De lunes a viernes, el Presidente de la República, ante reporteros de diferentes medios de comunicación, ofrece una narrativa y en muchas ocasiones datos sobre los principales problemas públicos del país, lo cual hace de manera simple y natural, lo que resulta interesante y en ocasiones divertido para la audiencia, pero lo más relevante es que aborda temas estratégicos para el desarrollo del país, que van desde programas sociales, corrupción, guardia nacional, obras de infraestructura y política científica.
Es un estilo de gobierno que aprueba el 86 % de los mexicanos (véase gráfica), es una forma de gobierno que no tiene precedentes en México y quizá en el mundo, basado en un lenguaje sencillo, con frases que entiende y comparte la mayor parte de la sociedad mexicana; sus detractores, como es natural y sano en una democracia, desaprueban este proceso de gobierno, acusando que habla sin datos, que es autoritario, que evade preguntas y cuestionan sus decisiones de política pública.

En estas conferencias mañaneras nos hemos enterado de cómo los actores de política pública y sus aliados se han apropiado del espacio público para el cumplimiento de fines privados, lo cual han hecho de manera ilegal y abusiva, predominando los actos de corrupción e impunidad; poner a la luz pública estos actos tiene riesgos muy altos, por que lleva a la polarización social, al enfrentamiento ideológico y en muchas ocasiones violento, destrabar un status quo dominante no es fácil ni sencillo.
De este nuevo estilo de gobierno, lo que preocupa son los adjetivos utilizados en contra de los actores que no se consideran aliados al nuevo proyecto de gobierno: “neoliberal”, “fifi”, “conservador”; es un riesgo porque puede polarizar aún más al país, es una violencia verbal que en principio pareciera no serlo, pero en la realidad sí lo es, tan es así que se prolonga y ha penetrado a la sociedad, con lo cual no se podrán establecer los puentes de comunicación en una sociedad que está fragmentada y polarizada por la desigualdad.
Lo positivo es que los mexicanos ahora tenemos una alternancia política con alternativa en la forma de gestionar los asuntos públicos, hay un rompimiento con la estructura organizacional, con la figura de los delegados de programas sociales; predominarán las políticas públicas universales sobre las políticas públicas focalizadas, se retoma la planeación sobre la gestión basada en indicadores; es un proceso de gobierno que tiene como prioridad reducir la desigualdad sobre la satisfacción de las necesidades específicas de la sociedad.
El país se está sacudiendo porque el Presidente de la República enfrenta a la sociedad y es cuestionado por los medios de comunicación, esto no había sucedido en México; se están sacudiendo las estructuras dominantes y cuestionando el comportamiento de muchos actores, un ejemplo de ello son los huachicoleros, las estancias infantiles, los comedores en los centros penitenciarios, los intermediarios de los programas sociales, exención de impuestos a empresarios, la publicidad gubernamental, el subsidio a actos suntuarios.
El país se está sacudiendo porque se cuestiona la estructura y funcionamiento de los órganos autónomos, los cuales son defendidos por académicos de la ciudad de México, argumentando que son útiles porque incorporan conocimiento técnico a la elaboración de política pública, garantizan imparcialidad y fortalecen el equilibrio de poderes, sin embargo en lo local esto no sucede, basta con ver su estructura y funcionamiento y se llegará a la conclusión que no están los expertos, sino los aliados de la clase política local.
El país se está sacudiendo por que la sociedad no cree en la democracia como forma de gobierno, en México según latinobarómetro, sólo el 19 % la aprueba; hay un déficit de eficiencia gubernamental, lo cual ha generado la sensación social de que no avanzamos y en mucho tienen razón, esto es generado por procesos de gobierno que toman decisiones de política pública en torno a las soluciones, sin antes definir cuales son problemas públicos que se buscan resolver.
El país esta sacudido porque cuando buscamos definir problemas públicos sólo vemos el árbol, pero nunca el bosque completo, solo lo hacemos desde nuestro propio espacio, a partir de valores e intereses particulares, nos falta una visión global de cada situación social, que nos conduzca a debatir causas y no consecuencias, que los problemas se resuelven no sólo con presupuesto, sino también modificando comportamientos, falta innovación, creatividad, pero sobre todo disponibilidad de diálogo sin adjetivos.
El país se está moviendo porque han surgido nuevas voces y actores, porque hay que terminar con la creencias que la solución de los problemas públicos es asunto de los expertos y nadie más; es necesario que las políticas públicas se diseñen con evidencia empírica, es decir, dándole la voz a los protagonistas de los mismos, y no a quienes desde la comodidad de la oficina creen tener la solución optima; los tiempos actuales demandan que los diseñadores de las políticas no solo tengan conocimiento técnico, sino también habilidad política.
La alternancia política ha generado la llegada de nuevos actores políticos, quienes no forman parte de la clase política dominante, quienes no actúan siguiendo la estrategia tradicional de acuerdos en los obscurito, quienes aguantan los golpes mediáticos sustentados solo en ataques a la vida personal, porque no siguen la línea establecida por los poderes fácticos, por que no actúan en múltiples espacios de la vida publica presumiendo conocimientos técnicos y logros que no poseen.
En síntesis: los problemas públicos de México son estructurales, por lo que resolverlos no sólo es mediante un nuevo estilo de gobierno, ni tampoco es solo un asunto de liderazgo político; para superarlos se requiere atacar las disfunciones del capitalismo, además fortalecer la responsabilidad social, y terminar con la cultura de la paternidad y gratuidad gubernamental; el contexto actual de México demanda cambios en la forma de hacer política, de dirigir la economía y a la sociedad; es por eso que se está viviendo una sacudida de fondo.
Twitter: @jszslp
Es un estilo de gobierno que aprueba el 86 % de los mexicanos (véase gráfica), es una forma de gobierno que no tiene precedentes en México y quizá en el mundo, basado en un lenguaje sencillo, con frases que entiende y comparte la mayor parte de la sociedad mexicana; sus detractores, como es natural y sano en una democracia, desaprueban este proceso de gobierno, acusando que habla sin datos, que es autoritario, que evade preguntas y cuestionan sus decisiones de política pública.

En estas conferencias mañaneras nos hemos enterado de cómo los actores de política pública y sus aliados se han apropiado del espacio público para el cumplimiento de fines privados, lo cual han hecho de manera ilegal y abusiva, predominando los actos de corrupción e impunidad; poner a la luz pública estos actos tiene riesgos muy altos, por que lleva a la polarización social, al enfrentamiento ideológico y en muchas ocasiones violento, destrabar un status quo dominante no es fácil ni sencillo.
De este nuevo estilo de gobierno, lo que preocupa son los adjetivos utilizados en contra de los actores que no se consideran aliados al nuevo proyecto de gobierno: “neoliberal”, “fifi”, “conservador”; es un riesgo porque puede polarizar aún más al país, es una violencia verbal que en principio pareciera no serlo, pero en la realidad sí lo es, tan es así que se prolonga y ha penetrado a la sociedad, con lo cual no se podrán establecer los puentes de comunicación en una sociedad que está fragmentada y polarizada por la desigualdad.
Lo positivo es que los mexicanos ahora tenemos una alternancia política con alternativa en la forma de gestionar los asuntos públicos, hay un rompimiento con la estructura organizacional, con la figura de los delegados de programas sociales; predominarán las políticas públicas universales sobre las políticas públicas focalizadas, se retoma la planeación sobre la gestión basada en indicadores; es un proceso de gobierno que tiene como prioridad reducir la desigualdad sobre la satisfacción de las necesidades específicas de la sociedad.
El país se está sacudiendo porque el Presidente de la República enfrenta a la sociedad y es cuestionado por los medios de comunicación, esto no había sucedido en México; se están sacudiendo las estructuras dominantes y cuestionando el comportamiento de muchos actores, un ejemplo de ello son los huachicoleros, las estancias infantiles, los comedores en los centros penitenciarios, los intermediarios de los programas sociales, exención de impuestos a empresarios, la publicidad gubernamental, el subsidio a actos suntuarios.
El país se está sacudiendo porque se cuestiona la estructura y funcionamiento de los órganos autónomos, los cuales son defendidos por académicos de la ciudad de México, argumentando que son útiles porque incorporan conocimiento técnico a la elaboración de política pública, garantizan imparcialidad y fortalecen el equilibrio de poderes, sin embargo en lo local esto no sucede, basta con ver su estructura y funcionamiento y se llegará a la conclusión que no están los expertos, sino los aliados de la clase política local.
El país se está sacudiendo por que la sociedad no cree en la democracia como forma de gobierno, en México según latinobarómetro, sólo el 19 % la aprueba; hay un déficit de eficiencia gubernamental, lo cual ha generado la sensación social de que no avanzamos y en mucho tienen razón, esto es generado por procesos de gobierno que toman decisiones de política pública en torno a las soluciones, sin antes definir cuales son problemas públicos que se buscan resolver.
El país esta sacudido porque cuando buscamos definir problemas públicos sólo vemos el árbol, pero nunca el bosque completo, solo lo hacemos desde nuestro propio espacio, a partir de valores e intereses particulares, nos falta una visión global de cada situación social, que nos conduzca a debatir causas y no consecuencias, que los problemas se resuelven no sólo con presupuesto, sino también modificando comportamientos, falta innovación, creatividad, pero sobre todo disponibilidad de diálogo sin adjetivos.
El país se está moviendo porque han surgido nuevas voces y actores, porque hay que terminar con la creencias que la solución de los problemas públicos es asunto de los expertos y nadie más; es necesario que las políticas públicas se diseñen con evidencia empírica, es decir, dándole la voz a los protagonistas de los mismos, y no a quienes desde la comodidad de la oficina creen tener la solución optima; los tiempos actuales demandan que los diseñadores de las políticas no solo tengan conocimiento técnico, sino también habilidad política.
La alternancia política ha generado la llegada de nuevos actores políticos, quienes no forman parte de la clase política dominante, quienes no actúan siguiendo la estrategia tradicional de acuerdos en los obscurito, quienes aguantan los golpes mediáticos sustentados solo en ataques a la vida personal, porque no siguen la línea establecida por los poderes fácticos, por que no actúan en múltiples espacios de la vida publica presumiendo conocimientos técnicos y logros que no poseen.
En síntesis: los problemas públicos de México son estructurales, por lo que resolverlos no sólo es mediante un nuevo estilo de gobierno, ni tampoco es solo un asunto de liderazgo político; para superarlos se requiere atacar las disfunciones del capitalismo, además fortalecer la responsabilidad social, y terminar con la cultura de la paternidad y gratuidad gubernamental; el contexto actual de México demanda cambios en la forma de hacer política, de dirigir la economía y a la sociedad; es por eso que se está viviendo una sacudida de fondo.
Twitter: @jszslp

