina y la renovación de los cuadros de la ola rosa. La crisis en Venezuela y Nicaragua seguirá dividiendo la región, es necesaria una solución pacífica en ambos conflictos. Todo indica que Argentina tendrá una elección dividida, Mauricio Macri buscará la reelección en una de las peores crisis económica y Cristina Kirchner le hará frente. Evo podría reelegirse violando la constitución. Y en Uruguay crece la incertidumbre, por primera vez en quince años el Frente Amplio corre el riesgo de perder la elección. Tendremos que darle seguimiento al desenlace del 2019, ordenar el nuevo mapa ideológico latinoamericano.

Israel López Monsiváis

Twitter: @francotiradort1