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8M, el corazón también toma nota

Reporteras, fotógrafas, editoras, las otras protagonistas de la marcha

Por Ana Paula Vázquez PULSO

Marzo 09, 2026 03:00 a.m.

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Cada 8 de marzo, cuando miles de mujeres toman las calles, hay otras que avanzan entre la multitud con mochilas al hombro, cámaras colgadas al cuello y el teléfono listo para grabar y escribir. Son reporteras, fotógrafas, y editoras que documentan la movilización, de forma presencial y virtual, para que lo que sucede en la calle no se pierda cuando el día termina. Desde otra trinchera, también luchan con y por un periodismo más sensible, más digno y más justo.

Este año fue mi tercera cobertura del Día Internacional de la Mujer. Aunque mi recorrido en el periodismo es corto en comparación con el de muchas compañeras, los nervios y la emoción siguen ahí y quizá nunca desaparezcan del todo. El oficio exige observar, preguntar y registrar, pero cada vez resulta más claro que, para muchas periodistas, cubrir esta jornada también significa atravesarla desde un lugar personal.

La jornada comenzó y el color morado pronto se extendió entre pancartas y pañuelos. Las consignas resonaban entre los edificios, mezcladas con cantos, testimonios y una energía que lo envuelve todo. Es imposible no conmoverse: en la marcha conviven las historias de niñas, jóvenes y mujeres que quizá participan por primera vez, con los rostros de quienes regresan cada año porque la violencia sistemática sigue atravesando sus vidas.

Para muchas —si no es que para todas— las reporteras que cubrimos la marcha, el significado es doble. Mientras escuchamos testimonios sobre violencia e injusticia, reconocemos que esas experiencias no nos son ajenas. Hay momentos en que la distancia profesional se vuelve frágil: cuando una madre habla de su hija desaparecida o asesinada, o cuando una joven reúne valor para contar su historia. Entonces, por un instante, el corazón también toma nota.

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En este y otros andares no estuve sola. Estuve con los rostros de amigas y compañeras con quienes coincido en las coberturas diarias; aquellas con las que comparto la presión de la entrega, pero también las risas y el refugio de la compañía cuando algo se complica. Desi, Estrella, Fer, Jaz, Mariana, María, Juanita, Angie, Damaris, Majo, Dani y Magui forman parte de esas redacciones locales que, todos los días, sostienen el periodismo y el fotoperiodismo en la ciudad.

Entre el movimiento de los contingentes, cada una estaba concentrada en su tarea: conseguir la entrevista, encontrar la imagen, transmitir en vivo. A veces pasaban varios minutos sin vernos entre la multitud, pero bastaba cruzar una mirada para comprobar que todas estábamos bien, para seguir avanzando juntas. 

Al concluir la jornada, las que pudimos nos reunimos para intercambiar información y hablar sobre lo sucedido. Entre risas y reflexiones, vivimos el 8M como aliadas, no solo en la cobertura, sino también en el camino compartido como mujeres que trabajan y disfrutan su oficio. Porque, cuando se recorre acompañada, la jornada pesa un poco menos.

Cuando cayó la noche y las redacciones esperaban la nota final, entendí que la marcha no solo había dejado imágenes y 

testimonios de quienes salieron a las calles. También dejó aprendizajes y una conciencia más profunda sobre el papel del periodismo con perspectiva de género en la construcción de memoria y en la exigencia de justicia. Porque las periodistas no solo narran la historia: muchas veces también la caminan.