¡Pobre México! ¡Cómo duele! Los escenarios de horror por la violencia de los grupos delictivos, que cada día nos informan los medios de comunicación, cada vez tienden a ser más sangrientos, más crueles, más espeluznantes. Y más frecuentes. También más audaces, más atrevidos, más inhumanos. No importa sacrificar vidas inocentes. Hasta parecería que saben que no tendrán que sufrir consecuencias, por contar con algún padrino secreto y poderoso que de alguna manera les aseguran la impunidad. ¿Qué se necesita para detener esta ola de sangre? ¿Qué se requiere para que este presidente se ponga a trabajar y a cumplir su deber de proteger a los mexicanos de los embates del hampa violenta?
El día de ayer, la página 3 de la sección principal de nuestro diario PULSO, describe de manera cruda el asesinato de 24 personas en el municipio de Irapuato, Gto., éste miércoles, “cuando varios hombres armados llegaron a un centro de rehabilitación en esa ciudad, obligaron a más de 30 personas ahí presentes a tirarse al suelo y les dispararon alevosamente”. El secretario de seguridad de esa ciudad, Pedro Cortés Zavala, indicó que “el saldo preliminar del ataque fue de 24 personas muertas y siete heridas.” Pero no da ninguna otra explicación. ¿Por qué tanta saña? ¿Por qué contra personas enfermas o en tratamiento?
En ese mismo municipio guanajuatense, han estado ocurriendo desde hace bastantes meses, varios otros episodios de violencia similar, como el del 4 de diciembre pasado, en el que un comando armado ingresó a uno de estos establecimientos y secuestraron a 25 personas internadas, a lo cual ha continuado una serie de episodios igualmente trágicos y sangrientos, que han convertido a Irapuato en una de las cinco ciudades más peligrosas del mundo, de acuerdo con el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública.
El tiempo pasa, y la aspiración que alentaba el presidente MALO de llegar a ser uno de los mejores presidentes de la historia, según su decir en varias ocasiones, se ha agotado, si es que alguna vez llegó a tener ese propósito. Es que son tantos los fracasos, los errores y los disparates que ha cometido, que más bien se encamina, a dos años de su triunfo electoral, a ser, sin duda, uno de los peores, si no es que el peor de la historia, con mucho. Es un hecho ya inocultable, que muchos de quienes le dieron su voto con la esperanza de que cumpliera su promesa de combatir la inseguridad y mejorar la economía y el empleo, ya le retiraron su respaldo.
El gobierno del Cuatrote, en verdad, acumula fracasos y enormes errores, que están causando a los mexicanos gran sufrimiento y frustración en términos de vidas humanas, de progreso económico y de amenaza creciente a su vida y a sus bienes, ya no solo de los que están dedicados a delinquir, sino a los de pacíficas personas que están dedicadas a su trabajo y al cumplimiento de sus deberes hacia sus familias. En el lugar menos esperado cualquiera puede caer víctima de la violencia salvaje de los sicarios, que sin el mínimo sentimiento de piedad ni compasión, utilizan su poderoso armamento, en cualquier lugar y hora sin el menor escrúpulo para arrebatar la vida de inocentes, como ocurrió con la ciudadana que, temprano, a las 6:30 am de hace 8 días, se dirigía a su trabajo, pasando, para su desgracia y el pesar de todo el país, por en medio de la feroz balacera desatada para intentar matar al jefe policíaco.
La respuesta presidencial al furioso y violentísimo atentado que sufrió el viernes pasado, el jefe de policía de la Ciudad de México, Omar García Harfuch, que es en realidad un ataque a todo el estado mexicano y a la ciudadanía, no hace otra cosa que exhibir por enésima ocasión, su tozudez, su necedad, al no querer reconocer su patética y fatídica estrategia para el combate al crímen, de considerar a los más violentos criminales como “seres humanos que merecen respeto”. Tampoco reconoció que su triste y cobarde frase de dar abrazos, en lugar de balazos a los desalmados sicarios, es un disparate monumental y motivo de burlas para ellos y de vergüenza y miedo para nosotros los ciudadanos, que no tenemos quien nos defienda.
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La pandemia es real, muy peligrosa y contagiosa. De eso no se duda. Pero hay voces de científicos muy serios y competentes, como el mexicano Dr. Julio Frenk Mora, Secretario de Salud, en tiempos del presidente Fox, y actual Rector de la Universidad de Miami, que en entrevista televisiva reciente, asegura que la estrategia empleada por el gobierno de México, está muy errada porque se orientó a asegurar un número suficiente de camas y respiradores, en lugar de evitar o disminuir sustancialmente los contagios, practicando un número adecuado de pruebas, para así poder detectar con precisión los posibles contagios y atenderlos con toda oportunidad, como lo han hecho los países que sí han aplicado pruebas en número suficiente. ASÍ SE PUDO HABER EVITADO UNA CUARENTENA INNECESARIA DE LA ENORME MAYORÍA DE PERSONAS SANAS, REDUCIENDO EL TREMENDO IMPACTO ECONÓMICO QUE ESTAMOS EMPEZANDO YA A PADECER.
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