La pandemia del coronavirus coincide con un déficit de liderazgos mundiales que encabecen los esfuerzos de cooperación internacional. El Covid es el principal reto de los gobiernos populistas, nacionalistas y autoritarios; un desafío para la democracia, una estocada para el modelo neoliberal y el cuestionamiento a la globalización.
Doris Kearns Goodwin, ganadora del premio Pulitzer en 1995, en su libro Liderazgo en tiempos turbulentos, describe las virtudes que un político debe tener en momentos de crisis. Analiza las figuras de Abraham Lincoln, Theodore Roosevelt, Franklin D. Roosevelt y Lydon B. Johnson.
La autora aborda la entrada a la política, las adversidades en la vida privada y pública y su paso por la Casa Blanca. Sin lugar a dudas, los cuatro presidentes norteamericanos tomaron posesión en tiempos turbulentos. Lincoln ganó la Guerra Civil y logró abolir la esclavitud; Theodore encabezó la revolución industrial; Franklin enfrentó la Gran Depresión y Johnson tomó protesta después del asesinato de Kennedy, legislando a favor de los derechos civiles. Todos fueron estadistas en su momento.
Lo que más me llamó la atención de la obra de Goodwin es como los lideres políticos se van preparando para la adversidad y que en las crisis deben contar con las habilidades para encabezar a los ciudadanos. En la actualidad no tenemos políticos que lideren un mundo polarizado, la mayoría de los jefes de Estado navegan la tormenta en soledad, pocos esfuerzos multilaterales para sobrellevar la pandemia. Al contrario, encontramos bravucones (Trump), irresponsables (Bolsonaro), autócratas (Viktor Orban) o autoritarios (Nayib Bukele).
Deseo, en este contexto, subrayar el legado de Nelson Madenla, quien unificó a Sudáfrica. Podemos acudir a su autobiografía para entender el confinamiento (veintisiete años en prisión), la lucha con ideales y el perdón al opresor cuando el fin ultimo es superior: la conciliación del país. John Carlin, periodista y escritor británico, aborda en diversas obras a Madiba, un político que dialogaba con sus adversarios para lograr el consenso.
Primero, La sonrisa de Mandela relata la empatía y el recorrido para llegar a la presidencia. Segundo, Mandela y el general cuenta las reuniones entre Nelson y el militar retirado Constand Viljoen, quien encabezaba las milicias reaccionarias, ambos impidieron la violencia. Tercero, El factor humano es la crónica del triunfo de Sudáfrica en el mundial de rugby de 1995, Mandela respaldó el deporte que solo jugaban los anglosajones, utilizando el juego para unificar al pueblo, todas las razas, una nación.
Desgraciadamente, hoy, no nos gobierna, ni contamos con Madiba. Lo que si pueden hacer los mandatarios es estudiar la obra y acciones de los liderazgos políticos en tiempos de crisis, inspirarse en ellos y replicar sus virtudes. Nota sobresaliente en la gestión de la pandemia para las mandatarias de Dinamarca, Islandia, Finlandia, Alemania, Nueva Zelanda, Noruega y Taiwán, quienes han demostrado mayor talante y responsabilidad que los hombres.
Adviértase que, a pesar de todo, algunos políticos asumieron un rol electorero y oportunista, no hay critica útil, ni colaboración con las jefaturas de Estado. Anotaré el ejemplo positivo de Rui Rio presidente del partido conservador en Portugal , quien escribió en una carta que no es patriótico atacar al gobierno y llamó a la unión del país. Otro caso de cooperación es el de Jean-Luc Mélenchon, líder de La Francia Insumisa, quien expresó que no es momento del choque frontal, para él, es el instante de la oposición propositiva y constructiva . Aprovecho estas ultimas líneas para enviarle una felicitación a mi madre en su cumpleaños, le mando abrazos y besos con sana distancia.
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