“Salud preventiva y envejecimiento saludable”

Compartir:

Decir amigo /es decir lejos /y antes fue decir adiós.

Y ayer y siempre / lo tuyo nuestro /y lo mío de los dos.

Decir amigo /se me figura que /decir amigo /es decir ternura.

Dios y mi canto / saben a quién nombro tanto.

J. M. Serrat

La novedad del inicio de año se diluye en la rutina y, nuestros modos de ser y de hacer vuelven a nuestra vida diaria.  Más allá de nuestras intenciones motivadas por las celebraciones, nos encontramos ya ante el cierre del primer mes del dos mil veinte. 

Usualmente, cuando consideramos que la vida transcurre indefectiblemente, nos decimos: “¡Qué rápido pasa el tiempo!”, para acomodarnos, luego, en el estado que guarda nuestra existencia. 

Sin embargo, ya sea que lo consideremos o no lo consideremos, cada vuelta de año envejecemos como personas y, también, como población. 

Dicho en una expresión muy simple, lo que planteamos es: que del grupo de personas que conformamos nuestra entidad estatal, cada vez somos más las personas más viejas en comparación con las más jóvenes.

La evidencia de esta afirmación se centra en la información que el INEGI publica en su página de internet sobre los censos de población, donde señala que: en 2010, en nuestro estado potosino, siete de cada cien personas tenían más de sesenta y cinco años o más y, para el 2015, ya había un poco más de ocho personas con sesenta y cinco años y más por cada cien personas (8.2 %).

Este dato nos dice que hay una tendencia de incremento del número de personas de sesenta y cinco años y más en  comparación contra las de menor edad. Tendencia de nuestro estado que también se presenta en el país e, incluso, en nuestro planeta. 

Así pues, producto del desarrollo de la ciencia ha aumentado la esperanza de vida, se han incrementado nuestras expectativas y con ello ha aumentado la población mayor a los sesenta y cinco años y más en comparación con los rangos de menor edad. Pero, lo mismo que esto es positivo, también nos representa algunos retos y desafíos como sociedad.

En este contexto, destacamos que el impacto del conocimiento científico en el campo de la salud -que ha permitido incrementar nuestra expectativa de vida- no va aparejado con el impacto del conocimiento científico en el campo de lo social en relación a la calidad de vida para este segmento de población que va en aumento.

En específico, nos referimos a las acciones que como sociedad (Estado, sociedad civil, grupos organizados) aún no hacemos para que el aumento de los años de vida valgan la pena de ser vividos.

Cuando uno se involucra en la dimensión de vida de las personas de mayor edad (“adultos mayores”, “tercera edad”, “abuelitos”; entre otros tantos denominativos), descubrimos que corresponde a un mundo (orden de vida) del que socialmente conocemos muy poco. Por poner un ejemplo; conocemos de las etapas del desarrollo en la infancia en cuanto al desarrollo del lenguaje, la maduración psicomotriz, el apego, entre otros conocimientos más del desarrollo infantil. Sin embargo, socialmente conocemos muy poco sobre el desarrollo de las etapas de vida de la población de sesenta y cinco años y más.

El asunto es, como lo señala la Organización Mundial de la Salud: 

Debido al aumento de la esperanza de vida y a la disminución de la tasa de fecundidad, la proporción de personas mayores de 60 años está aumentando más rápidamente que cualquier otro grupo de edad en casi todos los países. El envejecimiento de la población puede considerarse un éxito de las políticas de salud pública y el desarrollo socioeconómico, pero también constituye un reto para la sociedad, que debe adaptarse a ello para mejorar al máximo la salud y la capacidad funcional de las personas mayores, así como su participación social y su seguridad.

Destacamos pues que nosotros (usted, los vecinos, yo y los demás) debemos adaptarnos a este cambio en la configuración poblacional de nuestra sociedad. Un proceso que debe iniciar por mí, por usted y, luego, por los demás.

Razones para hacerlo hay varias: por empatía, por un imperativo moral, por una moral religiosa o, simplemente, “porque somos arrieros y en el camino andamos”.

Imagínese usted, si aún puede gozar del privilegio de cruzar corriendo la calle para sortear el río de vehículos que avanzan como si no llevaran humanos al volante; imagínese, si aún no necesita un pañal para controlar la incontinencia o, imagine, si no le ha pasado ese mal que da “después de vejez – viruela”. Imagínese, si aún su plenitud le justifica ignorar esa otra parte del mundo que la capacidad de la ciencia ha logrado conquistar pero que nuestra capacidad social aún no logra asimilar y muchísimo menos instaurar condiciones para hacer que esa promisoria etapa sea hecha digna de ser vivida.

Imagíneme usted mirando a mi madre hablar con tanto cariño a unos perros como, recuerdo yo, nos hablaba a mis hermanas y a mí hace ya muchos años. Después de imaginarme, observe usted detenidamente en su entorno, ¿cuántas personas de la tercera edad se vinculan emocionalmente con los animalitos mientras su descendencia atiende sus necesidades de vida?

Observe, también, mientras usted transita libremente por la calle, ¿cuántas personas de la tercera edad se detienen asustadas, temerosas, antes de tomar el valor de cruzar?

Desarrollar Políticas Públicas requiere de razonabilidad social (esa capacidad de identificar la relación entre: necesidades, responsabilidad y capacidad), un proceso que inicia con observar a nuestros semejantes en las formas de vivir frente a los desafíos de la vida misma; imaginar cómo debería ser el orden de cosas para que sus condiciones de vida sean mejores y, comprometernos para que el orden ideal de esas cosas sean una realidad.

Recuerdo que, hace ya muchos años –será que me estoy poniendo viejo-  un comercial televisivo decía: “si las cosas que valen la pena se hicieran fácilmente, cualquiera las haría”. Tal vez, no sé usted qué piensa, pero, atender socialmente las situaciones de vida de las personas mayores de los sesenta y cinco años y más, no sea una tarea fácil, ni cómoda, ni pueda darnos ganancias económicas, pero, sin duda, si logramos mejorar socialmente al respecto, haremos que nuestro mundo sea mejor. Así lo creo.

Mientras espero que termine la atención médica de mi madre, leo en la bitácora del Congreso del Estado de San Luis Potosí, correspondiente a la LXII legislatura, la propuesta de reforma a  la Ley de Instituciones de Desarrollo Humano y de Bienestar Social para el estado de San Luis Potosí, del nueve de diciembre pasado, donde plantea: “Desarrollar y promover acciones que propicien el establecimiento de políticas públicas encaminadas a instaurar entre la población las medidas de salud preventiva que conlleven a un envejecimiento saludable”.

Al cierre del primer mes del presente año, les deseo que la vida les permita muchos años y que nuestra sociedad logre que sean cada vez más dignos… que así sea.

joseramonuhm@hotmail.com