Malbéne, quien se describe a sí mismo como “un teólogo que muchas veces duda de su teología”, acaba de publicar en Iter un artículo que de seguro dará causa a sus críticos para criticarlo más. En él dice lo siguiente:
“... Las leyes religiosas del tiempo de Jesús prescribían que el varón justo no debía permitir que una prostituta se le acercara a menos de dos metros de distancia. Él, sin embargo, dejó que una mujer de mala vida le lavara los pies con ungüento perfumado y se los secara con sus cabellos. Ambas cosas, el aceite aromático y la cabellera suelta, eran instrumentos usados en el ejercicio de la prostitución. Ante esa mujer Jesús no fue un varón justo: fue un hombre misericordioso. Dejó que la prostituta llegara a él con sus pecados, y no la rechazó. Nuestro Señor pone siempre la misericordia por sobre la justicia. Dudar de su infinito amor es el mayor pecado que podemos cometer...”.
Muchos hay que miran en Dios a un juez castigador y no a un Padre amoroso. Ellos no aceptarán las palabras de Malbéne.
¡Hasta mañana!...
“... Las leyes religiosas del tiempo de Jesús prescribían que el varón justo no debía permitir que una prostituta se le acercara a menos de dos metros de distancia. Él, sin embargo, dejó que una mujer de mala vida le lavara los pies con ungüento perfumado y se los secara con sus cabellos. Ambas cosas, el aceite aromático y la cabellera suelta, eran instrumentos usados en el ejercicio de la prostitución. Ante esa mujer Jesús no fue un varón justo: fue un hombre misericordioso. Dejó que la prostituta llegara a él con sus pecados, y no la rechazó. Nuestro Señor pone siempre la misericordia por sobre la justicia. Dudar de su infinito amor es el mayor pecado que podemos cometer...”.
Muchos hay que miran en Dios a un juez castigador y no a un Padre amoroso. Ellos no aceptarán las palabras de Malbéne.
¡Hasta mañana!...

