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Tatuajes

Por Marta Ocaña

Enero 25, 2023 03:00 a.m.

A

Que levante la mano el que no ha pensado alguna vez en hacerse un tatuaje… quizá muchos y quizá no todos y no tan viejos como mi compadre, quien lleva 25 o 30 en sus últimos 5 años y quizá va por más. Hay jóvenes que los repudian, abuelas que se emocionan con la idea, otras que dejan de hablar con sus nietos por algunos minutos o días por haberse atrevido, pero van siendo cada vez más quienes se sienten tentados a la marca de por vida que deja un tatuaje.

Traigo el tema a este papel electrónico porque inspirada por mis amigas de la universidad, ésa que dejamos hace casi 40 años o más, yo abuela y ellas mujeres maduras pero modernas de espíritu, han convenido que nos hagamos uno de estos. Uno que refleje “nuestra unión” y por ahí también nuestras desuniones y como una forma de decirnos que nos queremos hasta la muerte: pase lo que pase. “Demasiado romántico o pasado de moda” -dirán algunos- para señoras de la tercera edad que pronto solicitarán su apoyo de “adultos reconstruyendo un pasado”, aprovechando la generosidad del jefe mayor que en su laberinto ideológico inventa una y mil maneras de gastar, comprando votos a futuro, algunos nada seguros. En fin

La otra razón para hablar de los tatuajes es porque con este dilema moral que me acojona el cerebro, me puse a leer y a encontrar; y he visto -en letraslibres.com que hay una exposición en el Caixaforum de Zaragoza (en la madre patria) prevista con mesas redondas, charlas y una noche de tatuaje. Lo cual me ha parecido fenomenal para proyectar lo que traigo entre miras y resaltar que me ha parecido fenomenal el título del artículo, “Tatuajes: el recuerdo de un pasado” ahora que estoy aquí, haciéndome especialista en esta melancólica -pero no triste- manía de atesorar el pasado, sin demeritar mi presente y quizá un ya no tan largo futuro…de nuevo: en fin.

Si los tatuajes son tema para una exposición de estos vuelos – “Tattoo. Arte bajo la piel”, dando materia para días y días de miradas y visitantes además de foros, charlas y puestas en escena, quizá no deba sentirme tan culpable por dejarme querer llevar por esta idea loca que se asoció en principio con hombres de dudosa conducta, marineros mujeriegos, presidiarios, féminas ligeras, fortachones de gimnasio, muchachillos rebeldes y algunos miembros de sectas, asociaciones secretas con fines sospechosos. No se diga aquella en la que se vieron involucrados personajes de la vida política de nuestros expresidentes y sus pandillas.

Y para que no digan que esto es un plagio de la revista Letras Libres (que parece que próximamente se legitimará gracias a Morena y al Presi), al final les dejo la referencia electrónica para que se enteren un poco de la historia del tatuaje. Para que profundicen en el origen de la palabra y en los primeros indicios de esta práctica que, según el texto, datan de hace cinco mil años, en un hombre que mostraba signos de 61 marcas diferentes en su cuerpo. 

El día de hoy, tatuarse no es exclusivo de estos grupos entonces mal vistos por su comportamiento. Jóvenes, viejos, mujeres refinadas, actores y actrices, rockeros, tenores o elementos de cualquier clasificación humana, llevan tatuajes que muestran con orgullo y que ya no esconden bajo el cuello de la camisa, el pantalón o el bikini.  En fin otra vez…

Me gusta que se abra, aunque lejos de este país, tener un espacio de observación, análisis y conversación sobre una práctica que ha dado que hablar en las primeras décadas de este siglo, con la oportunidad de estudiar o simplemente informarnos de los significados del tatuaje en diferentes momentos y culturas y el fenómeno actual y el motor que lo impulsa: ¿moda o cultura o ambas y qué más?

En este ritual individual pero que invita a la pertenencia de un colectivo privado, los seres humanos nos hermanamos con algo o con alguien. Nos comprometemos a recordar o a conservar algo que existe como un vínculo muy íntimo a la vez que de alguien más, porque cobra sentido por el otro. “Algo muy loco” como dice una de las entrevistadas para el artículo…en fin, también los hay quienes lo hacen solo para sentirnos más bellas, más interesantes, menos del montón qué sé yo. 

A mí como al autor, me detiene el dolor que pueda sentir y la posibilidad de que no me vaya a gustar, así como el qué dirán…en fin ya veremos si llego a ese momento que entro tiempo no vi tan “adecuado”.

https://letraslibres.com/cultura/tatuajes-el-recuerdo-de-un-pasado/