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Oscuro progreso

Por Miguel Ángel Hernández Calvillo

Enero 27, 2026 03:00 a.m.

A

Pues allí tienen que, sin mayor empacho, el presidente estadounidense Donald Trump se asumió, en la reciente cumbre de los ricos del mundo mundial, en Davos, Suiza, como un "experto en bienes inmobiliarios", por lo que no dudó en señalar a la franja territorial de Gaza como "una hermosa propiedad junto al mar" susceptible de convertirla en una zona de explotación turística e industrial. Para tal propósito, ya se sabe que lo primero es devastar y dejar en ruinas lo que posteriormente se procederá a transformar, para que el negocio sea negocio y la ganancia extraordinaria para pocos. Nada que llame a sorpresa. Así ha sido el meollo de la política imperialista estadounidense. Lucrativa reconstrucción para reactivar una economía en crisis de hegemonía internacional. En el colmo del cinismo, buscando legitimar todo el exceso de intervencionismo real e imaginado, ahora pretende Trump hasta desplazar a la ONU con un organismo paralelo que, hasta ufano, dice que "tiene derecho a presidir de manera vitalicia". En suma, la reedición del "americano feo".

     En la novela "El americano feo", de 1958, de Eugene Burdick, se da cuenta de la agresividad extrema de gobiernos gringos con respecto a los países del sudeste asiático en tiempos de un expansionismo que terminó vergonzosamente derrotado en 1975 en Vietnam en lo militar, pero sobre todo con la moral ensombrecida para buena parte de la sociedad estadounidense que se había tomado en serio el propagandismo de una "guerra fría" que espantaba con el petate de repeler cualquier esbozo de presunto comunismo. Pero cuando el "comunismo" ya no pudo dar más de sí como supuesto enemigo externo y además se aceleró la caída del muro de Berlín en 1989, vendría la necesidad de seguir inventando opositores al designio cuasi profético de hacer de Estados Unidos el país con "el derecho a ejercer el liderazgo moral en el planeta", el pretendido "excepcionalismo norteamericano", pues.

     Pero como ya se ha comentado antes en este espacio, ese ambiente generado en el vecino país del norte, que hoy se traduce en revueltas internas, es lo que otros intelectuales como Morris Berman denomina "oscuridad americana", una época oscura" largamente incubada, con la característica de lo que se conoce como "identidad negativa", esto es, que los gobernantes estadounidenses procuran encarnar peculiares valores morales por los que se asumen como los elegidos para "iluminar", y por ende dirigir y controlar, la vida (especialmente económica y política) del resto de los países del... mundo mundial. El resultado es que en el desenvolvimiento histórico de esa lógica supremacista han terminado por verse como lo contrario, hasta por sectores críticos de ese mismo país que no comulgan con esa mítica creencia de un "destino manifiesto". No es un momento únicamente, es un proceso largo en el tiempo. Pero como toda edad oscura, como la edad media con la que hace analogía Berman de la sociedad estadounidense, no se puede evitar el renacimiento.

     Al final del día, el pretendido progreso que ofrece Trump es tan ilusorio como el que Walter Benjamin describe en una de sus tesis "Sobre el concepto de historia", a partir de la imagen proyectada en el cuadro del "Angelus novus" de Paul Klee, donde un ángel es arrastrado por un huracán al futuro y únicamente atina a clavar una mirada desorbitada hacia el pasado donde yacen los muertos". El huracán del progreso, sobre las ruinas acumuladas. 

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