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Los que menos tienen

Por Jorge Andrés López Espinosa

Febrero 19, 2024 03:00 a.m.

A

Cada que escucho esta frase en voz de la clase política latinoamericana, me convenzo más que la sociedades occidentales construidas a partir del modelo liberal burgués posteriores a la Independencia de los Estados Unidos y Revolución Francesa, insertaron, como parte esencial de su discurso tanto en Europa como en América, la prevalencia del Tener sobre el Ser, como eje fundamental de un propietarismo tramposo, elevado incluso a derecho natural sobre el que descansa gran parte del sistema capitalista prevaleciente en el mundo moderno. 

El derecho a la propiedad individual en los sistemas liberales de antaño y neoliberales de ahora, se conjuga a partir del “yo tengo”, o lo que es lo mismo “esto o aquello es mío”. Y no es que se condene en si misma la propiedad, sino que, desde un punto de vista estrictamente ético, lo criticable es que se construya una narrativa económica, social y política a partir del sentido de tenencia, es decir, que la valía del ser humano dependa en mayor medida de las propiedades que ostente, dejando de anteponerse lo verdaderamente valioso en el ser humano que justo está en el Ser antes que el Tener. 

Al invertirse estos valores en no pocos casos el Tener trastocó el límite de lo ridículo pasando por lo vulgar, demeritando en absoluto al Ser. En ese orden de ideas, la desigualdad económica que prevalece y ha prevalecido en cientos de países que abrazaron ese modelo propietarista, ubica al mercado por encima de las personas, colocando derechos humanos básicos como la alimentación en el rubro de la no tenencia, pues mientras yo escribo y Usted lee, hay personas en alguna parte del mundo y de este nuestro país que no tienen nada que comer, no porque no haya alimento, sino porque en realidad lo que no tienen es algún tipo de propiedad que se traduzca en dinero que les permita adquirir (comprar) esos alimentos. 

Por eso, cuando escuchamos en los discursos de derecha o izquierda en cualquier país con este modelo, referirse a otros seres humanos como: “los que menos tienen”, sólo reafirma consciente o inconscientemente la prevalencia del modelo suavizando el hambre del otro con esa trillada frase. Si a partir de ahora sustituyeramos: “los que menos tienen” por “los que no tienen que comer”, daríamos un pequeño pero significativo paso, como lo es reconocer lo absurdo que resulta vivir en un planeta en el que se cultiva y produce alimento suficiente para toda la humanidad, pero también que existan humanos sin alimento y al mismo tiempo alimentos que se van a la basura. Reconocer que el hambre es un cancer que carcome hasta la médula nuestras sociedades, por supuesto que es factor en desesperar a un ser humano y obligarlo a tomar senderos negativos, pues la pobreza alimentaria es real, y si las reglas del juego del capitalismo voraz colocaron en pugna a la humanidad por el Tener, es quizá momento de repensar desde la ética la modulación de la ambición que despierta el propietarismo. 

La propuesta es compleja y sin duda no va en el sentido de la falacia socialista del típico desgarramiento de vestiduras que señala al rico de inmoral, o que primero pasa un camello al cielo que un rico, definitivamente No. La reconfiguración quizá comience con decir primero las cifras sin matizar, por ejemplo, señalar que en México según CONEVAL en 2022 había 23.4 millones de personas en pobreza alimentaria; lo segundo es reconocer el fracaso mundial tanto de gobiernos como sociedades de ser (somos) responsables de generar riqueza pero al mismo tiempo también pobreza alimentaria. Por ello no es ninguna casualidad que los dos primeros objetivos de la Agenda 2030 sean: 1. Fin de la Pobreza y 2. Hambre Cero. 

Falta ya menos de un sexenio para llegar a ese año, muy dificilmente se cumplirán ambos objetivos, pero todo llamado a la reflexión será siempre bien apreciado, para que, de algún modo ese Ser Humano ahora extraviado, ese que prefería formarse en el Ser antes que Tener, siga las pautas que hace siglos daba desde la filosofía el noble maestro Epícuro de Samos, quien le decía a sus amigos: “no te afanes en aumentar tus bienes, sino en disminuir tu codicia”. Esa codicia humana que hoy tiene en el mundo a 2000 millones de personas sin acceso a alimentos. 

Los sigo leyendo en este correo: 

jorgeandres7826@hotmail.com.