Pau

Ser padre no es tarea fácil; conlleva la alta responsabilidad de formar, educar, preparar para la vida a tus hijos, acompañado todo eso con infinitas alegrías y satisfacciones.

El veinticuatro de diciembre de dos mil dos recibí la noticia de que la vida me daba el regalo de la paternidad. El tres de agosto del año siguiente, domingo por la mañana, pude ver de frente, cara a cara, el milagro de la vida, de mi vida propia, a mi hija. Tres años después recibí un segundo obsequio, mi segundo hijo.

Así, nuestra familia, quedaba formada, lista para andar está vida los cuatro juntos, como lo hemos venido haciendo.

Ser padre de una hija es todavía más complejo de lo que se supone. Hay que conocer y aprender cosas inimaginables, como el nombre de las princesas de Disney, los personajes de cada historia y sus temáticas.

Tu hija se encarga de que cumplas la tarea, pues, en el recuento de las horas de tu vida ante una pantalla, siempre serán las más, las dedicadas a capacitarse en princesología disneysiana.

Para muchas cosas no se me da la convencionalidad y la ortodoxia, por lo que no resulta extraño que, cuando me era confiada la tarea de dormir a la bebé, la parrillada acompañados de la sensacional guitarra de Carlos Santana en “Smooth”, acompañado de Rob Thomas.

Algo debe haber tenido de efecto en ella está forma de iniciar el sueño nocturno que, al día de hoy, nos ocupa el tiempo oír música juntos, en un bonito intercambio cultural entre la suya y la mía, teniendo, como debe ser, convergencia y divergencias. Sin embargo, me ha hecho conocer mucho de lo que hoy se escucha, evitando así que su padre se ancle en el pasado musical.

Hijo de pintores, mis habilidades en las artes plásticas son nulas, aunque las de Pau son excepcionales, poniendo en claro que la genética, los cromosomas, al no verme posibilidades, decidieron brincar una generación y darme por perdido, encontrando en Pau la mejor forma de expresión.

Ya hay en la casa colgados cuadros de su autoría y, seguro estoy, vendrán más; disfruta en el crear, combinar colores y materiales y siempre está con alguna nueva idea por realizar.

De mi, eso sí, ha tomado el gusto por la lectura. Vamos juntos a librerías y compartimos el gusto por algunos autores y obras.

Y podría seguir enumerando cosas que compartimos, así como recuerdos, anécdotas e historias. ¿Cómo olvidar aquella casa de cartón, hecha para entrar en ella y pintar en sus paredes interiores y exteriores? Como se pensó para una niña de tres años, aquí el que suscribe tenía que ingeniárselas para entrar y, peor aún, salir.

Hoy, a quince años recién cumplidos, veo que algo estaremos haciendo bien Mine y yo, pues Pau es una joven inteligente, sensible, amorosa, creativa y desenvuelta, que quiere a sus padres y adora a su hermano.

Habrá cumplido quince años y cumplirá muchos más, pero siempre será mi princesita.

@jchessal