Niñocracia

Hace algún tiempo, mi hijo (que para entonces tendría unos 10 u 11 años) me preguntó por qué no podía votar en las elecciones. Sin entrar en explicaciones simplonas o demasiado rebuscadas, le dije algo así como que la Ley hacía una distinción entre niños y adultos en términos de responsabilidades. Parece que mi respuesta no le satisfizo, ya que él piensa que un niño puede tener la voluntad y la habilidad suficiente para participar; me imagino que él no se refería a una responsabilidad, sino a algo que se encuentra más allá de un derecho. Le recordé sobre la realización de la Consulta Infantil y Juvenil que viene organizando en INE en cada año de elecciones federales desde 1997 (y que como Usted ya estará enterado, en esta ocasión se realiza entre el 17 y el 25 de noviembre en nuestro país), después de explicarle brevemente sobre qué va un consulta de ese tipo, la conversación se fue para un lado que no esperaba: al hablar sobre la existencia de un espacio donde él (o las niñas y niños) puedan expresar su punto de vista, terminamos descubriendo que había experimentado algunas conductas de acoso escolar que pudimos atender adecuadamente.
No es motivo de este texto dilucidar en qué momento de la vida una persona tiene los elementos suficientes para hacer efectiva la expresión de la voluntad sobre un asunto público, tampoco pretendo discutir sobre la formulación de mecanismos pertinentes (o en el peor de los casos, descafeinados) para que los menores de edad puedan poner en práctica su derecho a participar. Con motivo de la realización de la Consulta Infantil y Juvenil quisiera argumentar por qué es una buena idea extender las oportunidades de participación en las y los menores de edad.
Compromiso cívico y participación como escuelas de la democracia.
A nadar se aprende nadando. Con la democracia ocurre igual. Hay quienes piensan que la democracia es algo que debe ser enseñado como si se tratara de un curso de formas de estado y formas de gobierno. También solemos abandonarnos a la idea de que por medio de la instrucción formal, las escuelas formarán a la ciudadanía del mañana a través de la atinada implementación de las currículas en formación cívica y ética. En lugar de eso, me pregunto si es mejor pensar en el aprendizaje de la democracia como forma de vida, lo que implica la posibilidad de que las niñas, niños, adolescentes y jóvenes de identifiquen a sí mismos como integrantes de una comunidad. Si echamos un vistazo a los resultados de las Consultas realizadas en 2015 y 2012, es posible identificar que el nivel de confianza e interacción de los menores con personas que se encuentran fuera de su núcleo familiar es baja. En 2015 se preguntó sobre qué compromisos estarían dispuestos a asumir para que en México haya más justicia y paz; en el estado de San Luis Potosí, prevalecieron las menciones que implican compromisos individuales (como respetar la ley o a los demás), muy por encima que compromisos que implican organizarse con otras personas para resolver los problemas que les afectan. Este bajo nivel de involucramiento colectivo se verá reflejado en unos años en niveles igualmente bajos de interacción entre vecinos, compañeros y ciudadanos.
¿Cómo podemos promover el compromiso cívico y la participación en los más jóvenes?. Los adultos debemos preguntarnos ¿con qué frecuencia hablamos con los menores sobre eventos actuales o cosas que hemos escuchado en las noticias? ¿con qué frecuencia se hablaba de política en casa cuando nosotros éramos menores de edad?. Es importante abordar los temas de actualidad de una manera en que se facilite la comprensión de los fenómenos y se fomente el pensamiento crítico. Hay que ayudarles a formarse sus propias opiniones sobre los asuntos sociopolíticos y también hay que enseñarles a practicar el diálogo democrático por excelencia, clarito, horizontal, respetuoso, sin imposiciones. Siempre es buena idea motivarles a pensar en un problema o necesidad social que exista en la localidad, para luego generar una lluvia de ideas que permitan definir un plan de acción que implique trabajar con los demás (le aseguro que se sorprenderá por las buenas ideas que obtendrá). Hay que enseñarles a practicar la vida en comunidad, esa misma que nosotros tenemos relegada.
Es una buena idea que participen en la Consulta Infantil y Juvenil, no solo por la práctica de un derecho o por las evidencias estadísticas que se arrojen de los resultados. Participar y expresarse es una gran idea; necesitamos que nuestras niñas, niños, adolescentes y jóvenes piensen en un país distinto, como diría Fito Páez: “en tiempos donde nadie escucha a nadie/ en tiempos donde todos contra todos/ en tiempos egoístas y mezquinos/ en tiempos donde siempre estamos solos”.