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Posturas y actitud

Por Martha Ocaña

Marzo 13, 2024 03:00 a.m.

A

En yoga, hay varias decenas de posturas cuyo nombres -me parece- evocan el espíritu de lo que el practicante debe imitar:

Está la postura de la Montaña o Tadasana conocida como Samasthiti. La analogía con la montaña nos lleva a imaginar nuestra columna firme mientras dirigimos -como la montaña- la mirada hacia el frente. Al mismo tiempo imaginamos los pies como una raíz que se ancla al suelo, de tal manera que nos vemos a nosotros mismo tan firmes y fuertes como una montaña.

La postura del Niño o Balasana, es perfecta para descansar en cualquier momento del día o cuando necesites un respiro durante la práctica. Solamente hay que ponerse rodillas, apoyar la frente en el suelo y rodear las piernas con los brazos o estíralos delante. Otra que remite a esa etapa en la que comer, reír y dormir eran todo nuestro mundo y nuestra vida, es la postura del Bebé Feliz. Hay que estar boca arriba, elevar las rodillas hacia la cara y tomar los pies por las plantas mientras nuestro cuerpo se alegra con un pequeño balanceo.

Hay otras que evocan actitudes de gran esfuerzo como lo son los guerreros o bien, la ligereza y el equilibrio que todo ser humano anhela tener sobre todo en momentos difíciles. El yoga por lo tanto no es una práctica para verte ¡guau! y presumir ante tus amigos por estar en la onda de los nuevos hippis. Es una práctica que se lleva a la vida diaria para darnos templanza, seguridad y serenidad  y que no se demuestra sobre un tapete de nombre extravagante, sino en la vida diaria ante esos pequeños o grandes retos que se nos presentan cotidianamente: la vida profesional, la carga doméstica, el tráfico, la familia, el tiempo, la salud y todo lo que llena nuestros días.

He querido hablar de esto, porque creo que necesitamos mucha fortaleza física y mental para prepararnos ante las aquello que amenaza nuestras libertades, la seguridad de todos y la vida del país como la conocemos y como la imaginamos en un futuro. Y no hay que ser amarillista para advertir los riesgos que tenemos como pueblo, como comunidad, como empresarios, padres de familia, empleados o como persona que respira, come y se mueve

Estar firmes como lo está la montaña, con las raíces bien profundas para sostener la libertad, la democracia y los derechos humanos. Como el Árbol para tener equilibrio y el juicio que nos permitirá ver la realidad con objetividad y mantener la flexibilidad ante el viento o la lluvia; o en un Guerrero -Virabhadrasana-, listos para enfrentar y defender las instituciones y las fuentes de empleo. Así me lo pienso yo al menos. Y, no hay que ser ni un hippie buena onda, ni un profesional de la espirutualidad para practicar estas posturas y hacerlas parte de nuestra naturaleza y nuestra forma de ser y estar en la vida. 

Y así quizá, evocar la montaña, el árbol el guerrero, el bebé feliz, el perro mirando al sol, la paloma o el cuervo, nos puedan dar una perspectiva más sana y amplia, o nos inyecten el espíritu  y el instinto que hemos perdido para mimetizarnos con la naturaleza y fluir de una forma más humana. Como una especie más de este planeta tan bello y rico que estamos devastando con nuestras decisiones.

Namasté.