Super potosina
No sé si se ha dado cuenta ustedes en estos años, pero yo soy super, super potosina, lo que sea que esto signifique para usted, porque a veces utilizamos la expresión de manera peyorativa y otras, como un fuerte escudo de identidad. Yo soy mega potosina en ambas connotaciones. Me encanta el estado donde vivo, reconozco sus riquezas todas y estoy muy agradecida porque es el lugar que me ha dado familia, amigos, trabajo, casa. Pero también, como buena potosina, critico este bendito lugar como sólo los locales sabemos hacerlo, aplico con maestría el potosinazo, hablo cantadito y de vez en cuando, digo "boooofo." No mucho, la verdad, porque me parece cacofónico.
El lugar donde uno nace y donde uno vive, se vuelve fuente de amor que bien puede girar hacia la crítica descarnada en cosa de segundos, como si una fuera bipolar. Sin embargo, este fenómeno no es exclusivo de quienes habitamos el estado del perrito: es un asunto bastante común que incluso se ha englobado en la Teoría de Identidad Social (Tajfe y Turner, 1979) que tiene dos implicaciones. La primera es el reconocimiento por formar parte de un grupo (endogrupo), por lo que reconocemos los fallos de nuestra comunidad, pero la crítica de alguien externo (exogrupo) se percibe como una amenaza a la identidad colectiva, así que inmediatamente saltamos para defender a nuestro equipo. Esto lleva a la segunda implicación, que es la paradoja de la crítica, donde nos sentimos con derecho moral para criticar porque formamos parte también de una frustración compartida por los miembros de nuestra comunidad: nosotros gozamos, nosotros sufrimos, nosotros criticamos, nadie más.
Sumado a esto, tenemos el natural apego al lugar (Low y Altman, 1992), lo cual implica que creamos una relación con el espacio donde hacemos una vida que es integral, es decir, no nada mas generamos sentimientos positivos hacia nuestra casa, sino también cosas que no son agradables y que se vuelven en una extensión de nosotros mismos, que también nos asumimos como seres integrales, con cosas buenas y cosas malas. Así cuando alguien critica nuestro lugar, en este caso San Luis, lo percibimos como una crítica a nosotros mismos y por eso defendemos el lugar, porque sentimos que nos están criticando de manera personal, no a un espacio. Podemos criticar nosotros porque decimos que tenemos "conocimiento de causa", pero otros no, porque lo suyo carece de legitimidad.
Estaba pensando en eso mientras esperábamos en una fila abundante en estos días mientras estábamos turisteando en la Huasteca (¡qué bonita es la Huasteca, caramba!) y un grupo de foráneos que dijeron su lugar de origen pero que no voy a decirlo porque no quiero crear malas ondas, criticaron (y cito textualmente) " lo pinche de la infraestructura turística de San Luis" y un grupo de paisanos se les fueron a la yugular y les dijeron que si no les gustaba que se regresaron al hoyo mugroso de donde habían salido y bueno, los foráneos se echaron para atrás y acabaron todos muy contentos haciendo migas frente a una Tecate bien fría. Lo chistoso es que yo acababa de escuchar al grupo de potosinos criticando lo mismito, nomás que con el derecho irrefutable que da haber nacido en este bonito estado con forma de perrito.
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Quizá así es como equilibramos nuestro sistema inmunológico social: autocriticándonos hacia adentro como cuando sufrimos alguna infección y el cuerpo provoca fiebre para controlarnos y sanar, y defendiéndonos de los externos para tratar de preservar el tejido social. Nomás no exageremos, ni de un lado, ni del otro. Y sigamos siendo potosinos, bien potosinos.




