Los retos del sistema educativo mexicano en tiempos de pandemia por COVID-19 SEGUNDA PARTE

Compartir:

La pandemia del COVID-19 ha evidenciado las enormes desigualdades que aquejan a las sociedades de todos los países del mundo. En México, el virus no sólo ha evidenciado los retos y carencias del sector salud producto de años de corrupción y recientes recortes presupuestales; sino que también ha puesto en evidencia los retos y carencias del sector educativo, el cual depende en gran medida de un sistema tradicional de enseñanza presencial que descansa en la enorme brecha de desigualdad que hay en la población en cuanto al acceso a la tecnología. 

Desde que se decretó el inicio de la emergencia sanitaria en México, niñas, niños y jóvenes, así como docentes y administrativos dejaron de asistir a guarderías, escuelas y universidades, con el objetivo de no propagar la enfermedad y como medida eficiente para reducir en extremo la movilidad en todas las ciudades del país. Según datos del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) en México, esta medida provocó que más de 30 millones de alumnos de nivel básico, medio superior y superior, suspendieran las clases para resguardarse en sus hogares, e involucró que a alrededor de 1.5 millones de profesores y trabajadores administrativos y de apoyo, tan sólo del sistema de educación básica, que va del nivel inicial a secundaria dejaran de trasladarse.

Tras dicho acuerdo de suspensión de clases, se instruyó a directivos y docentes a continuar el proceso de enseñanza-aprendizaje desde casa y se extendió la disposición a padres de familia, tutores y alumnos. Ahora los alumnos estudiarían desde casa, pudiendo hacerlo en línea a través de las distintas plataformas ya habilitadas y algunas otras por habilitar, o a través de la radio y la televisión por medio de programas educativos transmitidos por la SEP. Con esta medida se aseguraría continuar con el semestre para llevar a término “lo mejor posible” el ciclo escolar 2019-2020.

En este escenario, diversas han sido las consecuencias producto de los cambios en el sistema enseñanza-aprendizaje, particularmente el desgaste emocional de alumnos y padres de familia quienes han debido construir su propio método en casa. No obstante, se ha olvidado que el docente es quien lleva la peor parte. Ya que al volver a las aulas de manera presencial: 1) deberán implementar estrategias de enseñanza práctica para remediar los aprendizajes perdidos en este semestre atípico que tuvieron; 2) deberán planear y replantear un próximo ciclo escolar que integre los conocimientos básicos necesarios que se tenían como objetivo para este semestre de acuerdo al grado o nivel escolar, que en teoría y atropelladamente, están finalizando en estos días; y lo más importante 3) deberán cuidar la salud emocional y mental de los estudiantes, a través de estrategias que les ayuden a comprender mejor lo que hemos vivido como sociedad y lo que estaremos viviendo en los próximos meses y años como resultado de este “alto” en nuestras vidas. 

Pero ¿qué pasa si los propios maestros también enfrentan un deterioro de su salud emocional y mental?

La psiquiatra Amanda Céspedes, en su libro “Educar las emociones, educar para la vida”, expone el papel esencial del maestro en la educación emocional de niños y adolescentes, dedicando todo un capítulo a hablar del profesor como agente clave en la educación de las emociones. Céspedes parte de que, indudablemente, los niños pasan muchas horas de su día en la escuela, un espacio donde profesores, compañeros y otros adultos, influencian su vida. Luego de la escuela, los niños salen “para intentar conquistar el mundo”. Actualmente, ¿están realmente preparados para hacerlo desde todos los puntos de vista? 

Inspirada en la visión de María Montessori, quien destacó que la educación debía tener énfasis en la formación integral de los niños (más allá del intelecto) y en el desarrollo de la personalidad saludable como medio para construir sociedades mejores, Céspedes asegura que el maestro tiene que orientar su esfuerzo hacia ese objetivo y debe trabajar desde dos planos en particular: el sólido desarrollo del intelecto y el emocional. Como se observa, el rol del docente es elemental en el proceso de los estudiantes. En tiempos de COVID-19 y post COVID-19 se requiere trabajar en paralelo; tanto alumnos como docentes están desgastados.

Desde la lógica de Céspedes y Montessori, el maestro debería ser consciente de un proceso de crecimiento que surge en paralelo al de sus estudiantes y debería ser consciente de su papel protagónico en la gestión de un clima en el aula que puede ser favorable o desfavorable para el aprendizaje propio y el de sus alumnos. Y en ese sentido, el impacto de la salud mental del maestro sobre su calidad como educador de las emociones y su capacidad para crear climas en el aula de crecimiento emocional y cognitivo es también un aspecto fundamental. 

Lamentablemente, ese bienestar esperado en los maestros se ha deteriorado y resulta preocupante en esta emergencia sanitaria. Los sistemas educativos y de salud de muchos países reportan en fechas recientes infinidad de maestros que sufren de ansiedad o estrés, y que están requiriendo atención psicológica e incluso reforzar en ellos mismos la educación emocional. 

Si queremos avanzar en materia educativa el próximo ciclo escolar, es urgente atender la salud mental de los maestros y docentes de todos los niveles educativos, pero en particular los de educación básica. Ya que el cerebro de los niños lee las emociones negativas de una persona que sufre de estrés crónico y hace una comprensión implícita de éstas. En otras palabras, “las emociones son contagiosas y un profesor que sufre del llamado síndrome burn out (desgaste), puede llegar a perder la sensibilidad para atender las emociones de sus alumnos. Por lo mismo, proteger la salud mental de los profesores debería ser una tarea urgente e ineludible; hacerlo no sólo es proteger sus emociones, sino también las de los estudiantes.” 

La salud es lo primero, y eso es indiscutible. El sector educativo lo deberá tener en cuenta. El reto principal para la educación en México será primero la salud emocional y mental de maestros y estudiantes; las estrategias y planes para mejorar la enseñanza vendrán después. 

Maestra en Asuntos Políticos y Políticas Públicas

anacristinales@gmail.com