Entre los siglos XVI y XIX fue práctica común y recurrente la escritura y publicación de sendos impresos que primorosamente ilustrados con grabados de madera o cobre en los siglos bajos, y con litografías ya en el siglo XIX, narraban vidas de santas, santos, y virtuosos varones que se encontraban por méritos espirituales, caritativos y de virtudes piadosas, públicas y notorias, en vías de ser llevados a los altares.
Aunque hoy pensaríamos que las hagiografías, nombre que recibe este género ocupado de narrar las vidas de los santos (de ?????: hagios, santo y ??af?: grafos, escritura), si no han desaparecido, al menos caído en desuso, todavía es posible conseguir en algunas librerías religiosas o en los expendios de los templos, las Vidas Ejemplares, de ediciones Paulinas, que se ocupan de mostrar a la niñez católica, las vidas de diversos personajes inscritos en el libro de los santos y los mártires.
Pese a lo anterior, es fácil hallar algunas biografías escritas para ensalzar a algún personaje histórico vinculado con los espacios regionales o nacionales, y en otras ocasiones escritos laudatorios para glorificar a hombres y mujeres públicos, con fuerte ascendencia en los campos empresariales, políticos o sociales.
* * *
El día de ayer, pensado en la posibilidad de adquirir un libro para leer el fin de semana, inicié el recorrido por seis de las principales seis librerías existentes en el centro histórico de esta ciudad; nada me convenció y cuando estaba por desistir para entrar a la última librería, observé en su entrada un curioso acomodo de libros que motivó cierta sensibilidad en mi parte espiritual y virtuosa, invitándome a adquirir una bella obra, con cierta semejanza con los 15 minutos en presencia de Jesús Sacramentado.
Mi alma, como en la Magnífica, se llenó de gozo y acudí a la caja a pagar los $120.40 pesos que importaban el costo del libro.
Un cintillo, en la parte baja de la pasta, advierte: La apasionante vida de un hombre joven que está llamado a marcar un hito en la historia política de México. ¿Cómo no comprarlo y cómo no evitar que los ojos se me llenaran de lágrimas?
La joya bibliográfica se titula Pigmalión en la Comunidad, es una obra de 219 páginas sin colofón; sin hojas de cortesía o preliminares, su numeración es continua. Si nos atenemos a las invitaciones de la presentación de la obra, se señala como autor a Jorge Alfonso Sierra Quintero; aunque no alcanzo a comprender el alcance de su autoría, ya que el libro está narrado en primera persona por el biografiado: Ricardo “El Pollo” Gallardo Cardona, según reza en la parte superior de la portada.
El libro, según las especificaciones, fue editado por Global Clik, dirigido por el ya mencionado Sierra Quintero, asesorado documentalmente por Rodrigo Menchaca Sánchez, y con trabajo de diseño y diagramación de Liliana Mota. Se halla impreso de manera casi artesanal, en un papel corriente de bajo gramaje, sin trabajos de diseño, maquetación, ortográfico, y sintáctico-gramatical.
Aunque carece de índice, se halla divido en lo que supongo 12 capítulos: El principio páginas 13-15; El encuentro, páginas 17-21; El comienzo de mi historia páginas, 23-27; Se empieza a hacer el día, páginas 29-39; Llega el amor con sus estragos a mi púber corazón, páginas 41-58; Mi entrada a la prepa. Mis primeras inquietudes con la política. Mi padre me da una gran lección en la vida sobre la responsabilidad, páginas 59-73; Retiro espiritual y mi encuentro con la Fe católica, páginas 75-92; Mi intempestiva boda y el nacimiento de mi primer hijo, páginas 93-100; Una intoxicación que por poco me mata, páginas 101-106; Un golpe inesperado en el centro de mis sentimientos, páginas 115-124; Mi primer divorcio, páginas 125-127De nuevo la inquietud política. Ahora sí, se afianza y nos lanzamos, páginas 129-155; y La ignominia, páginas 157-184; entre las páginas 107 y 114 se incluye una iconografía con 43 fotografías a color con escenas de la vida del biografiado, y de las páginas 185 a 219, se presenta un anexo con 12 testimonios que dan puntual fe de las virtudes y calidad moral del mismo biografiado.
* * *
Ya desde la página 10 se dan importantes referencias de su vida ejemplar: siendo un niño de escasos 12 años, ya trabajaba incansablemente […] y empezó a mostrar su luminoso liderazgo pero sobre todo, una sensibilidad social, humildad y generosidad… Prueba palpable que nos encontramos frente a un santo al nivel de Gerardo María de Mayela que ya desde la más tierna infancia tenía clara su vocación cuando al huir de su casa rumbo a Lacedonia, deja a su madre una nota con la afirmación: Voy a hacerme santo.
El prologuista alcanza dimensiones proféticas al vaticinar en la página 11: este hombre está llamado a ser y hacer en México, será sin duda un iluminante faro a seguir por otros gobernantes mexicanos; viene aquí la similitud con las sagradas escrituras: Tu palabra es antorcha para mis pies y luz para mi sendero.
Ya en la narración del biografiado, al hacer referencia a su abuelo señala: Ricardo era hijo de un reconocido general de la revolución mexicana y nieto de españoles que llegaron a principios del siglo XX a nuestro país y se instalaron en Lagos de Moreno, Jalisco. Mis bisabuelos y sus hermanos eran hacendados, con fincas en las principales plazas.
Aquí lamento señalar que hay varias inconsistencias en estas notas biográficas, ya que si nos atenemos al Censo de 1930, Ramón Gallardo, –padre de Ricardo, el referido abuelo– con domicilio en Coronel Espinosa número 47, declaraba ser cargador; sí, originario de Jalisco, y nacido hacia 1878. ¡Vaya sorpresa!, es la primera ocasión en que un militar hace notoria su baja autoestima, o muestra un rechazo total por su grado, y se declara cargador.
El acta de defunción del mismo Ramón Gallardo, de 9 de mayo de 1940, lo consigna como de 74 años, casado, jornalero, cargador […] hijo de padres cuyos nombres y generales se ignoran. Quizá de allí supuso el origen castrense.
Lo que resulta de verdad intrigante es que se sea hijo de españoles que llegaron a principios de siglo, y hubiera nacido al menos 30 años antes del arribo de sus padres al país.
* * *
La impresionante obra, desde luego amerita un análisis detallado por exégetas versados a profundidad en sagradas escrituras y vidas llamadas a la santidad, lamento no ser capaz de realizar esa titánica obra.
Una cosa es cierta, sin embargo, son escasos personajes de este tipo, que con sus actos heroicos y virtudes, contribuyen a ser ejemplo de la niñez, no sólo potosina sino también nacional, y deben ser reconocidos y premiados por su pía labor en beneficio de su entorno inmediato y de la nación entera.
Nadia objetará que tras la lectura de esta obra, sólo habrá un clamor generalizado en San Luis Potosí, porque no creo que en otro lado se venda la magistral obra: Ricardo Gallardo Cardona, aún en vida, debe ser llevado inmediatamente a los altares. Para tal categoría la iglesia católica pide dos milagros, la tradición pide tres, pero ante un hombre de esta magnitud que ha dedicado cada día a hacer el bien entre sus semejantes sólo se puede esperar que sea declarado ¡santo súbito!
Dicen los que saben, y los que no, repiten, que hoy es sábado social; disfrútenlo pero no se excedan.
Aunque hoy pensaríamos que las hagiografías, nombre que recibe este género ocupado de narrar las vidas de los santos (de ?????: hagios, santo y ??af?: grafos, escritura), si no han desaparecido, al menos caído en desuso, todavía es posible conseguir en algunas librerías religiosas o en los expendios de los templos, las Vidas Ejemplares, de ediciones Paulinas, que se ocupan de mostrar a la niñez católica, las vidas de diversos personajes inscritos en el libro de los santos y los mártires.
Pese a lo anterior, es fácil hallar algunas biografías escritas para ensalzar a algún personaje histórico vinculado con los espacios regionales o nacionales, y en otras ocasiones escritos laudatorios para glorificar a hombres y mujeres públicos, con fuerte ascendencia en los campos empresariales, políticos o sociales.
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El día de ayer, pensado en la posibilidad de adquirir un libro para leer el fin de semana, inicié el recorrido por seis de las principales seis librerías existentes en el centro histórico de esta ciudad; nada me convenció y cuando estaba por desistir para entrar a la última librería, observé en su entrada un curioso acomodo de libros que motivó cierta sensibilidad en mi parte espiritual y virtuosa, invitándome a adquirir una bella obra, con cierta semejanza con los 15 minutos en presencia de Jesús Sacramentado.
Mi alma, como en la Magnífica, se llenó de gozo y acudí a la caja a pagar los $120.40 pesos que importaban el costo del libro.
Un cintillo, en la parte baja de la pasta, advierte: La apasionante vida de un hombre joven que está llamado a marcar un hito en la historia política de México. ¿Cómo no comprarlo y cómo no evitar que los ojos se me llenaran de lágrimas?
La joya bibliográfica se titula Pigmalión en la Comunidad, es una obra de 219 páginas sin colofón; sin hojas de cortesía o preliminares, su numeración es continua. Si nos atenemos a las invitaciones de la presentación de la obra, se señala como autor a Jorge Alfonso Sierra Quintero; aunque no alcanzo a comprender el alcance de su autoría, ya que el libro está narrado en primera persona por el biografiado: Ricardo “El Pollo” Gallardo Cardona, según reza en la parte superior de la portada.
El libro, según las especificaciones, fue editado por Global Clik, dirigido por el ya mencionado Sierra Quintero, asesorado documentalmente por Rodrigo Menchaca Sánchez, y con trabajo de diseño y diagramación de Liliana Mota. Se halla impreso de manera casi artesanal, en un papel corriente de bajo gramaje, sin trabajos de diseño, maquetación, ortográfico, y sintáctico-gramatical.
Aunque carece de índice, se halla divido en lo que supongo 12 capítulos: El principio páginas 13-15; El encuentro, páginas 17-21; El comienzo de mi historia páginas, 23-27; Se empieza a hacer el día, páginas 29-39; Llega el amor con sus estragos a mi púber corazón, páginas 41-58; Mi entrada a la prepa. Mis primeras inquietudes con la política. Mi padre me da una gran lección en la vida sobre la responsabilidad, páginas 59-73; Retiro espiritual y mi encuentro con la Fe católica, páginas 75-92; Mi intempestiva boda y el nacimiento de mi primer hijo, páginas 93-100; Una intoxicación que por poco me mata, páginas 101-106; Un golpe inesperado en el centro de mis sentimientos, páginas 115-124; Mi primer divorcio, páginas 125-127De nuevo la inquietud política. Ahora sí, se afianza y nos lanzamos, páginas 129-155; y La ignominia, páginas 157-184; entre las páginas 107 y 114 se incluye una iconografía con 43 fotografías a color con escenas de la vida del biografiado, y de las páginas 185 a 219, se presenta un anexo con 12 testimonios que dan puntual fe de las virtudes y calidad moral del mismo biografiado.
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Ya desde la página 10 se dan importantes referencias de su vida ejemplar: siendo un niño de escasos 12 años, ya trabajaba incansablemente […] y empezó a mostrar su luminoso liderazgo pero sobre todo, una sensibilidad social, humildad y generosidad… Prueba palpable que nos encontramos frente a un santo al nivel de Gerardo María de Mayela que ya desde la más tierna infancia tenía clara su vocación cuando al huir de su casa rumbo a Lacedonia, deja a su madre una nota con la afirmación: Voy a hacerme santo.
El prologuista alcanza dimensiones proféticas al vaticinar en la página 11: este hombre está llamado a ser y hacer en México, será sin duda un iluminante faro a seguir por otros gobernantes mexicanos; viene aquí la similitud con las sagradas escrituras: Tu palabra es antorcha para mis pies y luz para mi sendero.
Ya en la narración del biografiado, al hacer referencia a su abuelo señala: Ricardo era hijo de un reconocido general de la revolución mexicana y nieto de españoles que llegaron a principios del siglo XX a nuestro país y se instalaron en Lagos de Moreno, Jalisco. Mis bisabuelos y sus hermanos eran hacendados, con fincas en las principales plazas.
Aquí lamento señalar que hay varias inconsistencias en estas notas biográficas, ya que si nos atenemos al Censo de 1930, Ramón Gallardo, –padre de Ricardo, el referido abuelo– con domicilio en Coronel Espinosa número 47, declaraba ser cargador; sí, originario de Jalisco, y nacido hacia 1878. ¡Vaya sorpresa!, es la primera ocasión en que un militar hace notoria su baja autoestima, o muestra un rechazo total por su grado, y se declara cargador.
El acta de defunción del mismo Ramón Gallardo, de 9 de mayo de 1940, lo consigna como de 74 años, casado, jornalero, cargador […] hijo de padres cuyos nombres y generales se ignoran. Quizá de allí supuso el origen castrense.
Lo que resulta de verdad intrigante es que se sea hijo de españoles que llegaron a principios de siglo, y hubiera nacido al menos 30 años antes del arribo de sus padres al país.
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La impresionante obra, desde luego amerita un análisis detallado por exégetas versados a profundidad en sagradas escrituras y vidas llamadas a la santidad, lamento no ser capaz de realizar esa titánica obra.
Una cosa es cierta, sin embargo, son escasos personajes de este tipo, que con sus actos heroicos y virtudes, contribuyen a ser ejemplo de la niñez, no sólo potosina sino también nacional, y deben ser reconocidos y premiados por su pía labor en beneficio de su entorno inmediato y de la nación entera.
Nadia objetará que tras la lectura de esta obra, sólo habrá un clamor generalizado en San Luis Potosí, porque no creo que en otro lado se venda la magistral obra: Ricardo Gallardo Cardona, aún en vida, debe ser llevado inmediatamente a los altares. Para tal categoría la iglesia católica pide dos milagros, la tradición pide tres, pero ante un hombre de esta magnitud que ha dedicado cada día a hacer el bien entre sus semejantes sólo se puede esperar que sea declarado ¡santo súbito!
Dicen los que saben, y los que no, repiten, que hoy es sábado social; disfrútenlo pero no se excedan.

