¡No! Señora Gabriela Guevara, directora de la Comisión Nacional del Deporte (CONADE), esa medalla de oro que entregó usted al presidente López, se la debió entregar simbólicamente al grupo de atletas y entrenadores de la selección mexicana, que fue a Lima, Perú, a representar a nuestro país, que se trajo el tercer lugar de la tabla de clasificación final, por su solo esfuerzo y dedicación de varios, o muchos años, no de los 8 meses del actual gobierno que les escatima hasta lo indispensable para avanzar en su desarrollo deportivo. Que superó muchas limitaciones de presupuesto, y que durante LOS PRÓXIMOS 10 MESES deberá prepararse para las olimpiadas de Tokio 2020, que empiezan el 24 de julio, y tendrán limitaciones aún mayores, porque el gobierno de la 4T prefirió dedicar un inmenso presupuesto para apoyar generosamente, con 3000 millones de pesos, solo al deporte que le gusta al presidente, al beisbol.
Como fórmula para halagar el ego presidencial, esa medalla y las palabras elogiosas que dedicó al presidente, pasarán a la historia como uno de los episodios de servilismo al que están llegando algunos de los colaboradores más cercanos del presidente y a la soberbia de éste gobierno de la austeridad, de la 4T, que sin reserva acepta y recibe el halago indigno.
La escena que presenciamos en esta semana, ha suscitado la indignación y burla general, porque fue un episodio de triste sumisión, después de que hacía solo uno o dos meses, se había quejado del presupuesto que se le había asignado en la CONADE, ya que ”no alcanzaba ni para pagar la luz”, ni mucho menos para las becas a los deportistas. De todo ello se hizo partícipe un presidente, que acepta las alabanzas y la medalla, y solo ha tenido presupuesto para “su” deporte, el beisbol. Tanto hizo el ridículo la actitud servil de la directora del deporte, como la complicidad en esa penosa escena, del presidente.
Preocupa, y mucho, a los ciudadanos que no somos enemigos del gobierno, un discurso de con frontación calificando de adversarios a quienes lo criticamos. Todo ciudadano de este país, tiene el derecho y la libertad para discrepar frente a las decisiones que toma el gobernante, porque también es humano y también se equivoca, y para que se debatan frente a la ciudadanía, no para buscar la descalificación, del otro, sino para encontrar el mayor Bien Público, lo que beneficie a la nación y a la calidad de vida de las personas. No se vale que la respuesta gubernamental sea la descalificación, el adjetivo, y la ofensa. El discurso confrontacional no nos lleva a ningún lado. Como presidente, tiene la obligación de unir al pueblo, no dividirlo. El presupuesto que maneja no proviene solo de quienes votaron por él. De hecho, proviene de todos los ciudadanos, hayan o no votado por él y si quiere pasar a la historia, como él mismo lo ha dicho repetidamente, debe hablar y actuar como un hombre de estado. Conciliar y no confrontar. No es el dueño único de la verdad y de la razón. Tiene que saber escuchar a quienes lo critican no solo a los que lo halagan su ego.
Además, el gobernante de la 4T nos está diciendo muchas mentiras, algunas de ellas las repite con frecuencia y con desparpajo. Así como si nada. Por ejemplo, acostumbra decir que quienes lo critican, son cómplices del pasado, porque en ese tiempo no dijeron nada. Falso de toda falsedad, somos muchos, los que estuvimos gritando fuerte y quedito, en público y en privado, durante casi todo el sexenio anterior, que el gobierno de Peña Nieto era una verdadera banda dedicada a saquear al país y que la corrupción y la violencia iban siempre en aumento. Dice que quiere combatir la corrupción, pero hasta el momento no hay un solo funcionario del periodo de EPN en la cárcel (Con la salvedad de Rosario Robles, a la que el pasado martes, un juez sentenció a dos meses, solo mientras dura su proceso). Para repartir culpas, miente también al decir que la creciente violencia es culpa directa de Felipe Calderón por sacar al ejército a las calles, cuando él mismo lo está haciendo y acentuando esa estrategia, con la llamada Guardia Nacional, que por cierto, está dedicada ahora, a hacerle la tarea sucia a Trump para detener la migración centroamericana y la mexicana, al costo exorbitante de 21,000 elementos en ambas fronteras, (el costo de ello, se estima en 500 millones cada mes, 6,000 millones cada año), faltando también a su palabra, para dedicarla al combate contra el crimen y el narcotráfico.
No, de ninguna manera es aceptable que se diga con toda mala leche, que quienes criticamos a AMLO “odiamos al presidente”. Es falso de toda falsedad. Sólo creemos equivocadas muchas de sus decisiones y censuramos sus discursos cargados de resentimiento contra todos los que no le aplauden y la insistencia todos los días de crearse nuevos adversarios, por su visión maniqueísta de dividir en buenos y malos, negro o blanco, conmigo o contra mí; los mafiosos y el pueblo bueno, la 4T o el vacío. Criticamos, si, su discurso que incluye un manejo del odio social, y sus acusaciones, siempre sin pruebas.
Su propósito, que oculta pero ya es visible, es el control total de los poderes para el 2021, lo cual ya se le está tambaleando debido a la realidad económica que solo entiende que se hagan cosas buenas y a ese discurso de tono destructor, con agresiones que desalientan la confianza ni la inversión.
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