No se pasan muchos días sin que usted se jacte en sus mañaneras, una y otra vez, de que “ya se acabó la corrupción”.
¿Es una broma, presidente? Porque hasta este momento, que sepamos, todavía no hay un solo funcionario sujeto a proceso y condenado en la cárcel. Y, perdóneme usted, pero por muy presidente que sea en éste momento, la corrupción no se acaba nada más porque usted lo diga, sino que se empezará a acabar, sólo cuando veamos en la cárcel a tantos funcionarios y ex funcionarios ricos, con grandes propiedades y depósitos en bancos del extranjero purgando pena de cárcel, antes, no. La aplicación rigurosa de la Ley y la conciencia del deber de un presidente, para hacer justicia, es la mejor fórmula para obligar a respetar escrupulosamente la ley a los que incurren en malversaciones, peculados o desvíos del presupuesto.
Tampoco sirve que tan solo usted dé el ejemplo. Siempre quedará un resquicio, un agujero por donde algún funcionario prevaricador encuentre la manera de enriquecerse, con tal de quedar impune. Y ese es el principal generador de la corrupción: la impunidad.
Y la impunidad presidente, solo la puede frenar y reducir una autoridad, como por ejemplo, la de usted, que ostenta el poder político, que jura al empezar su mandato, cumplir y hacer cumplir la Ley. No sirve de nada ser benévolo con los funcionarios transas. Ni invitarlos amablemente a que “se porten bien”. Recuerde usted presidente, el sabio refrán: “En arca abierta, el justo peca”.
Lo único que ya se acabó es el dinero, pero, ¿la corrupción? Ésa va muy bien. Mejor que antes. Los grandes desvíos de dinero por muchos miles de millones de pesos en la descarada “Estafa Maestra” del sexenio reciente, el último, el de Peña Nieto, eso no lo toca, como si no existiera, a pesar de la muy documentada denuncia de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, que da todos los datos, más que suficientes, para respaldar una muy sólida investigación que debería estar ya en curso desde hace buen rato, por parte de la FGN o la unidad de Inteligencia Financiera que encabeza Santiago Nieto. Pero tal parece que el presidente tiene un olvido sexenal, una especie de laguna, como si no existiera ese periodo oscuro de EPN en la historia de éste país.
Y curiosamente, sí atribuye al presidente anterior, Felipe Calderón, una serie de fallas o faltas, que nunca ha demostrado, no sé si por no tener ninguna prueba o porque se vería muy inverosímil un proceso contra ese presidente y no contra el que lo antecedió a usted. O sencillamente le ha faltado a usted valor para iniciarle una acusación sin tener fundamento jurídico.
La ineficacia en el gobierno, el mal uso de los recursos públicos, también es corrupción. Derrochar miles y miles de millones de pesos en sus proyectos descabellados, que no cuentan con el respaldo financiero y técnico que por ley son necesarios, como por ejemplo los estudios de impacto ambiental, para el Tren Maya, o la construcción de la refinería de Dos Bocas en terrenos muy próximos al nivel del mar, afectando la ecología de ese espacio, son sin lugar a dudas, corrupción pura y dura. Repartir cientos de millones de pesos cada mes en sus programas de apoyo a jóvenes y adultos mayores, que no se pueden auditar, eso es corrupción.
Dejar sin presupuesto las estancias infantiles y quitarles recursos para medicamentos a los niños con cáncer, y dedicar 3 mil millones de pesos al béisbol, eso entre otros nombres, se llama corrupción.
También lo es cancelar proyectos de inversión tan importantes como el de la cervecera Constellation Brands en Mexicali, o el nuevo aeropuerto de la Cd. De México, que le representó al erario nacional un despilfarro de 6 mil millones de dólares que hay que pagar a los inversionistas en bonos emitidos para su construcción, junto con los intereses respectivos. Y para ello, solo argumentó usted, que es porque había corrupción en los terrenos aledaños comprados por distintos particulares. Lo cual debió de haberlo denunciado conforme a su deber, pero no cancelar un proyecto que le daría al país una capacidad mucho mayor de servicios aéreos y una imagen internacional muy útil para atraer nuevas inversiones.
La ineptitud, como la negligencia en el servicio público, es otra forma de corrupción tan lesiva como puede ser las compras a precio inflado, el desvío de ingresos públicos o la concesión de contratos o privilegios a los amigos o compadres. La gestión de la crisis por la pandemia, es otra demostración de que este gobierno es tan inepto o ineficiente para aplicar tests (exámenes), como para adquirir los equipos o respiradores necesarios para salvar vidas o equipos de seguridad y uniformes para los médicos, enfermeras y ayudantes, que están dedicados a cuidar miles de pacientes que se encuentran internados en los hospitales en estos momentos.
Cierra los ojos cuando se trata de aplicar la Ley a personajes de su grupo político, que usan su posición para medrar con los respiradores que venden a precio inflado hasta en un 100% o más, como fue el caso de la transa del hijo del director de la CFE, Manuel Bartlet, que afortunadamente fue descubierta a tiempo por algún representante de la prensa, obligando al gobierno a dar marcha atrás y a devolver los equipos. Aún así, habría que investigar si, ya que se asentó el polvo del escándalo, volvieron con otro medio para salirse con la suya. Y ya no menciono, por espacio, las grandes compras sin licitar.
No, presidente. No siga mintiendo. La corrupción no se ha acabado. Continúa a todo vapor.
Alfredo Lujambio R.

