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Hace meses venimos discutiendo los temas que recordarán ustedes, y para nadie resulta fácil dejarlos. El tiempo sigue y los ganadores de la elección se ven abrumados por la crudeza del mundo real… Esto sería, pues, una derivación de lo anterior y el comienzo de lo que viene.
En fin, resalta ya la tendencia del virtual Presidente a no cumplir algunas promesas de campaña. Creo que lo más raro y peligroso vendría a ser que acatara todo ello, pero se empiezan a quejar sus más exigentes seguidores y es criticado por ciertos adversarios a fin de exhibirlo.
En la campaña presidencial veía yo preferible que el puntero no cumpliera sus ofertas más cuestionables que podrían resultar contraproducentes. Sin considerar la realidad, los candidatos buscan atraer votantes aunque algunos deseos y ocurrencias difícilmente se convierten en hechos. Para los que pierden la elección… no hay mayor problema.
Bien. He mencionado aquí cuatro grandes temas y, a reserva de ampliarlos en otros artículos, esbozo ahora ciertos rasgos básicos que el nuevo gobierno podrá tener en cuenta si no quiere fracasar en su compleja gestión.
I. LA ECONOMÍA.- Es algo demasiado serio para dejarlo en manos de demagogos o de quienes no tienen mucha idea ya sean economistas o no, pues demanda una atención profesional y cuidadosa.
Me parece que esto lo entiende muy bien nuestro próximo presidente, tal como lo comprendieron sus antecesores a partir de 1982 con De la Madrid en la profunda crisis económica detonada por el populismo de los dos sexenios previos. En 1973 Echeverría había dicho “la economía se maneja desde Los Pinos”, poco antes de designar Secretario de Hacienda a López Portillo.
Destacan aquí los temas de modelo económico, política fiscal y monetaria (las ubica mejor), autonomía del Banco de México (buscará que impulse el crecimiento), libre comercio (una incógnita), autosuficiencia alimentaria (verá que no tiene sentido), reducción de precios de energéticos (tendrá que elevarlos) o congelación de impuestos (hasta donde se pueda).
No hay duda. Vamos a tener un gobierno más intervencionista que va a tratar de cumplir sus principales propósitos, pero habrá de confirmar que algunos de ellos son dañinos o imposibles.
II. LA EDUCACIÓN.- Viene a ser crucial si queremos resolver graves problemas en muchas áreas. Sin eficacia o calidad en su enfoque y operación, no vendrá un buen futuro para los gobernados ni para los gobernantes democráticos.
De tal modo, la necesidad de mejorar los sistemas educativos nos rebasa y afecta a todos, con diversas facetas de naturaleza política. Pero, ojo, la evaluación debe servir para incentivar a los maestros, no para castigarlos con la pérdida de conquistas y derechos laborales. Así de sencillo.
Si se abroga la reforma en proceso, una nueva legislación podrá incluir algunos elementos similares que se nutren de las experiencias positivas y negativas de décadas anteriores en la materia. Desde hace años, digamos, hemos avanzado bastante en la construcción de un modelo educativo.
Para que sea factible, la educación en México tiene que tomar en cuenta factores políticos pero sin rendirse ante la política. Lo pedagógico deberá prevalecer con el objetivo fundamental de elevar la efectividad del sistema educativo… empezando por nuestros niños.
III. LA CORRUPCIÓN.- Resulta compleja y difícil de reducir en forma significativa… Con empuje y astucia, sí se puede revertir pero nunca podrá desaparecer del todo (erradicar o extirpar, según los discursos). Tal como ha señalado por años este escribidor, se precisa voluntad política y “predicar con el ejemplo” a partir del liderazgo más elevado del país.
Desde Ruiz Cortines AMLO será el primer presidente que cumpla estos dos requisitos, aunque se trata de condiciones necesarias pero insuficientes. Si bien son cruciales para lo demás, no dejan de requerir estrategias y acciones específicas en cuanto a incentivos y factores que favorecen o se oponen a la corrupción, incluida la lucha contra la impunidad.
No es indispensable ir tan lejos ni volver a los discursos. Un evidente ejemplo de desviaciones y triangulaciones de dinero fue el de un fondo que estableció Morena “para apoyo a damnificados” de los sismos de septiembre. En lugar de esto, los recursos se utilizaron en “un entramado de simulación y fraude” para financiar la campaña presidencial de quien creó el fideicomiso.
Hay, por aquí, una lección que “la mafia en el poder” le puede dar a los morenistas, con el Fideicomiso ´Fuerza México’ del sector privado para esos mismos fines… En éste no sólo se tuvo transparencia en el manejo de las aportaciones, sino en la precisión de viviendas, escuelas, clínicas o instalaciones reconstruidas, al igual que de personas beneficiadas.
En aquel caso el INE determinó delitos con las sanciones respectivas, lo cual nos confirma que no son tan “buenos” los que llegan ni tan “malos” los que se van. Y tampoco lo serían los “adversarios” de empresas privadas que el ganador ha denostado.
IV. LA POBREZA.- Es una auténtica desgracia nacional cuyo abatimiento requiere un sistema educativo mucho más eficaz, así como un mayor crecimiento económico que genere riqueza, productividad y empleos mejor remunerados, con otras políticas públicas que aseguren una distribución más equilibrada sin afectar la inversión privada.
Aparte de los apoyos básicos en casos de pobreza extrema y alta vulnerabilidad, no es cuestión de dádivas asistencialistas sino de asignar recursos monetarios con compromisos educativos o laborales. Lo esencial es jalar a los pobres a niveles superiores de ingreso, no hundirlos con errores en una mayor pobreza… Es cosa de crear riqueza, no pobreza, y distribuirla mejor cada día para reducir la desigualdad.
Coincido en que esta elección ha sido un triunfo de la democracia, pero hay quienes hablan de “un triunfo de la pobreza y la ignorancia” porque numerosos pobres habrían influido en el abrumador resultado. Miren, se trata de nuestra democracia con la estructura poblacional que viene de los sexenios anteriores.
En suma, al avanzar la economía y la educación, y al disminuir la pobreza y la corrupción, el populismo puede perder votos pero los gobernantes van a estar más satisfechos… igual que sus gobernados y, bueno, los historiadores. También, claro, le irá más bien al país.
Lo que queda se vuelve el inicio, y éste podrá ser el principio del final. Con todo, oigan, espero que sea para bien de México.

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