La moral siempre pertenece al reino de la libertad, no del control
Fernando Sabater
“Le faltan 5 años al gobierno actual. Todavía es tiempo para corregir, para cambiar el rumbo, pero los sucesos de su primer año de gobierno sugieren que no habrá cambios. AMLO reacciona mal cuando lo contradicen o lo critican y con un escenario económico y social más adverso, no reaccionará mejor. Debe aceptar que su misión redentora puede estar equivocada y modificar todo lo necesario para mejorar al país, en lugar de buscar culpables dudosos -la mafia del poder- para sus fracasos.” The New York Times
Los disparates y las mentiras de AMLO en sus peroratas a cualquier hora del día y en cualquier lugar, no corresponden a un gobernante, que se respete a sí mismo y que respete a sus gobernados. Se pasa horas cada mañana, repartiendo alevosamente descalificaciones y adjetivos y es observado no solo por los mexicanos, sino por los medios y los ciudadanos y gobernantes de otras latitudes, que ven con asombro y pasmo su actuación desatinada y sus juicios sumarios a los que lo critican. Al mismo tiempo, los mexicanos, son víctimas constantes del crimen que crece cada día ante la omisión presidencial.
Decir que a los peores delincuentes hay que enfrentarles con un “fuchi” o un “guácala”, que los va a acusar con su abuelita o que les va a dar abrazos en lugar de balazos, para que dejen de delinquir; o para que “se porten bien”, en lugar de perseguirlos, atraparlos y someterlos a lo que ordena la Ley, y añadir, que ellos, los que matan, asesinan, roban y extorsionan, “también son pueblo”, en los hechos, se vuelve una complicidad y una afrenta a los mexicanos. El grave desdén presidencial hacia los miles de víctimas, raya en la demencia. Equivale a ponerse de su lado, es una verdadera traición a todos los mexicanos en su conjunto, pero sobre todo a los familiares de quienes han perdido, un hijo, un padre, a un familiar o a un amigo.
Al mismo tiempo que asesinan o violan o roban a cientos de mexicanos cada día, el presidente no se pronuncia ni actúa contra los criminales de hoy. Se pronuncia en contra de Hernán Cortés, si, ése, el conquistador de México, por ser según él, el inventor de los moches, que hace 500 años, fue el que introdujo la corrupción. Se da tiempo para asistir a un partido de beisbol tomar un avión al sureste del país para inaugurar una pequeña obra casi al mismo momento en que los criminales cometen los actos de barbarie más salvajes e inauditos que nadie podría pensar siquiera, como fue la tragedia, después de Culiacán, del asesinato de 12 criaturas y mujeres indefensas, miembros de la familia LeBarón, en los linderos de Sonora y Chihuahua.
Tenemos un presidente enajenado, fuera de la realidad, que quiere que sea ésta la que se ajuste a su voluntad, a su capricho y su 4T, se reducirá entonces, a más de lo mismo: el México doliente, doloroso, heredado del PRI. La 4T, será otro triste episodio de la historia de derramamiento de sangre que aflige a esta nación.
El presidente le debe al país respuestas económicas, políticas y sociales. El desempeño económico ha sido un fracaso. La 4T es un compendio de promesas grandilocuentes. No hay renovación política, sino profundización de vicios antiguos de la política “a la mexicana”-verticalismo, caudillismo y autoritarismo. Está importando el populismo que socava a otras naciones, la concentración enfermiza del poder y la vulneración gravísima del principio constitucional de la División de Poderes.
Después de un año en el poder el nuevo régimen de la llamada 4T, asemeja solo la improvisación y la patología de un líder mesiánico que dice que su plan de gobierno sería el fin del neoliberalismo, de la violencia y de la corrupción, que cree que su llamada Guardia Nacional, que es solo una extensión más del ejército, impondrían la paz en el país, después del fracaso de los gobiernos anteriores. Se acabarían los privilegios y el influyentismo. La economía crecería al igual o más, que la de China. Pero nada de eso ha ocurrido y dice que el pueblo está feliz, feliz, feliz, porque “él tiene otros datos”.
Pero México, está hoy peor que antes de su 4T. Hoy hay más violencia, más homicidios y más feminicidios. En el 2019 (INEGI) han muerto asesinadas 11 mujeres CADA DIA. La Economía está casi parada y su política internacional, parece una vacilada. Donald Trump ganó la negociación del Nuevo Tratado Comercial y obtuvo con facilidad que México PAGUE EL MURO EN LA FRONTERA, convirtiéndose en “SU MIGRA” (Policía fronteriza), a costillas de México.
Muchos de los que votaron por AMLO han ido descubriendo que no era el gobernante progresista social que creían sino un político anticuado, sin un plan de gobierno definido y claro, que se ha dedicado a despilfarrar los recursos de los mexicanos en programas que diciendo ser de tipo social, no crean riqueza, sino que más bien la extinguen. Se sigue rodeando de una élite (Carlos Slim) económica complaciente que halaga su ego y obtiene contratos y negocios muy cuantiosos, sin la licitación que exige la Ley, peor aún que en tiempos del PRI o del PAN.
La semejanza con el pasado, es aún más cínica ahora, pues la 4T se presentó ante el electorado como sangre nueva, el cambio necesario. Pero cada vez que se le señalan sus errores y pifias, AMLO se ha mostrado tan soberbio e intransigente como para pretender que todos crean que su fantasía es la verdad. Recela de las Instituciones porque siguen protocolos y no su voluntad.
Diego Fonseca, columnista del New York Times que vive en Barcelona, escribió hace pocos días:
“Sería buena idea dejar de alimentar el culto al líder. Sus mítines por todo el país tienen el objetivo de amalgamar el amor al jefe y sus conferencias matutinas -las mañanera-, pretenden definir la agenda del día. Sería acertado recordarle a AMLO que los movimientos hegemonistas han costado caro a América Latina. No pocos confundieron el combate a la pobreza con la creación de un ejército de ciudadanos pagados con clientelismo. O que gobernar se resumía a ganar elecciones y controlar a los críticos y no al ejercicio democrático de la función pública”.
Añade: “Ha activado un modelo personalista de gestión de estado ineficiente para la toma de decisiones y riesgoso para la construcción democrática, pero eficaz para la propaganda sectaria. Más que de acciones, el gobierno de AMLO ha sido de retórica. Amor, felicidad, bondad, para sus seguidores, y hostigamiento para los demás. Desmerece a la oposición política -fifís-, acalla las críticas -la prensa debe portarse bien-, y busca anular a la sociedad civil independiente, que dice “es una fuerza conservadora”.
¿Qué le parece éste señor Fonseca, estimado lector? Creo que ¡Muy certero! ¿O no?
lujambio06@hotmail.com

