Soledades

Esta es, tal vez, la columna que yo escriba que menor número de personas lea, pues el destino ha querido que vea la luz en un entorno complejo. Sitúese conmigo a primera hora del lunes en que debe aparecer el periódico.
En primer término, el domingo pasado, esto es, ayer, se llevaron a cabo las elecciones que tanto nos han tenido en vilo desde las precampañas, intercampañas, campañas y demás yerbas. Se votó por Presidente de la república, Senadores, Diputados federales, Diputados locales, Ayuntamientos y solo Dios sabe que más.
Se dijeron tantas cosas durante este proceso electoral, algunas tan alarmantes, que realmente no sé si, al llegar este texto a las páginas impresas, ya comenzó el Armagedón, la tierra se abrió, el cielo arde y los jinetes apocalípticos campean por el territorio nacional o bien nos hemos transformado y ayer domingo nos acostamos siendo mexicanos y amanecimos siendo algo así como daneses, suizos o noruegos, con un país que se perfeccionó y convirtió en ideal mientras dormíamos. Igual y hasta hay largas filas en las fronteras tratando de salir del país para poner a salvo sus manos, marcadas para el corte inminente.
Si acaso nada de eso está pasando y tuvimos una elección como muchas otras, es decir, cuestionada y etiquetada como las más sucias de todos los tiempos, con proclamaciones de triunfo de todos los candidatos de todos los partidos (en México, nadie pierde, todos ganan y, si no, de seguro fue un fraude), entonces quiere decir que todo transitará como siempre: seguiremos teniendo por delante la sombra de la ilegitimidad; es decir, lo que se dice en todos los procesos electorales anteriores.
Pero, además, esta columna sale en la edición de un lunes en el que México juega contra Brasil a las nueve de la mañana. Poca esperanza hay de que alguien lea el periódico antes del partido mundialista donde la fe deportiva en la selección se habrá posesionado de la nación entera, por lo que, ¿para que contaminarse con realidad, si podemos imaginar cosas “chingonas” (chicharito dixit).
De nueve a once de la mañana el país tendrá algo así como una especie de laguna en el tiempo, pues la atención se centrará en que, por esta ocasión, no nos alcance el “ya merito” y se borre definitivamente la frase de “jugamos como nunca y perdimos como siempre”. Como esta columna la escribo el domingo por la mañana, mal haría en aventurar un presagio, aunque sí puedo afirmar que, durante ese lapso, el universo entero pasará a segundo término, incluido este texto.
Si México gana y elimina a Brasil, será tal la euforia que, en medio de festejos y celebraciones, nadie va a voltear a ver un artículo de opinión de aquí su servidor; si pierde, en medio de la depresión y el enojo, menos.
Por eso, cuando me decidí a elaborar mi colaboración semanal, en esta ocasión no pude menos que acordarme del enorme poeta, grande entre los gigantes, Lope de Vega, que muy bien pinta la sensación que tiene quien esto escribe, con mezcla de elección y selección: “A mis soledades voy, de mis soledades vengo, porque para andar conmigo me bastan los pensamientos.”
Sin embargo, si ha llegado alguien hasta este punto, agradezco la atención y prometo solemnemente que, la próxima semana, esto volverá a la normalidad.
De despedida y, ya que citamos al Fénix de los Ingenios, de aquel lejano siglo XVI tomo del Libro de Cocina de Ruperto de Nola una receta de un vino llamado Ypocrás que, lo garantizo, vale la pena probar. ¿La razón para incluirla? Ninguna sino solo poder decir que, en este espacio, hasta de cocina he escrito.
Va la receta: “Canela cinco partes, clavos tres partes, jengibre una parte. La mitad del vino ha de ser blanco y la mitad tinto. Y para una azumbre seis onzas de azúcar, mezclarlo todo y echarlo en una ollica vidriada. Y darle un hervor, cuando alce el hervor no más, y colarlo por tu manga tantas veces hasta que salga claro”-
Puede tomarse frío o caliente.

@jchessal