¿Nada tiene sentido?

“El hombre es por natura la bestia paradójica, / un animal absurdo que necesita lógica”, escribió Antonio Machado.
Hay días en los que sentimos que nada tiene sentido. Muchos días, pues esta sensación se ha vuelto “normal”. ¿Para qué trabajar? Socializamos, trabajamos, estudiamos, sonreímos. Hacer algo, lo que sea, ¿para qué?
El sentimiento se acrecienta cuando vemos que alguien a quien queremos está mal de salud, de la nada; cuando el esfuerzo no siempre es recompensado, aunque bastaría a veces una palmada en el hombro; cuando vemos que la suerte y las redes de relaciones son vitales, o cuando al final el dinero (la economía, pues) es lo que decide por nosotros, desde un par de calcetines hasta un aeropuerto.
Pero aquí seguimos mientras podemos. El preguntarnos sobre el sentido, contemplar el sinsentido, es ya una expresión de conciencia, de libertad, como dice el Diccionario de filosofía:

«En la vida cotidiana, el hombre no siempre toma conciencia de sí mismo como existencia; para ello se necesita que resulte en una situación límite, es decir, frente a la muerte. Al encontrar a sí mismo como existencia, el hombre adquiere por primera vez también su libertad».

Ya hemos platicado aquí de El mito de Sísifo, del absurdo de vivir expresado bien en el ensayo de Albert Camus. Nos queda a veces esbozar una sonrisa. Bien dijo Gilles Deleuze: “el mecanismo del sinsentido es la más alta fidelidad del sentido”.
Retomo algo de lo que escribió Salvador Pániker:

«Le preguntaron a alguien sobre los efectos de la meditación. “Antes de practicar la meditación —respondió— estaba yo muy deprimido”. ¿Y ahora? “Ahora sigo igual de deprimido, pero no me importa”. Dicho de otro modo, uno ve su propio ego como quien ve sus propias piernas. Pero hay más: no se asciende a la posición de Testigo desde el deseo de liberarse del ego. Como dijera Chuang Tzu hace mucho tiempo: “¿No es acaso el deseo de liberarse del ego una manifestación del ego?”. Ello es que el Testigo se encuentra ya presente en cualquier estado de conciencia; sólo se trata de reconocerlo. Y en eso, sólo en eso, consiste la meditación. El Testigo es lo que los chinos llamaban Tao, la espontaneidad pura que lo es todo sin identificarse con nada. El Testigo no es ninguna experiencia, sino el margen que hace posible la experiencia.»

Para los existencialistas, el conocimiento del mundo está más próximo al arte que a la ciencia.
Escribe Jesús Munárrez:

«para que todo cobre otro sentido
una vez asumido el sinsentido
que es todo, y concentrados en su paso

veamos sin dolor pasar el tiempo
y vivamos minutos, horas, días,
bocanadas de ser, riqueza única,

para que todo vuelva a ser sí mismo,
lo que pasó, lo que es, lo que perdura,
lo que no deja huella de su paso…»

Pienso que nada tiene sentido. Luego escribo la frase “nada tiene sentido” y todo cobra sentido. Porque cada quien puede darle sentido a ese pensamiento. Para mí, escribir (y dibujar, y viajar, y abrazar) es crear y recrear realidades. Soy otro, soy tú.

Posdata: ayer sábado inició la Feria del Libro Infantil y Juvenil en la Plaza de los Fundadores. Estarán, entre otros, Roberto Coria, Jorge Esquinca, Laura García, Sergio Téllez-Pon, Ángel Ortuño, Patricio Betteo, Adán Medellín y Carlos Velázquez. También habrá concierto de la Sinfónica y la Vendimia Comiquera. Ahí nos vemos.

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